Un mundo para Amazon

Por: | 11 de septiembre de 2012

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Amazon y dos tragos amargos. Fuente: MJ/TR

Dos noticias recientes aparecidas en El País, que tienen que ver con la tienda virtual de libros más importante del mundo, Amazon, me han llamado la atención porque las considero señales de cómo el internet y la interactividad está modificando la forma de entender la literatura.

La primera se trata del descubrimiento -porque se trata de eso, algo que se supone que todos debíamos saber pero de lo que no nos habíamos enterado por no leer "las letras pequeñas"- de que al comprar un libro en Amazon estamos adquiriendo no un bien sino un permiso para usarlo. Eso quiere decir que prestar un libro electrónico o incluso heredarlo constituye un delito. Además, lo que resulta casi una pesadilla de ciencia ficción, Amazon tiene la forma de ingresar en tu aparato electrónico y llevarse el libro que adquiriste, como ya ha ocurrido en un caso anterior. Todo está explicado en esta nota de Daniel Verdú.

Mi padre no era un gran lector pero sí un gran coleccionista de libros. Pude leer su biblioteca de joven y ahora la he heredado. Hace una semana, con un grupo de amigos conversábamos sobre aquellas joyas que encontramos en las bibliotecas familiares. No solo estupendos libros sino grandes traducciones. Nunca me iba a imaginar que un día heredar un libro pudiera ser considerado un delito; Amazon ha redifinido la frase "lo que se hereda no se hurta" y nos convierte en potenciales delincuentes ¿Qué es lo que debemos hacer ahora? ¿Dar de baja a nuestros familiares muertos para que Amazon se lleve los libros almacenados en su Kindle? ¿Y cuál es el criterio por el que existe esa regla? ¿Por qué comprar un libro impreso sí es comprar un bien y uno electrónico es solo adquirir un derecho de uso? Ninguna respuesta. Como muchas cosas en el mundo virtual, las reglas son así y no hay más que decir. Las personas que ingresamos a la virtualidad esperando que se respeten, por analogía, las reglas éticas del mundo real nos vemos una y otra vez equivocados. Lo único cierto es que este tipo de reglas arbitrarias solo conseguirán asustar al lector dispuesto a cambiarse al mundo electrónico, o lanzarlo a la piratería sin remedio.

El otro tema es el que Virginia Collera, en el blog Papeles Perdidos, comenta según informaciones en The Guardian y The Telegraph. Se trata del escritor de novelas policiales R.J. Ellory, quien firmó bajo seudónimos reseñas muy positivas de sus novelas, y negativas contra novelas de sus "enemigos" literarios. La historia no es nueva, muchos autores han usado antes seudónimos para alabarse a sí mismos y, sobre todo, para hundir a los demás, pero ese acto resultaba infantil, frívolo incluso, y nada dañino. ¿Por qué entonces lo que ha hecho por Ellory ha concluido en un escándalo con decenas de escritores (entre ellos algunos super ventas como Michael Connelly y Jo Nesbo) condenándolo en una carta abierta a The Telegraph?

Pues porque las reseñas que escribía Ellory con seudónimo las colgaba en Amazon. ¿Y eso qué significa? Pues las reseñas de Amazon no son inocentes. Amazon se guía de esas reseñas para posicionar los libros, para recomendarlos a sus lectores, para venderlos mejor. Un libro con buenas reseñas-Amazon, incluso si no las ha obtenido por otros medios, puede terminar convertido en un bestseller merced a un algoritmo. Debe entenderse, como lo comenté en un post anterior, que detrás de las recomendaciones de Amazon no existen libreros ni críticos literarios, sino lectores (y muchas veces, como se deduce del caso Ellory, agentes de publicidad, editores inescrupulosos y los propios autores) que poco o nada saben de libros y se dejan guiar por el gusto.

