Juan Arias

El miedo al infierno de un poeta ateo

Por: | 25 de noviembre de 2012

Pesebre en la basilica de San pedroPesebre de la Basílica de San Pedro

Nunca imaginé que la idea del papa Benedicto XVI de dejarnos estas Navidades sin mula y sin buey en el pesebre, pudiera despertar tantas pasiones. Así como la desaparición del limbo de los niños y la desmitificación del infierno por parte de la Iglesia.

He leído todos los comentarios con respeto y me sería imposible responder a todos. Quiero sólo aclarar que mis críticas a la Iglesia oficial del Vaticano, que hice durante toda mi vida, quizás porque la conocí muy de cerca, no significan una crítica a los millones de cristianos y católicos dignos, fieles a los ideales  de dicha fe, centrada en el único mandamiento verdadero que es el amar a los demás como querrías ser amado.

Todo el resto es política, deseos de poder temporal, cosas todas ellas que Jesús aborreció y contra las que luchó en su vida hasta ser eliminado por el poder de turno.

Respeto, admiro y me sirven aún hoy de guía y ejemplo esos cristianos, que, como aquí en Brasil, ajenos a las manipulaciones vaticanas dedican su vida a los más pobres y sacrifican su tiempo y sus fuerzas a defender los derechos de los más despreciados por la sociedad.

Y soy un enamorado de toda la vida de la figura maravillosa de Jesús, no Dios, sino “Hijo del hombre” como él se definió con una expresión aramaica, que significa “hombre”. Jamás aparece una sola afirmación suya considerándose Dios. Era tan humano y frágil que cuando muere en la cruz no entiende por qué Dios lo había abandonado. Y se le queja. Y aquel temblor de miedo y perplejidad es la que nos zarandea tantas veces a todos nosotros en los momentos difíciles de nuestra vida.

Algunos comentarios me han divertido con su carga de humor como el de Nerva cuando dice que el pesebre fue demolido por una constructora para edificar viviendas, pero que vino la burbuja inmobiliaria y lo estropeó todo.

La brasileña Paula recomienda a todos los españoles que tienen miedo a curas y obispos, al fuego del infierno y al juicio final “que vengan a Brasil, conozcan el sincretismo religioso, la tolerancia y la alegría”. No le falta razón.

Tajante el comentario de Rider cuando escribe que “si el papa Ratzinger quería darnos un pelotazo en esta Navidad, en vez de meterse con la mula y el buey del pesebre, podía meterse con los banqueros y especuladores, lo que sería una novedad en el Vaticano”.

ManuscritoJesús con los instrumentos de trabajo. Manuscrito del siglo XV, obra de Jean Bourdichon, propiedad de Jon Irazabal, lector del blog.

Lo que ocurre es que el Papa no puede tirar piedras contra su tejado ya que en su mismo Banco Vaticano (IOR) está peleando con sucios presuntos escándalos de corrupción que se arrastran desde que el banco pontificio acabó años atrás en los tribunales italianos, al haberse mezclado en tiempos de su director el obispo Paul Marcinkus, en una turbia trama de mafias y masonería con asesinatos y todo, como el del banquero Roberto Calvi encontrado ahorcado en un puente de Londres.

Sin contar que hasta la muerte misteriosa de Juan Pablo I, que duró sólo 30 días, pudo estar estrechamente ligada a los turbios asuntos del banco del Papa.

Algunos lectores me acusan de hacer afirmaciones sin probarlas. Olvidan que escribo en un blog, en el que sólo caben pinceladas. Todas esas afirmaciones están sobradamente estudiadas en varios de mi libros publicados los últimos años.

Una cosa me ha impresionado en algunos comentarios de católicos fervorosos, que enfatizan el hecho de que la Iglesia nunca consideró dogma de fe la existencia del limbo de los niños.

Es como si se le quisieran quitar importancia al hecho de que en el catecismo de la Iglesia Católica (CIC) promulgado en 1992 por el Papa Juan Pablo II y ratificado por el actual pontífice en 2007, desapareciera la figura del limbo.

NazaretLo cierto es que la Iglesia tuvo la friolera de mil quinientos años para quitarse de encima ese triste sambenito colocado sobre las espaldas de los niños, inventado por San Agustin y ratificado por el doctor de la Iglesia Santo Tomás de Aquino.

Y el papa Ratzinger, antes aún de sancionar definitivamente lo que ya había sido pergeñado por el papa Wojtyla, reunió nada menos que a 30 de los mayores teólogos de la Iglesia, para discutir con ellos y tomar una decisión definitiva sobre la existencia del limbo.

No es posible eludir en esta decisión del Vaticano de acabar ahora y no antes con el limbo bajo el pretexto que nunca fue dogma de fe, la sospecha de que lo que preocupa hoy especialmente a la Iglesia de Roma es el tema del aborto, de los fetos y de los embriones que para ella tienen vida y alma, así como el hecho de que están disminuyendo drásticamente, los bautizos infantiles.

En una sociedad, incluso en el ámbito católico, en la que el número de abortos aumenta vertiginosamente y existe un comercio de embriones, seguir defendiendo que los niños o los fetos muertos sin bautismo no pueden salvarse al no haber recibido el bautismo, resultaba a la Iglesia cada vez más complicado.

