¿Qué haces con ese libro aquí?

Por: | 30 de enero de 2013

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Foto: Rupert Ganzer

- ¿Qué haces con ese libro aquí?

No era la primera vez que oía esa pregunta, pero sí la primera que me percaté de una conducta compulsiva: simplemente no podía dejar de leer. Tampoco podía dejar de llevar un libro a donde quiera que fuese. Era la boda de una prima mía, yo aún era un adolescente universitario y como el libro que estaba leyendo en ese momento no entraba en el bolsillo de mi saco, lo llevaba en la mano. Lo traía conmigo para leerlo en el taxi o microbús que me llevó hasta la iglesia. Pero no descartaba abrirlo en algún momento de la ceremonia o de la fiesta y avanzar una o dos páginas. El francés Charles Danzig dice en su libro ¿Por qué leer?: "Más de un parquímetro de París se ha conmovido al oír que le pedía educadamente perdón después de haberme chocado con él, leyendo algún libro". En Lima no hay parquímetros, pero sí me he disculpado con algunos postes.

El origen fue la biblioteca de mi padre. Mi padre no fue un gran lector, era ingeniero y economista y prefería ver televisión o películas en vhs, pero sí fue un coleccionista. No podía evitar coleccionar todo aquello que estuviese numerado y lo vendiesen en supermercados o kioskos. Antes de que yo naciera, logró hacerse de una colección de libros de Ariel, una editorial ecuatoriana, que se dividía en dos: libros serios para adultos y libros clásicos condensados para jóvenes, con ilustraciones. Esas colecciones de Ariel me convirtieron en un lector compulsivo: leía, en estricto orden, las resumidas aventuras del Capitán Nemo, Robinson Crusoe o el Quijote y disfrutaba de los dibujos. Tenía 8 años.

Una noche, descubrí que mi abuela, que vivía con nosotros, todas las noches sacaba uno de los libros y al dia siguiente lo dejaba en su sitio. Sentí envidia de que pudiese leer en una noche lo que yo demoraba semanas. Me dediqué entonces a competir con ella silenciosamente, como libraba todas mis batallas en esos años. Al principio, por más que insistía en quedarme largas horas por la noche despierto, no podía alcanzar la velocidad lectora de mi abuela. Nunca le mencioné a ella, ni a nadie, esa competencia, pero sí celebré cuando conseguí leer un libro al día: una biografía de Napoleón que tenía exactamente cien páginas. Hace unos años comenté esta anécdota por primera vez en público. Mi madre se rió y me dijo que mi abuela, fallecida hace años, solo leía las ilustraciones y pasaba las páginas. Es probable, pero de todos modos le debo a ella mi oficio y los momentos más extraordinarios de mi vida.

Por cierto, la página 100 de cualquier libro se ha convertido en un mito. Cuando llego a ella, por más páginas que tenga el libro, me detengo un rato a descansar y siento que he conquistado un Everest; lo demás es coser y cantar.

Cuando entré a la secundaria empecé a leer las colecciones de la editorial colombiana Oveja Negra, que incluía Obras Maestras del siglo XX (con la seriedad de sus tapas marrones que imitaban el cuero) y Grandes Bestsellers en las que podía aparecer cualquier libro que hubiese sido llevado al cine, por lo tanto una semana tocaba Graham Green, Herman Melville o Lampedusa y la otra Margaret Mitchel o León Uris. No discriminaba. De esas colecciones, el único libro que confieso que no pude pasar de la página 100 (y siento aún hoy algo de culpa) es la investigación Todos los hombres del presidente, enfangado en detalles de la política norteamericana tan específicos y una lista de funcionarios del gobierno de Nixon que me hizo sufrir más que la genealogía de los Buendía.  

Después de leer un extraordinario post en el blog The Million de Michael Bourne, titulado "My New Year’s Resolution: Read Fewer Books", me pregunté cuánto habían cambiado mis hábitos de lector en estas décadas. La respuesta fue dura. A diferencia de mis años universitarios, ahora puedo comprar más libros pero tengo menos tiempo para leerlos. Calculo que entre los 20 y 30 años leía un promedio de tres libros a la semana. Esa medida bajó muchísimo, como le sucedió a Bourne, cuando tuve un hijo y un empleo a tiempo completo (además de mi afición a ver series de TV). Actualmente, algo más de un libro por semana es mi promedio y también creo, como dice el artículo, que una meta de sesenta libros al año es realista.

