Kafka, el escritor checo que destripó los absurdos de la burocracia, se ha quedado cortísimo en Brasil en el caso del senador, Demóstenes Torres que acaba de perder su escaño con una votación secreta abrumadora contra él.
El exsenador Demóstenes Torres
El senador, del derechista DEM (Demócratas), era conocido en el Senado, en el que era el líder de su partido, por sus catilinarias contra la corrupción y a favor de la ética. Todo un ejemplo de senador que no tenía pelos en la lengua cuando se trataba de fustigar la ilegalidad de sus colegas.
De repente, el senador "santo" cayó en las redes de la operación policial Monte Carlo que investigaba al famoso empresario de juegos ilegales, Carlinhos Cahoeira, que a cambio de poder llevar a cabo sus operaciones sucias, iba comprando a una serie de políticos.
El senador Demóstenes, ante la incredulidad de sus mismos colegas y de la opinión pública, apareció en cientos de grabaciones de la policía en las que quedaba de manifiesto que había colocado su escaño de senador, sus influencia y su poder a favor de los enjuagues de Cachoeira, que hasta le había regalado un móvil especial, con el cual, según él, podían hablarse sin que la policía pudiera interceptar sus conversaciones. No le sirvió de mucho.
Fue tal la evidencia de su compromiso con el empresario de marras que ha sido el segundo senador expulsado de su cargo en toda la historia de la democracia brasileña.
En su defensa Demóstenes sacó a relucir hasta a Martin Luther King y se consideró una “víctima inocente”. La gran defensa de sus abogados fue que las grabaciones de la policía no eran pruebas suficientes y que él era un “político honrado”.Pero el carácter kafkiano del enredo no acaba ahí.
Envuelve también a muchos de los 52 senadores que votaron contra su expulsión. Declararon, en efecto, que lo habían castigado “sobre todo” por su “arrogancia en la defensa de sus presuntos delitos. O sea, que si hubiese sido más humilde en confesar sus pecados de de corrupción, a lo mejor lo habrían absuelto.
Y ya fuera del Senado, sigue la locura del caso. Resulta que el ahora exsenador era también Procurador de Justicia en el Ministerio Público de Goiás, y ha retomado su cargo a las 24 horas de ser expulsado del Senado. Y con un sueldo de 24.000 reales (unos 10.000 euros) más de lo que gana la Presidenta de la República.
Y aún hay más, con la vuelta a su cargo, el senador podrá pedir un premio de 200.000 reales ( 80.000 euros). Quién tiene que decidir si se le concede dicho premio es nada menos que su hermano, Benedito Torres, actual Procurador General de Justicia del Minsiterio Público del Estado de Goiás.
Y un día, en el futuro, el exsenador que perdió su escaño por “falta de decoro” a su cargo, podrá acumular dos suculentas pensiones, equivalentes a sus sueldos de senador y de procurador de Justicia. O quizás alguna más si es que aún tiene o podrá tener en el futuro algún otro carguito más, en alguna empresa pública o privada.
De la posibilidad de ser juzgado y de poder acabar en la cárcel, no cabe ni imaginarlo. Además porque de ser juzgado tendría que ser en el Supremo Tribunal Federal porque como procurador de Justicia sigue gozando de inmunidad y un proceso a un político en el Supremo, suele durar unos diez años, es decir, cuando generalmente ya han prescrito todos o la mayor parte de los presuntos delitos del político.
Y por último, el substituto de Demóstenes en el Senado, Wilder Morris, es un empresario también acusado de estar envuelto en los casos de corrupción de Cahoeira y tendrá que ser ahora investigado.
Tuvo que tomar posesión casi de escondidas, sin avisar, con sólo cuatro senadores presentes en la sala. Le dio vergüenza hacerlo a la luz del sol.
¿Kafka se quedó o no corto en el caso increíble de este enredo político brasileño?
Carlinhos Cachoeira, el empresario que corrompió a decenas de políticos