Juan Arias

“Déjenselo, cobardes. Es lo único que le queda en la vida"

Por: | 25 de junio de 2012

Aún no se han apagado los ecos de la brutalidad con la que la policía militar arrancó al mendigo Carioca su mascota Zoiudo, en la ciudad de Belo Horizonte, en el Estado rico de Minas Gerais.

ZoiudoLa policía rinde a Carioca y a su perro Zoiudo

Cuando la policía consiguió alcanzar a Carioca que había corrido detrás de su mascota que se la habían arrancado a viva fuerza para llevarla a la perrera, le apretaron el cuello con una corbata rindiéndolo al suelo.

Enfurecida, la gente que empezó a arremolinarse en el lugar comenzó a gritar a la policía: “!Cobardes, vayan a detener a los criminales y dejen al pobre hombre con su perro!”. Y comentaban airados: “Era lo único que le quedaba en la vida. Era su último afecto en este mundo. ¿Por qué ser tan crueles? El mendigo no hacía mal a nadie y amaba a su perro”,

En la ciudad se ha creado un movimiento para que se devuelva a Zoiudo a su dueño. Los que han ido a verle en la perrera dicen que está triste buscando desesperado a su amo, que lo llamaba de hijo.

La frase pronunciada por la gente de la calle en Belo Horizonte: “Es lo único que le quedaba”, me impresionó porque fue la misma de otra historia semejante, de la que fui testigo y que acabó en tragedia.

Yo vivía en Rio, en un piso de Rua Citiso, a las faldas de la favela Morro do  Turano, hoy pacificada. En aquel tiempo, vivir al lado de una favela era más seguro que vivir en el centro. Las favelas solían tener un sólo jefe de los narcos que mandaba proteger a los que vivíamos al lado para que no ocurriese nada que hiciese llegar allí a la policía, que era lo que más temían. Vivíamos con las puertas abiertas.

Favela Morro do TuranoFavela Morro do Turano en Rio

Allí, a 50 metros de mi casa, acampaba desde hacía tiempo, en la acera, un joven de unos 30 años, quizás menos. Vivía con cinco perros, que eran su única familia. El joven no molestaba a nadie. Casi ni hablaba. Sólo cuando álguien le daba una camiseta nueva o un bocadillo, levantaba la cabeza y miraba con ojos de agradecimiento, siempre recatado. Debía de haber pertenecido a una familia bien.

Nunca pedía nada. Sólo una vez, que hacía frío y viento, me dijo que quería un café con leche. Fui con él al bar de al lado y pedí dos cafés con leche. Se tomó el suyo de un trago y se volvió a su acera.

Una noche en que volví tarde, pude observar como dormía. Sólo se le veía la cabeza. Los cinco perros lo arropaban como una manta de cariño, en aquellas noches de tiroteos. Sí, porque en la favela los tiroteos se oían todas las noches. No siempre eran de peleas entre policía y narcos. Eran también para anunciar que había llegado la droga, o que iba a empezar un baile funk o que era el cumpleaños de una hija del traficante de turno.

Las balas no asustaban al joven ni a sus perros acostumbrados a aquella especie de fuegos de artificio. Lo que asustaba al joven mendigo, del que nunca supe su nombre, era ver pasar a su lado la policía o algún señorito burgués que miraba de reojo y disgusto a los perros que lo arropaban.

Una mañana al pasar a su lado vi que estaba sólo, sin los perros. Sentado, apoyado a la pared como una estatua. Sin mirar a nadie. Intenté hablar con él. Le arranqué sólo monosílabos: “Se los llevaron. Me quitaron lo único que me quedaba en la vida” me dijo entre dientes. Y volvió a su mutismo.
Desde aquel día no aceptaba ni comida, que él compartía con sus mascotas. Días después, aquel rincón de la acera, siempre iluminado por su presencia, quedó oscuro y vacío. El joven había desaparecido. Indagué en vano sobre su paradero. Supe sólo que alguien había protestado y pedido a la policía que se llevara a aquellos perros callejeros. Y que el joven había muerto poco después O lo había “muerto” la policía para que “no ensuciara el paisaje”. No se sabía bien. Daba lo mismo.

Lo habían ya sentenciado a muerte en el momento en que le arrancaron el único afecto que le había quedado en su vida.