Al parecer, "democratizar" la venta de libros al estilo Amazon en vez de traer beneficios implica líos. No sirve de nada conseguir a precios más baratos, y de manera más rápida, libros on-line desde cualquier parte del mundo (rompiendo con el elitismo de los libros impresos, que solo se consiguen viajando y llenando las maletas de sobrepeso) si lo que adquirimos no es el libro sino solo su derecho de uso. Y por otro lado, darle a los lectores la posibilidad democrática de opinar sobre un libro en poco ayuda al proceso creativo pues crea la generación I LIKE, es decir, cada vez hay más personas dispuestas a demostrar su empatía con un libro o un autor, pero no tiene ninguna capacidad crítica para justificar con argumentos esa simpatía. Le basta un RT o un clic en "me gusta" y es suficiente. Y los autores aprenden que esos clics son más poderosos que una reseña positiva y los buscan como sea (cuando no los compran en agencias que se encargan de eso, los provocan ellos mismos como Ellory). Como daño colateral, cada vez hay menos revistas especializadas y menos críticas serias. Ahora, los críticos son vistos como aguafiestas o eruditos que se creen mejor que un lector anónimo por el "simple" hecho de haber estudiado. Y en realidad en el mundo virtual da lo mismo pues una crítica bien razonada tiene el mismo valor -en el mejor de los casos- para Amazon que cualquier "me gusta" o reseña sin mayor argumento. 

No nos debe sorprender, pues, que los especialistas, los críticos literarios serios y con nombre propio (es decir, con un prestigio que deben mantener) sean considerados "pedantes", "apestados" y ridiculizados en el mundo del Twitter o el Facebook. Al igual que los coleccionistas de libros, que luego donaban sus colecciones a escuelas o provincias, y aquellos libreros que sabían qué estaban vendiendo y podían hacer recomendaciones (porque, entre otras cosas, leían), los críticos literarios serios son también ahora un anacronismo. Estamos en el nuevo mundo, el mundo Amazon, donde compramos cosas que no nos pertenecen y la crítica anónima, desinformada y con intereses mercantilistas, resulta más poderosa que la crítica de un "sabihondo" que, por cierto, ha estudiado años para poder poner en palabras lo que muchos resuelven solo dándole clic a un botón. 

Hay 9 Comentarios

El problema es que luego vosotros recomendaréis Amazon y su Kindle, pero estos problemas ya se veían venir, desde que estos utilizan un formato no estandar y cerrado. No hace falta morir para perder todos nuestros libros, solo que esto deje de ser rentable o que Amazon cierre, todos nuestros libros estarán perdidos.
Cosas como estas no pasan con librerías o tiendas de música donde usan el estándar e incluso venden libros sin DRM, puedes guardar tus libros de forma local y te aseguras que podrás leerlo en un futuro en tu mismo dispositivo u otro, pues es un estándar.

Creo que debemos diferenciar elementos.
1.Se puede estar a favor del 2.0, de las TICS, del compatir,etc pero encontra de la forma en que las grandes compañías como Amazon o Facebook gestionan su plataformas. No debemos aceptar que por usar internet tengamos que perder derechos(privacidad, por ejemplo).
2.Es evidente que estamos en "La era de acceso", como bien ha acuñado Rifkin a esta época(un resumen de su excelente teoría en mi blog: http://ecosdesumer.wordpress.com/2012/08/25/conectate-o-muere-rifkin-y-el-nuevo-capitalismo/) pero debo tener la opción a poseer los bienes culturales...y sobre todo es nociva la falta de comunicación de estas empresas. ¿Por qué no nos dicen a las claras que compramos el derecho a usar y no el libro?
3.La web 2.0 abre nuevas vías de comunicación. Aunque estas son útiles, yo creo en contra de lo que dice Alicia que estas herramientas sí fomentan la banalización, el comunicar por comunicar, el compartir.
4.Es legítimo decir que internet permite a todos comentar y recomendar libros y que eso es bueno en general. Pero no deja de solucionar el problema del valor, la fiabilidad y la credibilidad de las opiniones. Se da una crisis de la crítica tradicional pero los nuevos modelos de legitimación están por construir.
Saludos

Amazon ofrece oportunidades a los escritores que lo desean. A lo lectores que desean opinar y hacer reseñas. La arquitectura mental de cada escritor es diferente, también lo es la arquitectura mental de los lectores. Es la era digital. En los libros mandan todo tipo de lectores, respecto a promover , a decir me gusta o hacer incluso una critica negativa de un autor y de su libro, es la libertad de expresión, dentro de la era digital, hay lectores para toda clase de escritores, buenos, malos, regulares y artistas, grandes maestros dentro de la literatura universal que en el siglo 21 es digital, y más tarde virtual, lo importante es que existan los libros y la literatura, un saludo!

