Mi semana de vacaciones en Benidorm se ha terminado. Adiós, playa de Levante; adiós, playa de Poniente; adiós, bufé mañanero; adiós, piscina; adiós, chanclas. Benidorm sigue sin gustarme, pero es solo una opinión. Personal, intransferible y, por supuesto, cuestionable. Más allá de mis gustos, reconozco que Benidorm tiene algunas cosas buenas:





