El bando de de 20 personas que asaltó días atrás a todo un edificio de la zona rica de Sâo Paulo, no se imaginaba la que habían armado al robar, junto con joyas, dinero, ordenadores, teléfonos móviles de último grito, etc. al perro Zeca, de la raza Staffordshire Terrier, del entrenador físico, Cristiano Mafra.
A Mafra no le importó tanto el robo de objetos como el que se hubiesen llevado a su Zeca, algo inédito en estos casos de asalto a residencias, tan frecuentes en la rica Sâo Paulo.
Si salir corriendo, con el botín robado, huyendo de la posible llegada de la policía, es siempre una acción complicada y arriesgada para los “bandidos”, lo es mucho más llevarse en la fuga a un perro ladrando y desesperado por tener que dejar a su dueño. una complicación que ha resultado extraña a la misma policía.
Sólo se explicaría, dicen, si algunos de los ladrones se hubiera de repente enamorado del perro hasta el punto de poner en peligro la fuga, al tener que arrastrar con el animal.
Lo que no se imaginaban es que Zeca se habría vengado. Tras haber lanzado su dueño Mafra un SOS en las redes sociales, con la foto del animal, que fue enseguida recogida por miles de personas en Facebook, la policía consiguió detener a cuatro de los asaltadores en la búsqueda de Zeca, en la favela Monte Kemmel, en las afueras de Sâo Paulo.
Fue allí donde la policía consiguió, cinco días después del robo, rescatar al simpático animal. Los asaltadores, al saber que la policía estaba buscando al perro dentro de la favela tuvieron miedo y lo abandonaron al abierto, hasta que la policía dió con él. Zeca estaba jugando en un descampado con unos niños. Tenía sólo algunas heridas y estaba con hambre.
La noticia del rescate por la policía del perro que las redes sociales habían ya convertido en un personaje, fue recibida con aplauso por todos los amantes de los animales y con visible emoción por su dueño.
Y los niños de aquella favela donde Zeca había acabado con sus huesos y donde acabó liberado, van a salir también ganando. Mafra piensa convertir a Zeca en un personaje de dibujos animados usando las modernas tecnologías y ya ha anunciado que el lucro que pueda dar la iniciativa, irá íntegramente para programas sociales a favor de los niños de la favela.
Zeca se ha vengado. Y sus compañeros perrunos se lo van a agradecer, ya que los “bandidos”, que seguirán sin duda, saqueando casas y pisos, se lo pensarán dos veces antes de llevarse de nuevo a un perro.
Ahora, saben que si la mayoría de los que ven sus pisos saqueados, muchas veces ni lo denuncian a la policía, porque saben que es muy difícil recuperar lo robado, lo hará sin duda quién vea robado a su perro que no se dará paz, como le ocurrió a Mafra, hasta encontrarlo vivo o muerto, obligando a la policía a moverse.
La pequeña y tierna historia refleja cómo la pérdida de un animal querido es capaz de movilizar no sólo a las redes sociales sino incluso a la misma policía, como ha ocurrido con Zeca. De hecho se advierte en un video del rescate una clara satisfacción de los policías por haber podido devolver al simpático Zeca a su dueño, vivo y coleando. Una satisfacción que en los duros policías suelen advertirse sólo cuando consiguen rescatar a un niño. Más, a veces, que cuando rescatan a un adulto. Álguien podría preguntarse si es justo que la policía se sienta tan feliz por haber conseguido rescatar a un chucho. Es curioso, pero es así. Y hay cosas de la vida que son simbólicas y que no se explican ni se discuten.