Juan Arias

Sobre el autor

es periodista y escritor traducido en diez idiomas. Fue corresponsal de EL PAIS 18 años en Italia y en el Vaticano, director de BABELIA y Ombudsman del diario. Recibió en Italia el premio a la Cultura del Gobierno. En España fue condecorado con la Cruz al Mérito Civil por el rey Juan Carlos por el conjunto de su obra. Desde hace 12 años informa desde Brasil para este diario donde colabora tambien en la sección de Opinión.

Eskup

China se quería comer a los míticos burritos brasileños

Por: | 01 de julio de 2012

Tenía escrito este post cuando me llega la noticia de que las presiones de las asociaciones de defensa de los animales y las prortestas de la gente de la calle que llegaron a pedir firmas contra la decisión de China de comprar los  burritos brasileños para alimentos y cosméticos, han hecho a los chinos desistir de su propósito.

Ojalá que tanto las autoridades chinas como los empresarios brasileños, interesados ambos como estaban en vender cada año 300.000 jumentos para los supermercados de carne chinos, no se vuelvan atrás y dejen vivir en paz a los dulces animales cantados por la literatura, delicia de los niños y hoy bibliotecas ambulantes que llevan libros a los rincones más lejanos del Nordeste pobre de este país.

SIGUE EL POST QUE HABIA ESCRITO SOBRE EL TEMA

China quiere comprar, ya sacrificados, cada año, 300.000 burros brasileños para comida y cosméticos. Serán los míticos burros del Nordeste pobre, que ayudaron un día, antes de llegar las motos, a construir sus ciudades. El burro nordestino fue cantado por los poetas de cordel, como Luiz Gonzaga,  en su famoso poema “El jumento es nuestro hermano”.

Asnos nordestinos
Era más que un animal. Era una símbolo. Era el Platero y yo, de Juan Ramón Jiménez, delicia de los niños, que presenta al burrito como “pequeño, peludo, suave, tan blando por fuera, que no lleva huesos” y del que dice el Nóbel español, que era “tierno y mimoso como un niño”.

Los nordestinos están divididos. Los que lo ven como el negocio de China, quieren firmar enseguida el contrato con Pekín Los que tienen memoria histórica, se revuelven. No quieren ver a los burros que hacen parte del patrimonio histórico, convertidos en bocadillos o en cremas para las señoras.

Joao-ubaldoEl gran novelista, João Ubaldo Ribeiro, ha salido en defensa del jumento, aunque confiesa que sin esperanzas porque sabe que, después de las motos, el mítico burro nordestino es ya “tecnología vieja”.

Pero sentencia, con el humor entre tierno y amargo que caracteriza al novelista bahiano: “Para mi, comer burro es una especie de canibalismo. Quizás suene a exageración, pero es que  me acuerdo del burrito de mi infancia, sobretodo el jumento de Nuestro Señor”. Y añade sarcástico: “Y por favor, no me vayan a hacer ahora entrar a Jesús en Jerusalén, a lomo de una moto”.

Los chinos quieren llevarse a los 300.000 burros nordestinos, ya sacrificados, en grandes neveras. Serán sacrificados antes en la tierra que hasta les cantó en versos, agradecida por los tantos servicios prestados.

Platero_y_yo_01Y los 300.000 jumentos muriendo juntos, degollados, me recuerdan la ida a la tumba de Platero, cintada por del poeta español, donde los niños hacen silencio y donde el Nobel de literatura escribe: “!Platero amigo! Si, como pienso, estás ahora en un prado del cielo y llevas sobre tu lomo peludo a los ángeles adolescentes....”

No, los burros nordestinos dejarán de estar en los prados o en la sequedad de su tierra nordestina. No estarán en ningún cielo, sino que acabarán masticados en las bocas de los chinos o hechos perfume en el cuello de damas y caballeros.

De nada serviría, como dice Ubaldo Ribeiro, recordarles a los alcaldes nordestinos que el burro fue ya cantado desde hace cinco mil años, como ha investigado Benjamin Valdivia en una aproximación al simbolismo literario, que va desde los Vedas a García Márquez.