Con esa convicción, empecé 2013 en una casa de playa y pude leer tres libros en cuatro días. Me sentí feliz, radiante, rejuvenecido. Fue una ilusión, pues en la ciudad mi ritmo ha vuelto a ser el de los últimos años pero confío que llegaré a los sesenta libros, incluso proponiéndome algunas lecturas largas (la biografía de John Cheever me espera en el próximo feriado largo, y quisiera releer este año los dos tomos de la biografía de Nabokov). Desde luego, sé que la velocidad no implica una mejor lectura, y probablemente alguien pueda argumentar sólidamente que leer un solo libro durante todo el año puede ser una experiencia más enriquecedora que mi meta de sesenta libros en un año. Da igual. Existen muchas maneras de leer y muchos tipos de lectores. Yo soy de los que leen en el ascensor y se golpean con los postes. Repasando mi vida, veo que han sido realmente pocas las ocasiones en las que he salido de mi casa sin un libro en la mano. Y la sola posibilidad de encontrarme atrapado en un sitio sin nada que leer me crea una angustia anticipada. 

¿Por qué llevé un libro a un matrimonio? Pues porque soy un lector compulsivo, porque siento que cuando no leo estoy perdiendo el tiempo, porque desde niño los libros son parte importantísima de mi vida, porque aprovecho cualquier ocasión que estoy a solas para leer y sobre todo porque, como dice Dantzig, "Leer es mucho más interesante que entretenerse".

Hay 46 Comentarios

También he tenido que pedirle disculpas a muchos postes de luz en Lima :)

Magnífico artículo. Cada vez me cuesta más encontrar tiempo para leer y es como la persona en forma que deja de ir al gimnasio: tu organismo se resiente y te pide que vuelvas a las buenas costumbres. Me da mucha pena las nuevas generaciones que no le dan valor a la lectura (con excepciones, claro). Podemos discutir si el libro será en papel o será electrónico, pero no si será. La literatura nunca morirá. Uf, antes de seguir poniéndome trascendental (un domingo por la mañana...) os dejo un post que escribí con anédotas sobre el exceso de lectura. ¡Saludos!: http://literaturaymas.wordpress.com/2011/10/15/tanto-leer-tanto-leer/

Solo decir que al leer esas lineas retrocedi unos anos y entonces decidi recuperar lo que daba por perdido(mi amor por el libro y la lectura)..haber encontrado este blog me devuelve la esperanza sobre un futuro mejor!!!por ello me permiti colocar el articulo en el blogs que ves en mi URL(claro sin tu permiso, pero con todas sus consecuencias)...

Parece mentira que sólo dos comentarios critiquen el artículo y que el resto se complazcan con una identificación y/o felicitación. El Articulo en cuestión sólo defiende la velocidad lectora y un sentido de la autocompetencia absurdo, pero en absoluto el disfrute y la necesidad de tomarse un tiempo de reflexión con la lectura.
Leer no es una cuestión de cantidad, núnca podremos leer todo lo que se publica y que es interesante.

Es la primera vez que leo tu blog y me siento identificada en tus articulos. Soy una traductora italiana y enseño lenguas. Los libros siempre han sido mis compañeros de vida y nunca faltan en mi bolso, mi coche, mi mesilla de noche. Confieso que a veces hasta me gusta que me hagan esperar por una cita de trabajo o del médico asì que mi dedición a la lectura es más que justificada. Nunca te ha occurido que un libro te haya salvado? Creo que sì. También en unas situaciones diarias, por ejemplo cuando se convierte en un instrumento de disuasión de indeseadas tentativas de conversación. También me cautiva el poder de las palabras tanto que mi blog se llama: http://creativepalabras.altervista.org . Gracias

Y releer los libros ya leídos pero sólo en los pasajes subrayados? Es como ir buscando el trazo de quién una fue.
Lo mismo que reconstruir a partir de las fechas en las portadas (no puedo comprar o recibir de regalo un libro sin firmar y poner lugar y fecha) nuestra ruta de autores y lecturas.

