Juan Arias

Sobre el autor

es periodista y escritor traducido en diez idiomas. Fue corresponsal de EL PAIS 18 años en Italia y en el Vaticano, director de BABELIA y Ombudsman del diario. Recibió en Italia el premio a la Cultura del Gobierno. En España fue condecorado con la Cruz al Mérito Civil por el rey Juan Carlos por el conjunto de su obra. Desde hace 12 años informa desde Brasil para este diario donde colabora tambien en la sección de Opinión.

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Descubiertos 20 nuevos geoglifos en la Amazonia

Por: | 26 de junio de 2012

Acaban de ser descubiertos 20 nuevos geoglifos en Brasil, entre los Estados de Acre y de Amazonia. El Blog da Amazonia ha publicado esta tarde en exclusiva las fotografías de dos de estas nuevas estructuras arqueológicas con diseños geométricos de varios formatos.

GeoglifosUno de los 20 nuevos geoglifos recién descubiertos a 20 kilómetros de Boca de Acre

Con el nuevo descubrimiento, Brasil cuenta ya con 300 de estas misteriosas estructuras que pueden tener hasta dos mil años y que pertenecen a pueblos hasta ahora desconocidos.

Todos ellos están situados en la Amazonia Occidental y han aparecido por obra y gracia de un pecado ambientalista: la desforestación de la selva para convertirla en pasto para el ganado.

No acaso, la mayoría de estos geoglifos, de los que se está pidiendo que sean considerados patrimonio artístico nacional para que no puedan ser destruidos ni deteriorados, se han encontrado en el estado de Acre, donde la selva ha sido más castigada.

Quizás porque el nuevo descubrimiento ha sido dado a conocer a la clausura de la conferencia de la ONU sobre el medio ambiente de Rio+20, el Blog da Amazonia, que acaba de dar la noticia y publicado algunas fotos en exclusiva, ha sido enseguida bombardeado de comentarios, casi todos insistiendo en que ello ha sido posible gracias a la destrucción de la Amazonia.

Geoglifo en Fazenda AtlanticaGeoglifo nuevo en forma de doble cuadrado entre Acre y Amazonia

Los sentimientos, pues, ante la aparición de estos nuevos, interesantes y siempre misteriosos geoglifos, son contrastantes en Brasil. Los amantes de la arqueología y del conocimiento de los pueblos primitivos que pudieron poblar la Amazonia, se felicitan.  A los ecologistas, el motivo que ha hecho posible ese descubrimiento, les apaga la emoción.

Entre los comentarios de ayer tarde en Brasil los hay de todos los colores. Algunos irónicos que apuntan que ahora el gobierno se puede felicitar de no haber puesto freno todos estos años a la destrucción del gran pulmón de la Amazonia, para no privarnos ahora de la contemplación de estos geoglifos.

Otros, como el de Mingana Jones divertidos. Escribe Jones: “Durante mis aventuras en la Amazonia descubrí que esos dibujos fueron hechos por la extinguida tribu de las Amazonas, tribu famosa por estar constituida por lesbias que aún odiaban a los  hombres. El diseño de un hombre enorme en el suelo fue hecho con la intuición de espantar a los hombres de las montañas vecinas. Al no aceptar tener relaciones con los hombres, esa tribu se extinguió”.

Lo cierto es que aún nadie sabe a ciencia cierta la funcionalidad de tales geoglifos. Podrían ser, según los investigadores, desde estructuras defensivas a centros de ceremonias religiosas, o bien lugares de encuentros y peregrinaciones.

No hay que ser muy perspicaces para entender que si existen tantas hipótesis sobre su origen y utilidad, es porque en realidad son un misterio que aún el hombre moderno no ha sido capaz de descubrir .

Indios en AcreImágenes de una tribu primitiva descubierta hace poco en Acre, tierra de los geoglifos

Eufemismos de los torturadores brasileños

Por: | 26 de junio de 2012

Los torturadores de la dictadura militar brasileña han empezado a hablar. Hasta ahora , uno de los secretos mejor guardados, era el infierno de las checas y las ejecuciones sumarias ocurridas en Brasil durante los años de plomo y de terror.

Tortura (30)
Sólo ahora han comenzado a confesar algunos de los verdugos aún vivos y algunos de los pocos sobrevivientes de aquellas atrocidades.

Hoy pueden hacerlo impunemente porque la recién constituida Comisión de la Verdad, sólo pretende investigar lo que ocurrió, donde están escondidos los muertos y cuales fueron las reales dimensiones de aquella tragedia. Una amnistía a los torturadores sellada por los dos bandos al acabar la dictadura militar para poder dar paso a la democracia, les ha hecho intocables a los verdugos de entonces.

Por ello han empezado a hablar. El primero, después de un silencio de 40 años, ha sido el teniente coronel reformado del Ejército (CIE), Paulo Malhães, de 74 años. Lo ha hecho en su casa a un grupo de periodistas del diario O Globo.

