¿Para qué leer?

Por: | 20 de febrero de 2013

Luzlibro

por Frank Za'atar

En el libro El encantador: Nabokov y la felicidad, Lila Azam Zanganeh titula su prólogo con contundente franqueza: "¿Por qué leer este libro o cualquier otro?" Así contesta a su propia pregunta: "La respuesta, a mi juicio, siempre ha sido meridianamente clara: leemos para renovar el encanto del mundo. Desde luego, hay un precio, incluso para el más diestro de los lectores. Descifrar sentidos, internarse trabajosamente en regiones desconocidas, abrirse paso entre un intrincado laberinto de frases, tinieblas inquietantes, plantas y animales desconocidos. No obstante, si persistimos con obstinada curiosidad y espíritu de conquista, de vez en cuando surge un panorama magnífico, un paisaje bañado por el sol, rutilantes criaturas marinas¨.

Reconozco que me gustaría sentir que cada vez que leo se renueva mi encanto por el mundo. No voy a negar que he sido feliz leyendo, ni tampoco que esa curiosidad y espíritu de conquista se ha apropiado de mí otras veces, pero lamentablemente mi experiencia como lector está muy lejos de esos hallazgos fabulosos de Zanganeh. La respuesta para qué o por qué leer siempre ha sido, para mí, tan complicada de responder como a aquella "por qué escribes". Tengo la impresión de que, en principio, ambas respuestas son parecidas. Aquella profunda decepción ante el orden del mundo, el descubrimiento del caos y de aquello que no funciona, el motor de la escritura según Vargas Llosa, moviliza también al lector. Lectores y escritores comparten las mismas fracturas. Leemos para encontrarnos con un mundo, si no mejor, al menos capaz de responder a un orden y cuyo dios o demiurgo, por más genial que sea, es un ser más cercano a nosotros que cualquier divinidad mística: el autor.  

El francés Charles Dantzig, editor, traductor de Francis Scott Fitzgerald y Oscar Wilde, además de narrador, poeta y ensayista, organiza un extraordinario libro calidoscópico en torno a la pregunta “¿Por qué leer?”, que responde con inteligencia y buen gusto pero también con bromas, ironía o provocación. Algunos de los títulos de los capítulos bastan para mostrar a qué nos enfrentamos: “Leer para encontrarse (sin haberse buscado)”, “Leer para estar articulado”, “Leer para no dejar que los cadáveres descansen en paz”. “Leer por amor”. “Leer por odio”, “Leer para pasar la mitad del libro”, “Leer por títulos”, “Leer para dejar de ser la reina de Inglaterra”, “Leer para masturbarse”, “Leer para contradecirse”, “Leer para guardar las formas”, “Leer para aprender”, “Leer por consolarse”, “Leer para descubrir lo que el autor no ha dicho” o mi favorito: “Leer para saber que con leer no se mejora”.

Existen grandes lectores que son, además, personas muy cultas, inteligentes, sensibles y tienen excelente ortografía y redacción. Pero es un error pensar que, por consiguiente, la lectura te hace más culto, inteligente, sensible o mejora tus tildes. Leer con un fin utilitario, ya sea gramatical o espiritual, es una pérdida de tiempo. Puedo imaginarme a Hitler leyendo una novela de Knut Hamsum con placer, pero me resulta difícil pensar en la madre Teresa leyendo algo que no sea la Biblia o un libro didáctico. Si leer no nos hace mejores personas, insisto, ¿para qué leer?

En uno de los capítulos Dantzig anuncia que el lector es un egoísta.“Se lee para comprender el mundo, se lee para comprenderse uno mismo. Y si se es un poco generoso, ocurre que también se lee para comprender al autor. Creo que eso solo les ocurre a los más grandes lectores, una vez que se han saciado las dos primeras necesidades, la comprensión del mundo y la comprensión de sí mismos. Leer hace cantar a las momias, pero no se lee para eso. No se lee para el libro, se lee para uno mismo. No hay nada más egoísta que un lector”.

Estoy de acuerdo. Para eso leo, para apropiarme de las palabras de los demás. Leo porque esas palabras me pertenecen. Los libros que han dejado más huella en mí no son necesariamente las obras cumbres, sino aquellos cuya piel he logrado traspasar hasta hacerla mía. Leo para mi placer, mi gozo, para apartarme del mundo y sumergirme en mí mismo. Leo para mí. En un mundo donde todo es esperanza de futuro, o donde el pasado asoma y me atormenta constantemente, el único momento donde estoy en el presente es cuando leo. Leer es meditar con palabras de otras personas, dije en un post anterior. Por eso leo. Leo para saber qué pienso, qué opino, qué sé o debería saber, qué he olvidado. No leo para identificarme con un autor sino para permitir que sus palabras se identifiquen conmigo, adquieran sentido gracias a mí. Cada lector reconstruye, o mejor dicho inventa, la literatura universal.

Recuerdo que, hace años, leí un texto de mitología celta escrito por W.B. Yeats donde encontré la frase "tan sosegado que parece triste". De inmediato la inserté en un cuento de veinte páginas que había escrito y que le di a leer a un amigo. Este amigo dijo que el cuento era infumable, pero subrayó la frase robada diciéndome con, cierta condescendencia, "sin embargo, en esta frase es se nota que tienes talento". Nunca le dije que esa frase la había escrito Yeats, no era necesario. Es natural que en el estado de meditación en que nos introduce la lectura aparezcan frases o escenas que nos remitan a nosotros mismos y resulta natural apropiarnos de ellas. En realidad, nos pertenecen tan igual como si las hubiésemos escrito, porque nuestra existencia es la que les da sentido: sin nosotros solo serían líneas negras sobre blanco. Por ello, jamás leo por curiosidad hacia mundos o épocas distintas a las mías, sino por curiosidad por mí mismo. Leo para saber quién soy. 

