¿Qué les pasa a los campesinos Sin Tierra de Brasil? ¿Se ha agotado la fuerza del que fue el mayor movimiento social rural de América Latina?
Manifestantes del MST hoy en Rio durante la Conferencia RIO+20
Eso es lo que empieza a aparecer en el estudio de los números y en los análisis políticos y sociológicos de los expertos. Y eso a pesar de que hoy jueves, una manifestación del MST ha creado problemas al tráfico en Rio con sus protesta entre las que aparece una petición a la Presidenta Dilma para que lleve a cabo la reforma agraria que ellos desean.
Más tarde entraron en el pabellón organizado por la Confederación de Agricultura y Ganadaría m( CNA) titulado "Agro-Brasil" y lo depredaron.
MST invade pabellón de la CNA en Rio+20
Sin embargo, el Movimiento se halla en dficultades. Empecemos por los números. El mayor capital de los Sin Tierra, un movimiento que fue apoyado por las izquierdas políticas y por la Iglesia progresista de Brasil, eran las ocupaciones de grandes latifundios improductivos para entregarlos en manos de pequeños campesinos sin tierra y sin recursos.
Al mismo tiempo, los Sin Tierra, eran hace 20 años los que llenaban calles y plazas de las grandes ciudades con manifestaciones en favor de las causas sociales y contra los gobiernos que consideraban conservadores, apoyados por el mayor partido de las izquierdas, el Partido de los Trabajadros (PT) que entonces estaba en la oposición.
Ahora el MST, ha perdido fuerza en la opinión pública y en el mismo gobierno.
Los Sin Tierra fueron una de las fuerzas sociales que contribuyeron a la victoria de Lula, el primer presidente obrero de la democracia brasileña. Lo celebraron como una victoria también de ellos. Lula en su primer discurso afirmó: “Los Sin Tierra no necesitarán ya ocupar tierras, porque yo se las voy a dar”.
No fue así. Enseguida el MST tuvo que hacer las cuentas con un Lula y su gobierno que habían abrazado el programa económico neoliberal heredado de su antecesor, el socialdemócrata y sociólogo, Fernando Henrique Cardoso.
Los Sin Tierra se quejaron muy pronto de que Lula no había cumplido su promesa y no acababa de abrazar el tipo de reforma agraria de cuño marxista que ellos defendían.
Fue una paradoja, pero en el primer gobierno Lula, los Sin Tierra no sólo disminuyeron las ocupaciones de tierras, sino que las aumentaron. Más aún, el MST comenzó a ocupar no sólo fincas improductivas sino también en producción, llegando en algunos casos a destruir grandes plantaciones de naranjas, por ejemplo o laboratorios agronómos. E incluso a destruir material encontrado en las fincas de los terratenientes.
Más aún, por primera vez, para presionar al primer gobierno de izquierdas, los Sin Tierra, empezaron a ocupar también edificios públicos, lo que obligó a Lula a pedir que interviniera la justicia penal y más de unos de sus líderes acabó en la cárcel.
En 2003, primer año de Lula, el MST, sólo en en Minas Gerais, llevó a cabo, 46 ocupaciones de tierras. En 2011 fueron sólo 23. En Mato Grosso, uno de los Estados más críticos en la deforestación de la Amazonia y donde los Sin Tierra siempre han actuado con fuerza. De 30 ocupaciones en 2003, no hubo ninguna en 2010.
También el número de los célebres acampamentos de los Sin Tierra, bajo los míticos telones negros de plástico, cayeron en los últimos diez años de 285 para 30.
El MST llegó a conquistarse la simpatía de la calle, de los intelectuales progresistas y de la Iglesia de la Teología de la Liberación. Hasta pusieron un pié en las famosas y populares telenovelas de la Globo donde en 1996, la protagonista de una de estos folletines era una campesina Sin Tierra.
No que hoy el MST haya muerto. Sigue vivo y empeñado en conseguir una reforma agraria que, al mismo tiempo, se queda cada vez más lejana de los programas de gobierno de Dilma Rousseff que mira más bien al desarrollo de una agricultura a gran escala, de concentración, con tecnología moderna para producir a gran escala haciendo de Brasil uno de los mayores exportadores de cereales del mundo.
Las causas por las que el MST como mínimo ha perdido su fuerza primigenia y ya no es capaz de participar a los grandes desafíos del país ni siquiera, por ejemplo, a los movimientos de protesta de los indignados contra la corrupción política, de los que han estado ausentes, varían según quienes las expresan.
Según un estudio del mes pasado del Nucleo de Investigaciones y proyectos de reforma Agraria (Nera), citados por el diario O Estado de Sâo Paulo, la pérdida de fuerza y de consenso del MST se debe a un conjunto de factores. Por ejemplo, el haberse reforzado la violencia contra los campesinos rurales por parte de los terratenientes que acaban desarticulando el Movimiento.
Quedó tristemente célebre la masacre de El Dorado dos Carajás, en el estado de Pará, donde fueron asesinados 19 campesinos. Otro factor sería la fuerza que en el Congreso poseen los diputados de el lobby de los “ruralistas” o defensores de los grandes propietarios de tierras, que dirigen sus leyes siempre a desfavor de los campesinos rurales para favorecer el ‘agronegocio”.
Y por último, un cierto desinterés del mismo gobierno de centro izquierda de Rousseff por el tipo de reforma que propone el MST, considerado desfasado, ya que muchos de esos campesinos a los que se le ofrece un pedazo de tierra, suelen llegar de las periferias más pobres de las grandes metrópolis, muchas veces sin experiencia del campo, que acaban hasta vendiendo su pedazo de tierra. O en el mejor de los casos, sus productos no son competitivos en el mercado, ya que no consiguen organizarse en grandes coperativas o trabajar con maquinarias modernas usando las últimas tecnologías de producción.
El texto del estudio de Nera, concluye: “La conjuntura económica del país en los últimos años ha contribuido para la creación de empleo en sectores que absorben a los potenciales beneficiarios de la reforma agraria, como la construcción civil y la agropecuaria”.
Por último, y por lo que se refiere a la pérdida de convocación social que hizo célebre al mayor movimiento campesino de América Latina, hay que añadir el hecho de que el partido que lo sustentó siempre y en cuyo seno se formó, el Partido de los Trabajadores (PT), hoy está en el poder.
Ello hace que el MST, un movimiento típicamente de izquierdas se haya sentido de alguna forma desprotegido. El gobierno, a partir de Lula, navega en otras aguas de política económica. Es un gobierno, con gran fuerza social pero al que apoyan 12 partidos que van desde el centro a la derecha pura, lo que le obliga a hacer compromisos que no favorecen las viejas ideas del MST.
Los Sin Tierra se encuentran de alguna forma desplazados y entre la espada y la pared. Son un movimiento de izquierdas y no pueden manifestarse abiertamente contra un gobierno progresista, sin perder su esencia. De ahí que no participen hoy en los movimientos populares de protesta al gobierno como el de condena de la corrupción. De alguna forma también ellos son hoy gobierno y no oposición.
Al mismo tiempo para el gobierno del PT es cómodo ya que por una parte, consigue mantener al MST reducido en su acción claramente de izquierdas, al mismo tiempo que sabe que nunca se rebelará abiertamente contra un gobierno al que ellos contribuyeron a llevar al poder.
Esa es la gran paradoja.