Casa-da-morteCasa de la muerte en Teresopolis

Gracias a él se ha podido confirmar lo que se sospechaba: que había existido en Petrópolis, cerca de Rio, la llamada “Casa de la muerte”, de donde salieron muertos, a consecuencia de las torturas, 22 presos políticos.

El militar ha contado todo con pelos y señales: torturas con cocodrilos y serpientes boa de seis metros. Colocaban a las mujeres desnudas amarradas a un catre y les echaban a los animales encima de sus cuerpos.

Cada militar torturador tenía su equipo de ayudantes y cada equipo tenía la misión de doblegar hasta la muerte si era preciso la voluntad de los presos exigiéndoles que se convirtieran en espías y delatores de las diferentes guerrillas de extrema izquierda en las que militaban.

A estas alturas de la vida, ninguna tortura por refinada que sea me impresiona. Conozco las más tremendas y insospechadas, con agudeza de imaginación perpetradas en las dictaduras y en las guerras en ambos bandos. Y en todo el mundo.

Quizás la más refinada que oí y que me la contó un amigo,  es la que se llevaba a cabo en las checas de Puerta del Sol en Madrid durante el franquismo. Me contó que un día lo llamaron para defirle que iba a ser torturado un viejo amigo suyo con el que había quedado peleado por motivos familiares. “Puedes aprovechar y participar hoy a su tortura. Así él podrá sufrir más” le ofrecieron en bandeja. Un añadido de sadismo de tipo llamémosle “moral” a las torturas físicas que eran vigiladas por médidos para que pudieran prolongarse más tiempo sin llegar a la muerte. Mi amigo me comentó: “Fue una propuesta vergonzosa e indigna”.Difícil hallar mayor imaginación diabólica.

Lo que, sin embargo me ha sorprendido de las primeras declaraciones del militar torturador brasileño es lo que podriamos llamar los “eufemismos del  torturador”. He quedado impresionado no sólo de la frialdad con la que cuenta las torturas más bárbaras a hombres y mujeres. Eso no me extraña. No conozco torturarores arrepentidos ni emocionados.

Me ha extrañado el hecho de que en ningún momento el teniente coronel pronuncie la palabra tortura. La substituye con eufemismos. A la Casa de la Muerte de Petrópolis, así apellidada por los ciudadanos, la llama “casa de la conveniencia”, como si a los presos torturados se les brindase allí una ocasión para salvarse: tracionar a los suyos.

Torturador regando sus floresTorturador regando sus flores feliz

A las torturas las llama “sustos”. Eso, les daba un sustitto colocando un cocodrilo vivo encima de sus cuerpos desnudos. Después venía todo lo demás, es decir “más sustitos”.

“Nosotros les dábamos unos sustos y el último susto era la  muerte”, cuenta como si se tratara de un juego de salón.

De los cocodrilos y serpientes colocadas sobre los cuerpos de los presos minimiza diciendo que “no mordían”, sólo “asustaban”. Y recuerda que los cocodrilos y serpientes eran de su propiedad, una especie de juguetes, vaya.

Para el militar no existen cadáveres enterrados en algún lugar o quemados, sólo existen “desaparecidos”, que, según él, lo seran eternamente, como si ellos hubiesen querido evaporarse líbremente.

 Torturar a los presos hasta durante un mes para “convencerles” era “trabajar con él”. Un trabajo que el teniente coronel confiesa que las más de las veces era duro y largo, porque los presos eran muy cabezudos y no se “convertían” a la causa.

Ines EtiennePor eso, tenía a veces que acabar “asustándolos con la muerte”. Los asustaba de verdad, ya que de 22 presos torturados en la “Casa de conveniencia”, sólo una, Inés Etienne, salió viva. Después de 96 días de tortura decidió fingirse “convertida en expía” y la dejaron escapar. Pertenecía al grupo guerrillero de extrema izquierda, VAR-Palmares, el mismo en el que luchara la Presidenta Dilma Rousseff.

Ella no usa eufemismos cuando cuenta su

infierno en el que fue torturada, estuprada y humillada: “Estaba destrozada, enferma, reducida a un gusano y obedecía como una autómata”. Aún así y sin fuerzas físicas, intentó suicidarse tres veces.

Su compañera de lucha, Dilma Rousseff, dijo días atrás en Rio+20 que ella no quiere conocer a los que la torturaran durante 23 días; “No tengo sentimientos de venganza ni de odio, pero tampoco puedo perdonar. Mejor que el odio es la frialdad de la razón y la razón pide no olvidar”. Y añadió: “Lo mejor es pasar esa página. Lo importante no es el torturador, sino la “tortura” y todos tenemos el compromiso de que no vuelva a acontecer en este país y en ninguno otro”.

Y sin embargo, la tortura sigue viva en Brasil, denunciada por las organizaciones internacionales de defensa de los derechos humanos. Existen torturas en las cárceles, en la comisarías de policía, a veces hasta la muerte; en las instituciones cerradas; en las favelas dominadas por los narcos, en los colegios, en las familias. Torturas físicas y morales. El sadismo está incrustado, como explicaba Freud, en las entrañas humanas .
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