Juan Arias

Sobre el autor

es periodista y escritor traducido en diez idiomas. Fue corresponsal de EL PAIS 18 años en Italia y en el Vaticano, director de BABELIA y Ombudsman del diario. Recibió en Italia el premio a la Cultura del Gobierno. En España fue condecorado con la Cruz al Mérito Civil por el rey Juan Carlos por el conjunto de su obra. Desde hace 12 años informa desde Brasil para este diario donde colabora tambien en la sección de Opinión.

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En Brasil, de norte a sur, todos se sienten brasileños....

Por: | 25 de septiembre de 2012

Mientras veo a mi España desgarrada, en Brasil, donde vivo, me emociona el ver que de norte a sur de este país, casi un continente, todos se sienten brasileños.

Una de las cosas, en efecto, que más llaman la atención de los españoles que aterrizan en esta tierra, es esa unidad de los brasileños, que no conciben no ser tales.

Al revés, lo que choca a los brasileños, cuando se lo explican, es que en España haya españoles que no se sientan tales y que hasta les gustaría no serlo más.

Y se preguntan el motivo. A veces piensan que pueda ser la diversidad de lenguas, pero tampoco llegan a entenderlo porque saben, porque lo preguntan, que todos, catalanes, vascos, gallegos, etc, hablan también español desde la cuna.

Es verdad que los brasileños hablan un solo idioma, pero ya tuvieron hasta quinientos diferentes y aún se hablan varias lenguas indígenas. Y en algunos lugares hasta alemán.

Esa unidad demostrada hasta con un cierto orgullo por los brasileños de norte a sur y dentro de todas las clases sociales, convive con diferencias abismales, a veces antagónicas.

Ni las terribles desigualdades sociales y económicas, individuales y regionales; ni las enormes  diferencias  culturales y étnicas, ni las advertidas visiblemente en la educación o en la gastronomía, hacen sin embargo mella en ese sentirse todos brasileños.

Darcy Ribeiro (2)Darcy Ribeiro, el mayor antropólogo que ya tuvo este país, fue quién mejor describió la diversidad de Brasil, en su famoso libro O Povo Brasileiro. No escondió las profundas heridas que en este pueblo dejaron la esclavitud y las tiranías de los que se sintieron un día dueños del país. Y escribió que, en realidad, Brasil no es un sólo pueblo, son muchos. Y sin embargo es Ribeiro, el que mejor ha explicado ese “ser una cosa sola” de los brasileños.

“Los brasileños, se sienten, se saben y se comportan como una sola cosa y pertenecen a una sola etnia. Esa unidad no significa, sin embargo uniformidad. El hombre se adaptó al medio ambiente y creó modos de vida  diferentes. La urbanización contribuyó para uniformizar a los brasileños, sin eliminar sus diferencias. Más que una simple etnia, Brasil es un pueblo nación, asentado en un territorio propio para en él vivir su destino”, escribe el antropólogo que retrató a este pueblo mejor que nadie.

Y toda esa unidad, esa ausencia de nacionalismo, esa falta de desgarros regionales, es más asombrosa si se piensa en las dimensiones de este país, el quinto más poblado del mundo y el quinto con mayor territorio del Planeta. Y el número uno en habitantes de América Latina, con sus casi 200 millones.

Ni al Estado de São Paulo, con 41 millones de habitantes (casi como España), y con el 24% del PIB nacional; ni al Estado de Minas Gerais, con sus 20 millones y sus grandes riquezas, ni al de Rio de Janeiro con 17 millones, o Rio Grande do Sur con 10 millones, todos mayores que Cataluña o Madrid, se les ocurriría pensar en independizarse o convertirse en una nueva nación.

Y nadie podrá decir que entre el Estado de São Paulo y el de Bahía o el de Amazonia o el de Rio Grande do Sul, o del Acre (que ya fue un día de Bolivia), no existan diferencias fundamentales. Muchas más no digo ya que entre Andalucía y Galicia o entre Cataluña y León o entre el país Vasco y Canarias, sino también como entre el Reino Unido y Grecia, o entre Alemania e Italia.

Darcy ribeiroY me pregunto, desde aquí, desde Brasil, por qué los españoles no podemos sentir esa dulce sensación de los brasileños, del norte o del sur, ricos o pobres, eruditos o analfabetos, de ser todos de ese “pueblo nación” del que habla Ribeiro. O por qué no podemos sentir todo el orgullo de pertenecer a un mismo territorio “sin eliminar las diferencias”, en frase también del antropólogo.

Podríamos preguntarnos cómo va a ser posible sentir bullir en el corazón la llama feliz de ser todos europeos, hijos de uno de los proyectos políticos más formidables creados en siglos, si nos cuesta tanto hasta sentirnos a todos españoles.

Y también por qué los brasileños en un país en el que caben 15 Españas, con cinco veces más de habitantes que ella, son capaces de “sentirse una sola cosa”, a pesar de sus diferencias, como dice Ribeiro y no lo somos nosotros en ese nuestro pañuelo, rico de historia y de creativas diferencias.

?Pregunta sin respuesta?

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