La índole de los brasileños fue uno de los primeros temas abordado por este blog cuando salió a la luz el año pasado. A partir de entonces, los comentaristas se han ido enzarzando en discusiones sobre el tema, dividiéndose entre los que ensalzan la índole pacífica, social y acogedora de los brasileños y los que la contestan alegando que se trata de un engaño ya que los brasileños, bajo su capa de cordialidad pueden a veces encerrar una navaja trapera.
Discuten sobre el tema los españoles o los otros latinoamericanos que viven en Brasil y los brasileños que viven en España o en Europa en general. El debate se ha hecho a veces duro en este blog hasta llegar a los insultos, algo que me desagrada profundamente, ya que pienso que se puede discutir, polemizar, criticar, sin llegar a la ofensa personal y más entre lectores que las más de las veces ni se conocen.
No tengo dudas de que definir la idiosincrasia de un pueblo es siempre tarea ardua. Si cada persona es un mundo y lo son cada pueblo y ciudad y hasta cada barrio de la misma, qué decir de un pueblo entero y más como Brasil con casi 200 millones de ciudadanos pertenecientes a regiones tan diferentes como lo pueden ser Sâo Paulo o Bahía o Rio Grande do Sul o Amazonia, que cada uno por sí mismo podría ser como un país de Europa. Brasil es cinco Españas en número de habitantes y quince veces en territorio.
Y a pesar de todo, después de 14 años viviendo en este país, sigo defendiendo que hay algo que caracteriza al brasileño como tal, de una punta a otra del país.
Sea por su herencia portuguesa, por su fuertes componentes africanas e indígenas y más tarde por los casi casi cien países que abrazan a los emigrantes llegados al país, lo cierto es que el brasileño, en el bien o el mal, ha creado una idiosincrasia que le es común a pesar de sus diferencias regionales.
No digo, ni dije nunca, que se trate de trazos positivos o negativos, porque además existen muchas tonalidades en cada realidad sin que todo tenga que ser blanco o negro, bonito o feo, bueno o malo.
Cada pueblo es lo que es. No se trata de hacer juicios, sino de tratar de entender las señales que caracterizan a un pueblo, como hace la antropología, sin juicios de valor.
He oído muchas veces la frase: “Sólo un brasileño...”, como diciendo esto es típico de un brasileño, lo que no quiere decir que ese rasgo o ese “no se qué” que se nos revela como “brasileño”, no se pueda encontrar también en algún otro país, como cuando algún comentarista escribe: “Pues en España es aún peor” o “es mejor”.
De no existir esas diferencias antropológicas, caracteriales, culturales y hasta genéticas, todos los pueblos serían aburridamente iguales. En la diversidad está la riqueza, de ahí el peligro de una cierta globalización mal entendida que puede acabar borrando la riqueza de la diversidad.
Para volver a nuestro tema de la idiosincrasia brasileña, hecha más de curvas que de ángulos, de permisividad que de “sacar pecho”, de indulgencia que de condenas, voy a contar tres pequeñas anécdotas que considero significativas.
Los antrópologos siempre han pensado que las llamadas anécdotas son siempre reveladoras ya que suelen ser la mejor fotografía de la índole de un pueblo.
I-El secuestrador que pide perdón por no haber sido capaz de saber engañar.
En Brasil, organizado al parecer, según la policía, desde dentro de las cárceles, existe desde hace tiempo el llamado “falso secuestro”. Te llaman al teléfono, te dicen que han secuestrado a un hijo a una hija tuya y te piden un rescate. Y te hacen escuchar los gritos del secuestrado que en la angustia del teléfono te parecen siempre reconocibles.
Días atrás, telefonearon a una señora diciéndole que habían secuestrado a una hija suya que aparecía llorando al otro lado del teléfono. La señora, esta vez, riéndose, les dijo: “Quédense tranquilos, porque yo no tengo ninguna hija”. Iba a colgar el teléfono cuando el falso secuestrador le dice: “Lo siento, señora, que nos haya salido mal esta vez. Uno prueba, por si acaso y no siempre acierta. Discúlpenos. Quizás la próxima nos salga mejor”.
¿Podría darse esta anécdota en Alemania o en Gran Bretaña o en España misma? No creo. En Brasil, sí es posible.
II-El banco que pide perdón al cliente después de haberle hecho desesperar.
Lo ha contado en el programa Club de los corresponsales, de la cadena televisiva Globo News, el corresponsal en Brasil del diario La Nación de Buenos Aires, tratando de explicar uno de los rasgos típicos de los brasileños. Contó que había perdido dos tarjetas de crédito: una de los Estados Unidos y otra brasileña. El asunto con la americana lo resolvió en pocos segundos y sin una palabra por parte del banco. Ya con la tarjeta brasileña fue toda una odisea de burocracias y repetidas llamadas telefónicas. Al final, cuando por fin todo estuvo concluido, al otro lado del teléfono, el empleado le dijo: “Bueno, que pase usted un día feliz”. Así.
III-Será una condena sin sangre
En Brasil se está celebrando en el Supremo un importante un proceso judicial de gran envergadura política, el llamado mensalão, un supuesto escándalo de corrupción, que tantos dolores de cabeza le dio a Lula en su primer mandato. Los reos son 36, entre políticos, banqueros, empresarios etc. La Fiscalía ha pedido para todos condena y cárcel. La defensa niega todos los cargos de sus clientes.
Pues bien. Ayer, Ancelmo Gois en su columna en el diario O Globo, una de las más leídas del país, cuenta la siguiente anécdota recogida, dice, entre expertos de derecho. Según dicha noticia, el Supremo, ante la presión de la calle va a condenar a algunos de los presuntos reos, “pero sin derramamiento de sangre”
Gois recuerda la frase del famoso político brasileño, Pinheiro Machado quién ya en en el siglo XIX escribía que lo mejor era actuar “ni tan despacio que parezca afrenta, ni tan rápido que pueda parecer miedo”.Traducido: ni una sentencia tan absolutoria que pudiera escandalizar, ni tan dura que pudiera parecer que los jueces han tenido miedo de la presión pública. O sea, un sí, pero, no, típicamente brasileño.
Curiosamente me ha hecho pensar en una frase famosa del gran pensador Nietzsche, que poco debía saber de Brasil y que escribió: “No nos dejemos quemar por nuestras opiniones; no estamos tan seguros de ellas. Pero tal vez por poder tener nuestras opiniones, podamos también cambiarlas”.
¿Curioso, no? ¿O simplemente brasileño?