Hay 20 Comentarios

La lectura es la gran forma universal de comunicación humana, de ella nos ilustramos, en ella soñamos, gracias a ella excitamos nuestros sentires y pensamientos. Por medio de la letra puedes conocer mucho sobre quien escribe y su mundo, sentir sus emociones y hasta las de quienes le rodean. Puedes escuchar su voz de protesta sin sentirte agredido , puedes comparir su dolor o su alegría, etc., etc. La lectura es un maravilloso vínculo que acerca nuestras almas y ante todo respeta nuestro sagrado derecho de libre albedrío y libre opinión.

Excelente artículo... A mi simplemente me fascina leer!!!

Claro que la lecturas, sí, te hace más culto, inteligente, sensible o mejora tus tildes, si no en todos los casos ni en todas las cosas, si en una gran mayoría y en una buena cantidad de ellas.

A mi me gustó la respuesta de Antonio Tabucchi en una entrevista: "Para ver el mundo a través de los ojos de otros".

Considero que leer es aprender, cultura, abrir tu mente a una historia desconocida, para comprender mejor las cosas que pasan por el mundo, por tu vida, por tus personas más cercanas; aprendes sin querer y sin imposiciones, no te da título, pero te da mucha sabiduría.

Si no recuerdo mal, en Tierras de Penumbra un alumno de Anthony Hopkins le dice que leemos para saber que no estamos solos... Aunque no creo que sea únicamente por esta razón, la frase siempre me ha parecido verdadera, lúcida y suficiente.

Leo para aprender, por placer, para soñar, reir, llorar y vivir momentos de felicidad junto a personajes ficticios sin límites de tiempos y espacios...

Leo para expandir el mundo y poder vivir esa expansión.

Leo porque es un placer y un privilegio conversar con personas que tienen el don de crear belleza. Argumento con ellas si leo ensayos. Si son novelas, me sumerjo en universos diferentes en el tiempo y en el espacio, o porque comparto interrogantes con personajes tan desorientados como yo misma. Leo poesía porque el tiempo se detiene y florecen las emociones construidas con palabras. Y leo porque recuerdo la felicidad de la infancia y la adolescencia, asombrada y perpleja ante las páginas de un libro que revelaban la vida por vivir. La vida añorada que deseaba o soñaba. Cada año hay un libro o un poema que todavía me devuelve esa felicidad. Yo no diría que leer es un placer egoísta, o lo diría con una carga positiva: es nuestra capacidad de florecer. Y, desde luego, siempre tengo la certeza de que converso. Y no sólo con el hombre que siempre va conmigo.
Un buen lector nace de esa felicidad del escuchar y el desear.

¿Por qué comes?...

He leído toda mi vida, para mi, para mis hijas y con mucho placer.
Diría que "Leer es reflexionar con palabras de otras personas"
Y también estas palabras de Cortázar reflejan un poco lo que es leer para mi
"..andábamos sin buscarnos, sabiendo que andábamos para encontrarnos "

Muchas gracias Juan Ignacio!

Leo por el mismo motivo por el que corro ...porque no se y porque no puedo evitarlo.

JAVI, el título que buscas es: 'The Wanderings of Oisin and Other Poems".

Por favor, quisiera saber el título del libro de Yeats al que hace referencia. Muchísimas gracias

Leo porque no puedo dejar de leer desde que aprendí a hacerlo hace más de cuarenta años.

En cierta forma los lectores somos escritores malogrados. A cualquier lector le gustaría haber sido capaz de escribir lo que le gusta leer. A veces por falta de disciplina o indolencia, no siempre por escasez de talento. Escribir es más trabajoso que cavar a pico y pala, no hay que olvidar.

Leo porque no sé estár sin leer.
Leo porque si no lo hago estoy muerta.

http://www.cosasqmepasan.com/2012/08/leer-escribir.html

Totalmente de acuerdo. Leo por placer, por aprender pero, sobretodo, leo para comprender el mundo, para comprenderME. Leo porque sueño, sufro y comprendo; cualquier manifestación artística es innecesaria (desde el punto de vista útil), pero sin ella, el mundo sería mucho más feo. http://fulgoresliterarios.blogspot.com.es/

Leo para disfrutar.

Carla
www.lasbolaschinas.com

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Vano oficio

Sobre el blog

Este blog se plantea hacer comentarios de actualidad sobre libros, autores y lecturas en menos de 1.000 palabras. Se trata de un blog personal, obsesivamente literario, enfermo de literatosis, como diría JC Onetti, según la regla que la literatura es un vano oficio, pero jamás un oficio en vano.

Sobre el autor

Ivan Thays

Ivan Thays. (Lima, 1968) Autor del libro de cuentos Las fotografías de Frances Farmer y las novelas Escena de caza, El viaje interior, La disciplina de la vanidad, Un lugar llamado Oreja de Perro, Un sueño fugaz y El orden de las cosas. Ganó en el 2001 el Premio Principe Claus. Fue finalista del premio Herralde 2008. Fue considerado dentro del grupo Bogotá39 por el Hay Festival. Sus novelas han sido traducidas al francés, italiano y portugués. Dirigió durante siete años el programa televisivo Vano Oficio. Actualmente administra el comentado blog Moleskine Literario.

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