Aquel “Era lo único que le quedaba”, del mendigo de Belo Horizonte de hace días y de aquel otro joven mendigo de Rio de hace ya unos años, me ha hecho pensar cómo en estos tiempos de crisis, tantos en España están perdiendo muchas cosas, sobretodo materiales. Pero si perder algo de lo que se tiene es siempre doloroso, arrancarte lo “único que te ha quedado ”, tu última brizna de afecto, aunque sea de una simple mascota que te mantenía ligado por un hilo a la vida, eso es pura y dura crueldad y cobardía.

¿Estoy equivocado?

Mendigos4




 

Hay 13 Comentarios

Que triste historia! No entiendo a las autoridades, con todos los problemas reales que tenemos y se la agarran con un pobre hombre y su perro?
Que sociedad tan falta de valores y afectos. Cada vez nos estan arrinconando mas ...ya nuestros derechos estan cada vez mas pisoteados. Ojala le devuelvan a su perro y que esta vez la historia tenga un final feliz....

Juan
Muiiiiiiiiiiiiiiiito obrigada pela artigo! Agradeço em nome de todos aqueles que como Carioca apegam-se a um bicho para manter a sanidade mental e se sentir humano! Parabéns pelo excelente post! Não tenho palavras para descrever o quanto fiquei emocionada! Um abraço carinhoso. Marina

Desgraciadamednte, sozio, con los poderosos hacen la vista gorda y miran para otra parte. Los pobres siempre se llevan la peor.
Un abrazo


To: juanjosearias@hotmail.com

por otro lado, cuanta operatividad y celeridad de la policia, supondremos q actúan así con los poderosos q se saltan tan a menudo la legalidad...

gracias juanjosé, este blog es un remanso de paz, todavía se puede confiar en el hombre y en la vida en el milagro q supone el intercambio entre o2 y co2,nuestros pulmones inhalando y exhalando contemplando con estos nuestros ojos todo lo q robamos a la naturaleza nos hace tener peor calidad de vida, deberíamos devolverselo con intereses si no, esto hya q replanteárselo.

Podría cambiarse el título del blog. Propongo "VIENTOS DEL CORCOVADO"

http://www.youtube.com/watch?v=sLkp76-_TkU


Gracias,querido Jorge, por recordar a los lectores esa preciosa y tierna película de humanidad. Vivimos tiempos de insolidariedad y hay que intentar mirás más allá de nuestros odios y crueldades.
Un gran abrazo

To: juanjosearias@hotmail.com

Gracias, josemanuel, por su felicitación sanjuanera. Ojalá sepamos todos puririfcarnos de los sentimientos de crueldad y odio para poder tocar mejor con mano y en el corazón la luz de la benignidad con nuestros iguales y con nuetros hermanos los animales. Sólo así nuestro interior vivirá pacificado.
Un gran abrazo

To: juanjosearias@hotmail.com

Como va a estar equivocado )mon dieu) quien escribe "crueldad" además en una noche de san de Juan, donde el fuego deja bien claro, lo que han quemado, la amistad del hombre, rico o pobre, con quien dicen que es su mejor amigo. Feliz onomástica don Juan...aunque sea pasado el meridiano. Larga vida.

O amor entre o homem e o seu animal de estimação é algo sublime e, deve ser respeitado. Precisamos de leis que tutelem esta relação fraterna entre espécies diferentes, protegendo-a de interferências mesquinhas e cruéis.
Para ambos, mendigo e cão, o que resta, o que os liga à vida, é este afeto mútuo.
Chega de crueldade!


Parabéns pela matéria.

O amor entre o homem e o seu animal de estimação é algo sublime e, deve ser respeitado. Precisamos de leis que tutelem esta relação fraterna entre espécies diferentes, protegendo-a de interferências mesquinhas e cruéis.
Para ambos, mendigo e cão, o que resta, o que os liga à vida, é este afeto mútuo.
Chega de crueldade!


Parabéns pela matéria.

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Sobre el autor

es periodista y escritor traducido en diez idiomas. Fue corresponsal de EL PAIS 18 años en Italia y en el Vaticano, director de BABELIA y Ombudsman del diario. Recibió en Italia el premio a la Cultura del Gobierno. En España fue condecorado con la Cruz al Mérito Civil por el rey Juan Carlos por el conjunto de su obra. Desde hace 12 años informa desde Brasil para este diario donde colabora tambien en la sección de Opinión.

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