Dilma y Eduardo Campos
Los resultados de las elecciones municipales de Brasil indican que el país crece a la izquierda. En efecto, los tres partidos que han salido de las urnas con los mejores resultados han sido el Partido de los Trabajadores (PT); el Partido Socialista Democrático de Brasil (PSDB) y el Partido Socialista de Brasil (PSB), los tres teóricamente con ideología socialdemócrata o socialista.
En Sâo Paulo, la capital financiera del país con más de 20 millones, la
tercera urbe mayor del mundo, al final van a disputar la segunda vuelta
los candidatos, José serra y Fernando Haddad, de los grandes partidos PSDB y PT, que siempre se han disputado la
importante alcaldía y ambos aparecen con aspenas un 1% de diferencia de votos.
Y eso tratándose de elecciones municipales que suelen ser las menos politizadas, ya que los votantes suelen poner sus ojos más en las realizaciones concretas que atañen a los problemas más inmediatos y tierra a tierra de la ciudad.
Como mínimo habría que concluir que los alcaldes de dichos partidos de izquierdas satisfacen en mayor medida que los más conservadores las ansiedades y necesidades de los ciudadanos. Ofrecen mayor confianza.
Es cierto que en Brasil es difícil descubrir una ideología clara en las docenas de partidos que componen el conjunto del país, cuya disminución es una de las arduas tareas de la nunca presentada reforma política.
Hoy, la mayoría de los partidos son simples comodines para formar gobiernos, que se ofrecen más que por ideología a cambio de prebendas, sobretodo de cargos en la función pública y en las empresas estatales, lo que facilita tantas veces los fenómenos de corrupción.
Sin embargo, en líneas generales, Brasil acaba inclinándose siempre
hacia las políticas de la izquierda social. Y un dato significativo es
que ningún partido ni los que lo son por historia o cultura quieren
nunca calificarse como de derechas. Entre tantos partidos, en efecto ni
uno sólo, ni los más conservadores, lleva en su nombre la etiqueta de
derechas. Todos quieren ser progresistas.
Como acaban de demostrar las elecciones de ayer domingo, los tres
grandes partidos de izquierdas: PT, PSDB y PSB son los que han
conseguido elegir mayor número de alcaldes,junto con el centrista PMDB, y los que disputarán más
alcaldías en la segunda vuelta.
Un fenómeno que confirma esta tendencia es el crecimiento en estos
últimos años del Partido Socialista de Brasil (PSB), del gobernador de
Pernambuco, Eduardo Campos, hasta ahora aliado fiel de los gobiernos de
Lula y Dilma pero que el consenso exteraordinario que le están otorgando
los ciudadanos han hecho pensar ya a Campos, que en 2014 y como máximo
en 2018, dejará de ser partido satélite del gobierno para tentar la
aventura de conquistar la Presidencia de la República.
Sólo del 2008 a hoy, el PSB ha crecido más que todos los otros partidos. Hoy cuenta con seis gobernadores, unos 30 diputados federales y ha aumentado más de cien alcaldías pasando de las 309 de 2008 a las más de 400 actuales. Y sigue creciendo.
Incluso esta vez, el PSB tuvo que competir en dos grandes capitales como Recife y Belo Horizonte con dos candidatos que le había colocado el expresidente Lula contra los candidatos del PSB, rompiendo por primera vez una alianza de años.
Lula perdió la batalla, ya en la primera vuelta y Campos consiguió elegir a sus dos candidatos.
De alguna forma, Brasil, está caminando a contramano a Europa y concretamente a España, como he escrito en un artículo para este mismo diario, ya que los dos grandes partidos tradicionales (PSOE y PP) pierden cada día más adeptos, desencantados con sus políticas tanto a izquierda como a derecha.
Aquí los grandes partidos tradicionales acaban saliendo victoriosos en todas las elecciones.
¿Será que también aquí se cumple la famosa frase de “Es la economía, estúpido”? Quizás, aunque no sólo. Existe también el hecho de que esos grandes partidos presentan políticas sociales de peso para rescatar del submundo de la pobreza y de la miseria a millones de ciudadanos, que acaban siéndoles agradecidos.