¡También me siento identificada con este artículo! No salgo de casa sin mi adorado ebook, que me ha librado de mucho peso ya que antes de tenerlo llevaba el libro que estuviera leyendo conmigo fuera cual fuese su tamaño. Leo en el bus, mientras espero a alguien, mientras camino, y hasta en el gimnasio mientras hago bicicleta! Nunca paso un día sin leer y si es así por algún motivo no descanso tranquila. Creo que es el vicio más sano que pueda existir y forma parte de mí desde siempre. Un saludo!

Hola Iván, my identificado con tu post, yo siempre he sido un amante de los libros, lo que se llama un bibliófilo, pero los he coleccionado y no he podido leerlos mucho hasta el año pasado en que me puse como meta leer mas y alcance la modesta suma de doce libros en el año. Mi biblioteca también empezó con una colección de libros, Salvat, que compro mi papa, recuerdo que se deshojaban. Este año me he propuesto leer mas, por lo pronto estoy leyendo cuatro al mismo tiempo. Muchas gracias por tu blog.

Hay un lugar en el que me molesta tener que leer, es en la peluquería, y ello es así porque las peluqueras me obligan a desprenderme de las gafas y no veo ni una sóla letra...pero no dejo de hacerlo, cuando tengo que esperar, me pongo el libro tan próximo a la cara que no se me ve....

Excelente post. Nunca me había sentido tan identificado con uno de tus escritos como con este. Me sorprende la cantidad de coincidencias que tenemos en este incesante vicio de leer. 1) Siempre llevo conmigo un libro a donde sea que vaya, pues, como dices, me aterra la idea que encontrarme encerrado en un lugar sin nada que leer, así que no puedo con mi vicio. 2) La biblioteca de mi padre también fue el punto de partida de mi afición a la lectura, con colecciones de Oveja Negra y Bruguera, que fueron de los primeros libros que leí. 3) También me pasa que llegar a la página 100 siento como que logré un objetivo y que, de ahí en adelante, todo será un disfrute sin igual. 4) Cada año me pongo la meta de leer más libros que el año anterior. Muchas veces he querido llegar a los 100, pero he de confesar que lo máximo que he podido ha sido 53. Ojalá este año supere esa cifra y, en diciembre, te comente que ambos pudimos llegar a la "realista" cantidad de 60 libros leídos. Saludos.

Yo también tengo una colección completa de clásicos de Ariel y Ariel juvenil! :)
Son una joya!

Abundando en mi comentario, en un principio no era selectivo, leer era un vicio y no importaba el tema. Con el paso del tiempo los temas se han reducido y creo que a muchos nos pasa lo mismo.

A mi me fascina leer y volver a leer el mismo libro años después. De chico me acabé la vista leyendo sin parar día y noche.

Otra identificada, mi ritmo máximo han sido los famosos 63 libros al año. Pero depende de los libros y las circunstancias, en cierta ocasión por motivos laborables dejé de leer ... ¡dos meses! Cuando me di cuenta casi me dió algo, desde entonces todas las noches casi lo último que hago es leer, aunque sean 10 min. Me ha pasado todo eso que ya han contado, pero a una boda no he ido con libro. Sueño con el día de los coches vayan teledirigidos... !para poder ir leyendo! He hecho un recopilatorio de todos los libros que he leido en mi vida, durante un par de años incluso he llevado el recuento, y sinceramente me acuerdo de lo que merece la pena, otros libros si los he olvidado será por algo... Felices lecturas a todos !!

En mi caso yo comencé con la Enciclopedia Universal Sopena de diez volúmenes, ...no se si aún la publican, ...la compró mi padre que tampoco era un gran lector, ...en mi mejor año llegué a 12 volúmenes de lectura errática y variada, ...ahora ya es menos, mucho menos, ...pero igual, sé que la lectura es un camino de salvación.

Me siento muy identificado. Y justo este enero me había leído 3 libros en 4 días, pero yo desgraciadamente no estaba en la playa jeje. Entonces yo también seré lector compulsivo, que siempre llevo un libro encima "por si las moscas" tengo un agujero para aprovechar el tiempo.

