Existe en Brasil y en el mundo una generación de jóvenes con ganas de cambiar el mundo. Y quieren hacerlo con recetas que chocan por lo sencillas. Quieren un futuro mejor con ideas que contrastan con el consumismo y el conformismo modernos.
En Rio de Janeiro, donde los días próximos tendrá lugar la gran asamblea mundial organizada por la ONU, la Rio+20, para tomarle el pulso a la salud del Planeta, el semanal del diario O Globo ha ido a buscar a una serie de jóvenes que se han ya formado en la Universidad, tienen menos de 30 años y no pierden la esperanza de poder cambiar los paradigmas de un mundo que camina hacia su destrucción, víctima del feroz consumismo que nos devora.
Se dedican a las actividades más diferentes. Son profesionales, pero inquietos, inconformistas, a la búsqueda de nuevos mandamientos para asegurar una sociedad más anclada en la sencillez, con menos objetos y más ideas; menos coches y más paseos a pié o en bicicleta; cocinando ellos mismos productos, si es posible, sanos y no contaminados; dehaciéndose de todos los objetos inútiles de la casa que nunca usamos; escogiendo, al comprar objetos, no los de moda sino los que duren para disminuir la basura; decirle adiós a las bolsas de plástico; tocar cada día la tierra con las manos y los pies; hacer diez minutos de meditación.
Alguien podría sonreir, ante las propuestas de estos jóvenes profesionales para cambiar el mundo. Y sin embargo no se trata de jóvenes hippis, que viven al margen de la sociedad, hijos de viejas utopías irrealistas. Se definen simplemente “pos modernos”. Pertenecen a esos casi tres millones de jóvenes que en Brasil han encontrado trabajo en el campo de las energías alternativas, en la llamada “área verde”.
Son psicólogos ( Carolina, Pombo, 28 años); diseñadores industriales ( Pedro Themeteo, 25 años); consultores de educación ambiental ( Carolina Bergier, 27); ingenieros (Leonardo Adler); arquitectos ( Edson Cardoso), etc.
Todos ellos fuertemente comprometidos con las ideas de un crecimiento sustentable de la economía, de un Planeta menos contaminado .“No tengo coche, porque me asquea quedar embotellado en el tráfico. A mis 25 años he hecho los cálculos: he perdido en mis idas a la Universidad, un año de tiempo embotellado en el coche”, dice Themeteo. Ha desempolvado su vieja bicicleta o va a pié cuando puede.
“No entiendo qué lógica existe en estudiar cómo crecen los árboles en una escuela cerrada, cuando se podría hacerlo debajo de un árbol, tocándolo y oliéndolo”, piensa Bergier.
Se interesan todos estos nuevos jóvenes pos modernos del reciclaje de la basura; de la alimentación sana; de la vida al aire libre, pisando la tierra y el barro más que el cemento. Y ninguno es esclavo de de las marcas y de lo que no usan.
No es posible saber cuantas jóvenes como estos se pasean por el mundo y van sembrando semillas nuevas para cambiar este nuestro Planeta cansado. Probablemente más de lo que nos imaginamos. ¿No son ellos un pequeño grano de esperanza, aquella minúscula semilla de mostaza de la que habla la parábola evangélica, que acaba convirtiéndose en un árbol frondoso?
Por lo pronto, algunas de las propuestas de estos jóvenes inquietos que serán presentadas a los representantes de 102 países que llegarán a Brasil para la celebración de Rio+20, son de los más equilibradas y concretos.
Entre ellas figuran:
- Matriz energética diversificada, menos hidroeléctricas y más energías renovables.
- Un proyecto de incentivación al aprovechamiento de la lluvia para evitar inundaciones.
- Programa obligatoria de educación ambiental en las escuelas públicas y privadas.
- Integración de los sectores público y privado en las cuestiones de salud y licencia maternidad durante un año .
- Dialogo permanente entre las diferentes clases sociales favoreciendo la mezcla de culturas.
Quizás, a pesar de tratarse de jóvenes profesionales, creativos, injertados en el trabajo aunque en busca de espacios cada vez más verdes y ecológicos, muchos pensarán que viven en el mundo de las utopías.
Creo, sin embargo, que los grandes cambios de paradigma en la Historia procedieron siempre de pequeños fermentos de mentes capaces de pensar el mundo para que pueda ser construido con ojos más limpios sin que lleve ya en su seno el gusano de la destrucción.
Aplausos a estos jóvenes de todo el mundo, idealistas y realistas al mismo tiempo.
Alegoría de jóvenes brasileños soñando un mundo mejor