Hay quién se pregunta por qué Brasil crece tan poco a pesar de su pujanza comercial y sus riquezas naturales. No sólo entre los países emergentes sino también dentro de América Latina, la sexta economía del mundo, paradojalmente, es uno de los países que menos crecen.
Las previsiones para este 2012 son de un crecimiento de menos de un 2%. Muy poco para el gigante americano. ¿A qué se debe?
El economista, Edmar Bacha, uno de los formuladores del Plan Real, ha dado algunas pistas sobre este fenómeno durante una conferencia en el seminario “Para donde va América Latina”, organizado por el Instituto Brasileño de Economía de la Fundación Getulio Vargas.
Bacha preconiza que “ a no ser que haya un milagro brasileño de reapertura de la economía que ha sido frustrada”, Brasil seguirá con un crecimiento bajo para sus potencialidades.
Eso porque las importaciones de Brasil están entre un 11% y un 13% del PIB, mucho menos que los otros países latinoamericanos y de los Brics y que la media mundial que está entre un 23% y un 28%.
"Más aún, si sumamos exportaciones + importaciones y las expresamos como % del PIB, en Brasil da alrededor de un 20%, mientras el de China, por ejemplo es 80% y Alemania y Chile un 50%", explica el economista Andrés Cardó.
Ello significa, según él, que Brasil "sigue teniendo una economía cerrada, orientada sobretodo a su mercado interno, que siempre es limitado, mientras que el internacional es infinito".
Otro problema relacionado con esto es "el proteccionismo que mantiene industrias artificialmente por la protección impositiva y arancelaria".
A ello hay que añadir la subida de costes internos que encarece insumos y bienes de capital importados, dificultando aún más la exportación.
Un caso claro, según Bacha, es el de Embraer, la Empresa brasileña de Aeronáutica que importa cerca del 70% de los componentes de aviones que exporta. “Embraer es el ejemplo típico de algo acertado después de la privatización. Pero tiene éxito porque no peca de esa política errada de componentes nacionales como los que, por ejemplo, se están practicando en la industria del pré-sal, en el campo del petroleo. Es una política que va a impedir la explotación de los grandes yacimientos petrolíferos brasileños”, afirmó Bacha.
Todo ello produce dos efectos negativos: la industria nacional se queda fuera de las cadenas productivas globales, al mismo tiempo que se da la desindustrialización. Por ello, según el economista “reaccionar a la desindustrialización con políticas de contenido nacional es un error”.
¿Cual sería la fórmula para no caer en esa trampa que contrae el crecimiento? Abriendo la economía para tener “muchas industrias como Embraer”, afirma Bacha.
De ahí que el modelo de industrialización de Brasil, forjado en el proteccionismo, contribuya también a la reducción del ahorro.
El gran pecado de la economía de Brasil es que el país invierte poco en relación con los otros países emergentes.
En el fondo de todo se esconde un problema político que siempre afectó a Brasil y que una parte del Partido de los Trabajadores agudizó: el de un cierto nacionalismo que arrastra hacia el proteccionismo y el miedo a abrirse al exterior.
Según algunos analistas políticos, el expresidente Lula intentó abrir el país hacia fuera permitiendo la entrada de capitales y empresas extranjeras en la linea de lo que ya había comenzado su antecesor, el socialdemócrata, Fernando Henrique Cardoso, que dió luz verde a las privatizaciones.
Habrá que ver hasta que punto su sucesora Dilma que entró con fama de nacionalista, será capaz de abrir la economía al mundo, justo en un momento en que presenta señales de cansancio con un bajón en los últimos meses de un 5% de la industria nacional.
A pesar de que su partido, el PT fue siempre contrario a las privatizaciones, Dilma ha empezado a privatizar, por ejemplo, aeropuertos, aunque para que no aparezcan como tales privatizaciones el gobierno las califica de "concesiones".
Lo que queda claro es que la sola economía nacional, en un mundo totalmente globalizado e intercomunicado, no bastará a Brasil para ser Brasil, es decir, una fuerza económica a la altura de sus grandes posibilidades.