De nada serviría, recordarles que del jumento se han interesado autores tan diferentes como Homero, Platón, Erasmo, Góngora, Shakespeare y Sade y que hasta alcanza tintes teológicos en Así habló Zaratrusta, de Nietzsche. Y Victor Hugo le dedicó un poema antes d morir.

Han hasta querido en el Idiota de Dostoievski, la figura del jumento que parece que no entiende las cosas, pero que en en verdad "entiende las cosas más oscuras"

En la Biblia el jumeto es el animal más protagonizado y citado: 133 veces, en ambos Testamentos. Los cabalistas afirman que en hebreo jumento tiene las mismas letras que la palabta "materia" y es visto como "maestro de los secretos del Universo".

Y hasta el cine. Recuerdo haber visto hace mucho un film en que los burros trabajaban en unas minas  y nunca habían visto la luz. Cuando ya no fueron necesarios decidieron sacrificarlos. Los niños, sensibles con aquella dura condición de los burros que no veían la luz del sol, lo impidieron y los salvaron.

Ironía de la vida, justo ahora, en ese Nordeste donde serán criados jumentos para la comida y los cosméticos chinos, existe una experiencia piloto para incentivar la lectura. Se llama “Burro-libro”. Ha nacido en la localidad de Auzilândia, en Alto Alegre de Pindaré, a 219 kilómetros de Sâo Luis de Maranhão, donde una serie de burros se han convertido en otras tantas bibliotecas ambulantes.

Llegan engalanados, cargados con cestos de libros de literatura. Se paran bajo los árboles y los niños, sentados en el suelo, leen y asisten a oficinas de lectura. Los niños han personificado tanto a a los burros biblioteca que hasta les escriben cartas. Ellos no entenderían nunca que se les pueda comer.

Asno-libro
Y mientras los niños leen o escuchan historias, como la de Platero y yo, donde se exalta la dulzura del burrito, el burro biblioteca, con sus libros a cuestas deberá estar pensando: “Mejor haber acabado siendo una biblioteca ambulante, rodeado de niños que me quieren, a ser mañana masticado por los “caníbales” chinos, en expresión del novelista brasileño.

¿Y los corderos, y los cabritos y los lechones y los becerros de los caníbales carnívoros del mundo entero? Sí, sí, sí, lo se. Quizás sea lo mismo, pero como a Ubaldo, a mi también me sonaría a canibalismo comerme al pobre Platerito. Mejor sería que siguiera llevando a cuestas la alegría de los libros a los niños pobres del Nordeste.

Recuerdo una anécdota de cuando era niño. Vivíamos en una aldea galllega (Arcos de Valdeorras). Eran tiempos de guerra y de hambre. Mis padres, maestros rurales, nos habían dado a los tres hermanos unas monedas para gastar en la fiesta de San Lorenzo, la única del año. Una peseta en monedas de diez céntimos para subirnos unos minutos a los columpios, o ver a un oso viejo bailar, o comprarnos unos barquillos. Yo tenía unos seis años. Salí con mis diez monedas apretadas en la mano, dentro del bolsillo. En la calle me encontré con unos gitanos que llevaban un burrito casi recién nacido. Me enamoré de él. El  gitano lo entendió y me lo quiso vender. Le di todo el dinero de la fiesta y volví a casa con el asno. Mi padre se puso serio, pero después se rió. Lo atamos a una ventana de los bajos de la casa, que era también la escuela y los otros niños venían a traerle de comer.

Pienso hoy que si mi padre hubiese matado al burrito para aliviar nuestra hambre, lo hubiese odiado toda la vida. Aquel animal era para mi más que un animal.

Asno-libro (2)
La lectura de los libros cargados en los cestos de los burros biblioteca del Nordeste brasileño,
es lo que sacará a esos pequeños de su atávica pobreza, la que sus padres y abuelos vivieron juntos, lomo a lomo de sus amados jumentos. Una pobreza, que a cientos de miles les hizo emigrar hacia la rica Sâo Paulo, empezando por la familia de Lula da Silva, el carismático expresidente de Brasil. Nunca, sin embargo, el hambre llevó a los nordestinos a comerse a sus “hermanos jumentos”.
Campesino con sus burros


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