Un asunto de optometría

Por: | 07 de noviembre de 2012

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Foto: Official U.S. Navy Imagery

Mario Vargas Llosa no se pierde un capítulo de Homeland; Marcelo Birmajer le compra a sus hijos lapiceros dentro de plumas de ganso fosforescentes; Edmundo Paz Soldán dice que cada vez está menos adaptado a Estados Unidos, pero desprecia el chorizo en el desayuno y prefiere melón con Froot Loops; Sergio Ramírez abraza a su inseparable Tulita; Juan Gabriel Vásquez, sin saberlo, me robó un taxi al aeropuerto en Vincennes; Alonso Cueto y yo quisimos conseguir entradas para ver al Real Madrid contra el Borusia Dortmund; Fernando Iwasaki, aunque es del Betis, usa un pin de Universitario de Deportes en homenaje a su padre recién fallecido; Arturo Fontaine está muy entusiasmado con que Keira Knightley sea una nueva Anna Karenina, pero a mí me parece que es poco pulposa para ser una rusa del XIX; Marcos Giralt se despide temprano porque debe llevar a su hijo Juan al colegio por la mañana; Rodrigo Fresán detesta leer en e-book; Jeremías Gamboa demoró un minuto en llegar desde los sitios del fondo hasta la antesala y no pudo tomarse la foto oficial del Congreso con Mario Vargas Llosa y las altezas reales; Jorge Eduardo Benavides, vestido con pajarita, quiere cuadrar una invitación imposible en su casa porque los escritores invitados salen de gira por todo España: Héctor Abad lee poesía en La Central mientras dos personas, como mínimo, me aseguran que yo le envié un tuit a Jorge Volpi diciéndole "Jorge, ya llegué a Madrid" cuando ni yo he mandado ningún tuit ni Volpi pudo venir a este Congreso, así que poco o nada le interesa si llegué o no. 

¿Qué cosa fue el Boom Literario latinoamericano? Una fraternidad de amigos, un cajón de velador lleno de anécdotas que Mario Vargas Llosa se dedicó a hilar en su entretenido discurso de inauguración. Julio Cortázar llevándolo a visitar una feria de brujerías, Carlos Fuentes zapateando sobre una mesa después de varios tequlilas de más, Gabriel García Márquez enviándose por años cartas con Vargas Llosa antes de conocerse en Venezuela.

La palabra "boom" a me remite a mi niñez, cuando en el Perú se hablaba del boom de la harina de pescado. Se construyó un elefantiásico  Ministerio de Pesquería en la avenida Javier Prado y se hicieron fortunas gracias a la pesca. Ahora no existe tal ministerio, la minería es el principal producto de exportación peruano y el gigante edificio de concreto alberga al Ministerio de Cultura y al Museo de la Nación, y aún así parece vacío y de largos pasadizos. El boom literario también fue eso mismo, un momento en que la literatura latinoamericana fue el primer producto de exportación, y sucedieron cosas como de cuentos de hadas (Carmen Barcells llevándose a Vargas Llosa y García Márquez a Barcelona para que se dediquen exclusivamente a escribir) que no volverán a ocurrir, y menos en la Europa actual en crisis. Las circunstancias han cambiado, la suerte es otra, los escritores tienen otra formación y otras lecturas. No es solo cuestión de talento: es cierto que el Boom originó obras de enorme extraordinaria calidad literaria, pero antes del Boom existían autores de calidad (basta mencionar a Borges, a Onetti, a Rulfo) y después de ellos también existen, incluso entre los más jóvenes de hoy, autores con ese talento. Obviamente, si la crítica literaria insiste en seguir pescando anchovetas para hacer harina de pescado en vez de mirar el oro de las minas en la sierra, sentirá que todo es mediocridad y fracaso. El boom tuvo a su favor crear unos anteojos y colocárselo al mundo, lectores, críticos, traductores, para que pudiesen leerlo. Todo se reduce, entonces a un asunto de optometría. Se trata de ajustar la medida de los anteojos -lo que no significa rebajar ni empobrecer la mirada, solo adaptarla- para no perder lo que está sucediendo ahora mismo.

Me encuentro ahora en Madrid, y en unas horas en Granada, para asistir a la fiesta de los 50 años del boom literario titulada "El canon del boom". Y ante cualquier pregunta sobre la vigencia de la literatura latinoamericana hoy -sin súper ventas ni súper premios ni agentes/hadas madrinas que te buscan en tu ciudad y te exigen que renuncies al trabajo y te vayas a escribir a Barcelona- mi respuesta está en el primer párrafo. La fraternidad que creó el boom, el reconocimiento de una frontera mayor que es la frontera de compartir el mismo idioma literario, sigue vigente. Eso es lo que hemos venido a celebrar.

Hay 2 Comentarios

El Boom le abrió las puertas de las grandes editoriales a muchos autores exitosos actuales. También hizo que muchos latinoaméricanos vieran con respeto la profesión de escritor. Es una corriente que representó lo que entonces era América latina, los actores actuales apocalípticos escriben sobre la segunda parte de la historia y seguro que ya habrá otros que estén inmersos en otro momento literario. Sin embargo, el boom fue el cañonazo que hacía falta. Una pruebita literaria: Grandes obras de la literatura universal http://www.dwaroo.com/Play_Quiz.aspx?Gid=826

A mi´la palabra boom también me remite a mí niñez, al boom inmobiliario, a la expansión crediticia a esa facilidad ilusionista que toda persona debe tener las mismas oportunidades y las aproveche o no debe tener el mismo coche, a ese cuento popular que nos vendieron que la mejor inversión era comprar un inmueble ya que siguiendo con la tendencia alcista de los últimos 15 años el mismo se iba a duplicar...y todo ellos me lleva a pensar que la apalabra "boom" que me recordaba a la niñez...es totalmente actual, viendo como ese sistema tan perfecto ha quebrado y lo sabemos todos y vemos como el sistema si lo ha echo pero los precios de los inmuebles no, alguien quiere que no sea así, quieren poner un parche a esta situación..pero así no se arreglan las cosas...

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Vano oficio

Sobre el blog

Este blog se plantea hacer comentarios de actualidad sobre libros, autores y lecturas en menos de 1.000 palabras. Se trata de un blog personal, obsesivamente literario, enfermo de literatosis, como diría JC Onetti, según la regla que la literatura es un vano oficio, pero jamás un oficio en vano.

Sobre el autor

Ivan Thays

Ivan Thays. (Lima, 1968) Autor del libro de cuentos Las fotografías de Frances Farmer y las novelas Escena de caza, El viaje interior, La disciplina de la vanidad, Un lugar llamado Oreja de Perro, Un sueño fugaz y El orden de las cosas. Ganó en el 2001 el Premio Principe Claus. Fue finalista del premio Herralde 2008. Fue considerado dentro del grupo Bogotá39 por el Hay Festival. Sus novelas han sido traducidas al francés, italiano y portugués. Dirigió durante siete años el programa televisivo Vano Oficio. Actualmente administra el comentado blog Moleskine Literario.

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