Obama faltó a la cita de Rio, donde están aterrizando líderes mundiales de cerca de 200 países. Viene hasta el presidente de Irán, Mahmoud Ahmadinejad. La mayor potencia del mundo y la que más contamina el Planeta ha ahorrado el viaje a su jefe Obama.
Ni qué decir que al gobierno de Dilma le ha desagradado el desplante del jefe de la Casa Blanca, porque Brasil es el anfitrión y desde ayer ostenta hasta la presidencia de la gran asamblea convocada por la ONU U para estudiar los grandes problemas que afectan a nuestro Planeta.
Se ha sabido que la ausencia de Obama, que ha desvirtuado la gran cita ambientalista, no se ha debido, como se ha dicho oficialmente, a las elecciones presidenciales en curso. Las noticias que corren en los medios son que el líder norteamericano prefirió no venir por una razón muy sencilla: si la cumbre fracasaba, siendo él representante de la mayor potencia económica mundial, hubiese sido él quien cargara con la responsabilidad, algo que lo dañaría en las elecciones.
¿Tenía noticias de que Rio+20, convocado 20 años después de Eco 92, también en Rio, iba a fracasar? Es posible. O como mínimo el presidente americano no las tenía todas consigo de que Rio+20 podría acabar con un éxito claro y rotundo.
Y lo peor es que no se ha equivocado. La gran cita ecológica, ha sido un éxito en el campo de las iniciativas de las miles de asociaciones y ONGs internacionales que han traído a Rio un mar de propuestas originales e interesantes para intentar parar la destrucción de nuestro Planeta y para abrir caminos a energías alternativas y nuevos estilo de vida que no saquean la Tierra.
Está siendo, sin embargo, un fracaso a nivel político, ya que los representantes de los países ricos no han querido oír hablar de abrir la cartera para crear un fondo de 30.000 millones de dólares para ayudar a los países más pobres.
Les pareció mucho dinero, mientras en un año han regalado ya a los bancos más de un billón de dólares. Es que los bancos no pueden esperar, se dice. La Tierra,al parecer, sí puede esperar.
La última incógnita es si la presidenta Dilma, recibirá, como él lo desea, al presidente de Irán Ahmadinejad, que negó el Holocausto y condena a la muerte de lapidación a las mujeres. Para la mandataria brasileña no es fácil. El líder de Irán eran gran amigo de Lula, pero la opinión pública preferiría que Dilma no lo recibiera. Ella siempre se ha revelado contra los atropellos de los derechos humanos y es sabido que esos derechos humanos no se respetan en el gobierno de Irán.
Hay 1 Comentarios
Dado que el autor no puede ser un publicista pagado, solo me resta concluir que su amor por Brasil lo enceguece y no le permite ver (ni decir) la verdad
Publicado por: Fernando Perez | 18/06/2012 1:32:22