Que la zona del futuro euro deberá limitarse a seis países es una provocación lanzada por el economista alemán Bert Flossbach. La provocación la ha hecho en Brasil a través de una entrevista al diario O Globo.
No niega, sin embargo que la salida de más de diez países, del grupo, que él da por descontada, acompañará “lances dramáticos, con efectos negativos para los seis que permanecerán”.
Flosbach no enumera los seis países que según él, al máximo dentro de cinco años permanecerán solos en el euro, pero nombra algunos de los países que deberán abandonarlo, aunque con consecuencias graves para los que se queden dentro. Cita a Grecia, Portugal, Chipre, España e Italia. Otros irán siguiendo el ejemplo de estos cinco países
Acerca de los seis países que deberían formar el nuevo grupo del euro, aunque sin citarlos, habla de “un núcleo del euro para las economías de Europa Central” que son según el economista alemán, “cultural y económicamente homogéneas”, mientras que "monedas nacionales volverán a operar en los países mediterráneos que hoy están aún en el grupo del euro”.
Es posible, según Flossbach, que alguno de los países escandinavos acepte querer seguir en el núcleo duro del euro.
A Grecia, el economista la considera ya fuera del euro: “Es sólo cuestión de tiempo”, dice, y añade que en el mundo de los mercados, es un hecho aceptado, incluso un alivio, aunque no niega que ello “les crea un gran dolor de cabeza”.
Por lo que se refiere a España e Italia, Flosbach cree que Alemania tendrá que ayudar a sus bancos, ya que la alternativa sería un “desastre inimaginable”. En cuanto a la creación del eurobono, el economista alemán la descarta totalmente por tres razones:
Primero, lo prohíbe la constitución alemana; segundo, esa fórmula de títulos para todos los países del euro con garantías comunes no sería positiva ni para Alemania ni para Europa, y por último, con esos eurobonos, “desaparecería la motivación para que los países hagan una buena política económica”.
A la pregunta de Graça Magalhães de si el euro fue entonces un error, responde categórico: “No hay dudas: esa experiencia ha fracasado”.
Más claro imposible.
Esperemos sólo que se equivoque como se han equivocado docenas de colegas suyos economistas hasta ahora,
que ni siquiera supieron husmear la crisis galopante que llegaba. Estaban sordos.