@Vera. Es que la función de un crítico no es decir si una obra le ha gustado o no. Creo que no sabe usted lo que es una crítica literaria. Los que le dictan a uno qué debe leer suelen ser las agencias de publicidad de las grandes editoriales y las revistas de baratillo como el "Que leer". Un saludo.

El valor de los libros para mí no se desprende de si les gustó mucho o poco a los críticos: yo leo todo lo que encuentro y no porque sea una obra maestra, catalogada así por un grupo de importantes estudiosos, me va a gustar. Pretender que sea así, pretender indicarnos qué es lo que vale la pena leer, qué tiene que gustarnos y en último caso qué tenemos que leer, es lo que ha llevado a muchos críticos a la ruina. Con lo difícil que es implantar la lectura en muchas partes del mundo, no es posible mantener artificialmente un ecosistema basado en gente que sabe mucho más que uno. ¡Las recomendaciones simplemente no sintonizan con mi vida!

Incluso este comentario es fruto del mundo 2.0 al estar leyendo el artìculo desde el mòvil. Sin entrar en más profundidades: ¿se pueden exportar las copias digitales a un rerminal/soporte sin salida a internet?. De antiguo se conoce que si es necesario por seguridad se debe tener pc's sin enchufar a redes. salud2.

En mi opinión, el concepto de posesión de un producto cultural en la era digital implica un cambio de chip, asumir la intangibilidad. Personalmente, no me veo capaz de asumirlo. Ni siquiera un backup de todas mis series y películas almacenadas en el ordenador me deja tranquila. Por tanto, hay ciertos libros y películas que prefiero adquirir de manera material. Pero asumo que se trata de un "problema" de cómo tenemos montada la cabeza los que no pertenecemos por nacimiento a la generación 2.0, no una trama urdida por las compañías tecnológicas para esclavizarnos y despojarnos de nuestros bienes adquiridos legalmente.

Por otro lado, me parece grave menospreciar de esa manera la tendencia del "me gusta" o el RT. Es cierto que estamos en un momento convulso en el que todavía no está muy claro cómo debe gestionarse esa creciente y supuesta democratización, que no sabemos hasta qué punto lo es, y que existen infinitas fórmulas y triquiñuelas para manipularlo (pero como usted mismo ha apuntado, siempre han existido). Sin embargo, si un usuario se "molesta" en pinchar en un "me gusta" o en dar su opinión en una web especializada, significa que también lee y ve películas, y muchos de esos usuarios que leen y ven películas también han estudiado, tanto como usted o como yo...

Con respecto a la crítica, nada nuevo, salvo por el formato (electónico); el posmodernismo lleva haciendo estragos entre nosotros más de cuarenta años.

Además a uno le venden el cuento que un libro electrónico es algo más barato porque no se consume papel y se cuida el planeta...sabiendo que es solo un derecho de uso, debería ser mucho más económicos que los libros impresos.
Claro, que mi realidad, es que ante la desesperación de no conseguir ciertos títulos en español en el Perú, opto por leerlos en inglés y claro vía Kindle. Pero eso, de que se pierdan en un clic, y adiós "herencia", me deja anonadada.

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Sobre el blog

Este blog se plantea hacer comentarios de actualidad sobre libros, autores y lecturas en menos de 1.000 palabras. Se trata de un blog personal, obsesivamente literario, enfermo de literatosis, como diría JC Onetti, según la regla que la literatura es un vano oficio, pero jamás un oficio en vano.

Sobre el autor

Ivan Thays

Ivan Thays. (Lima, 1968) Autor del libro de cuentos Las fotografías de Frances Farmer y las novelas Escena de caza, El viaje interior, La disciplina de la vanidad, Un lugar llamado Oreja de Perro, Un sueño fugaz y El orden de las cosas. Ganó en el 2001 el Premio Principe Claus. Fue finalista del premio Herralde 2008. Fue considerado dentro del grupo Bogotá39 por el Hay Festival. Sus novelas han sido traducidas al francés, italiano y portugués. Dirigió durante siete años el programa televisivo Vano Oficio. Actualmente administra el comentado blog Moleskine Literario.

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