Yo me compro los libros "para leerlos alguna vez", y bueno, tengo muchos en casa pendientes. Parecerá una frikada destacable, pero ese momento de elegir nuevo libro es similar a un orgasmo. Muy buen artículo, felicidades.

No mencionas "los adornos" de los perros que habrás pisado...y ponte casco mejor, que los postes de Lima no son poca cosa....

Me siento totalmente identificada con lo que escribes.Yo también soy lectora compulsiva. Leo al menos un libro a la semana.En vacaciones puede leer hasta 10 horas seguidas. Tengo una jornada laboral extensa y dos hijos universitarios y nunca dejé de leer.Es mi pasión, cuanto más mejor.

Otra que se siente identificada con lo que dices aquí, porque no salgo a ningún lado sin un libro y porque también leí poquísimo cuando nació mi hija y tenía que trabajar fuera de casa. Afortunadamente con los años recuperé mi ritmo lector.


Ah, ayer me acordé de ti y de Moleskine al ver que han anunciado los finalistas del Man Booker International Prize y en la lista figura Peter Stamm. Ojalá se lo den.

Me encanta leer, he leído muchísimo, sobre todo novela, y lo digo en pasado. Ahora también leo pero mucho menos y poca novela. ¿Por qué? Porque me dedico a escribir. También a ver series, cada vez menos. En agosto escribí un post planteando un reto, leer la Historia verdadera de la Conquista de la Nueva España de Bernal Diaz del Castillo en una web que tenía un montón de seguidores, en lugar de ver tantas series. Sólo se apuntaron dos personas y al final la única que lo ha leído he sido yo. En fin, como dices envejecerán pronto. Por cierto si queréis leer unas Diabluras de Verano entrad aquí http://ow.ly/hgop2

buen articulo!!

Leer me parece un hábito fantástico, pero sólo es la primera parte de un proceso que yo divido en dos para no quedarse en simple consumidor de ideas que pueden ser muy buenas pero son ajenas. Así que la segunda parte debería ser escribir las propias ideas tal y como lo hace un escritor o escritora; expresarse por medio de la escritura como siguiente escalón. Probar nada cuesta y los límites los pone uno.

interesante. pero mi pregunta es ¿Qué hacemos con lo que leemos? es como ver una película? es decir, después de leer "pasamos la página" y no hacemos nada con lo que ha dejado esa lectura en nuestras cabezas ¿Producimos algo con lo que leemos? claramente, mis preguntas están orientadas a la crítica de "la lectura de turismo". Sería interesante verificar cuánta gente se acuerda de las historias de los libros que leyó el año pasado. Con todo, no me opongo a la "lectura de turismo", ya en sí misma, la lectura es una experiencia
saludos!

volvamos a la playa ...serán dos libros más...

Leer y pensar. Qué más se necesita para sentirse bien? Y có mo no saben esto los que nos organizan legislativamente y manejan las finanzas, en Orden, a dedicar más recursos al fomento de las Ideas y los libros. No nos lo preguntamos todos los que sabemos de ese cúmulo de satisfacciones que da un simple libro?

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Vano oficio

Sobre el blog

Este blog se plantea hacer comentarios de actualidad sobre libros, autores y lecturas en menos de 1.000 palabras. Se trata de un blog personal, obsesivamente literario, enfermo de literatosis, como diría JC Onetti, según la regla que la literatura es un vano oficio, pero jamás un oficio en vano.

Sobre el autor

Ivan Thays

Ivan Thays. (Lima, 1968) Autor del libro de cuentos Las fotografías de Frances Farmer y las novelas Escena de caza, El viaje interior, La disciplina de la vanidad, Un lugar llamado Oreja de Perro, Un sueño fugaz y El orden de las cosas. Ganó en el 2001 el Premio Principe Claus. Fue finalista del premio Herralde 2008. Fue considerado dentro del grupo Bogotá39 por el Hay Festival. Sus novelas han sido traducidas al francés, italiano y portugués. Dirigió durante siete años el programa televisivo Vano Oficio. Actualmente administra el comentado blog Moleskine Literario.

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