Cardenal William J.LevadaNo me estoy inventando nada. Son significativas al respecto, las afirmaciones del arzobispo católico americano, William J.Levada, exprefecto de la Congregación de la Fe, que presidió los trabajos de la comisión de teólogos convocados por el Vaticano para dirimir la existencia o no del limbo.

“Está aumentando el número de niños no bautizados en las sociedades occidentales marcadas por el relativismo cultural y el pluralismo religioso”, dijo Levada, recordando que crece también el número de abortos y la manipulación de embriones.

En la Comisión de teólogos presida por el Papa Ratzinger, se puso de relieve que mientras la Iglesia no tomase la decisión de admitir que el limbo no existe, esos niños muertos sin bautismo, seguirían siendo considerados sin la posibilidad de salvarse.

Más aún, para el limbo irían también los niños muertos en el parto, así como los fetos abortados voluntaria o espontáneamente, los embriones y los óvulos fecundados que la Iglesia considera seres humanos con alma.

Digan lo que digan, sólo ahora, después de quince siglos, la Iglesia ha sentido la necesidad de eliminar el limbo dado que el tema del aborto y de los embriones fecundados se ha hecho más acuciante que nunca entre los católicos.

No hace falta que el limbo no fuera considerado dogma de fe por la Iglesia. En verdad dogmas de fe existen muy pocos. Se cuentan con los dedos de la mano. Lo cierto es que la doctrina del limbo aparece en el catecismo de Pio X en 1904 y atormentó durante siglos a millones de madres que sufrieron pensando que sus hijos muertos sin bautizar no podían ir al cielo. Entre ellas la madre de Wojtyla, el papa polaco.

Bautizo
Era tal el miedo de los fieles católicos de que sus hijos muertos durante el parto o antes de nacer acabasen en el limbo que provocó bautizos incluso durante las cesáreas en madres muertas.

Hasta hace poco, la Iglesia lamentaba que los niños muertos sin bautismo no pudieran ir al cielo y lo justificaba con el hecho de que el pecado original y el bautismo “no eran asuntos banales para los teólogos”.

Se dice que la Iglesia ha acabado con el limbo, por el hecho de no ser dogma de fe. Con ese raciocinio la Iglesia debería eliminar la mayor parte de su doctrina. Tampoco, por ejemplo, es dogma de fe que las mujeres no puedan ser sacerdotes y la Iglesia lo prohíbe. Menos aún lo es el celibato obligatorio del clero, y lo sigue exigiendo.

No es ningún dogma de fe que un feto tenga alma y la Iglesia lo defiende con uñas y dientes.

No es dogma de fe que el Papa tenga que ser Jefe de Estado, y lo sigue siendo. Ni es dogma la confesión individual que se impuso muy tarde. Ni que la sexualidad sea destinada sólo a la procreación. Y menos aún que el Vaticano tenga que tener un Banco propio. Y por tener tuvo hasta la pena de muerte, que fue abolida hace sólo unos años por el papa Pablo VI.

El infierno de Dante
Y por último, para los que puedan considerar que también la doctrina del infierno, hoy rebajada por los papas a un puro “estado de ánimo” y no a un lugar físico de torturas eternas como defendió durante siglos, era algo inocuo, recojo el comentario de un lector, que se firma Juan y escribe:

“Cuando pequeño me enseñaban el catecismo. Lo que más me atemorizaba era el infierno. Su descripción me llenaba de espanto, y hasta hoy, a veces me exaltan pesadillas a pesar de que cada vez me alejo más de esas ridículas supersticiones. Creo que deberían prohibir estrictamente a todas las religiones amenazar e incluir tales barbaridades a los niños y niñas en todo el mundo”.

João Cabral de Melo NetoQue el recuerdo del infierno tal como lo explicó siempre la Iglesia hasta ahora, despierta miedo hasta en ateos y agnósticos a la hora de morir, lo he podido comprobar con la siguiente historia que me contó personalmente el teólogo franciscano de la Liberación, Leonardo Boff.

Cuando el famoso poeta brasileño, el ateo João Cabral de Melo Neto, que fue embajador de Brasil en España y candidato al Nobel de Literatura, estaba para morir, quiso llamar a su lado a un sacerdote católico a pesar de durante toda su vida había hecho profesión de ateismo.

Y él mismo escogió al franciscano Leonardo Boff a quién el actual Papa, había condenado al silencio cuando era el responsable de la Congregación para la Doctrina de la Fe.

Con voz débil y cogiendo las manos de Boff, el poeta le dijo: “Aunque no creo, aquel recuerdo del catecismo que me enseñaban de niño sobre las penas del infierno sigue aterrorizándome y no me deja morir en paz”.

Leonardo BoffBoff, que posee una gran humanidad y que es defensor toda la vida de la misericordia de Dios, le dijo: “Muera tranquilo, que quién fue capaz de escribir una obra como “Muerte y vida de Severina”, no puede ir a ningún infierno.

En esa obra, el poeta brasileño derrama, en efecto, toda su humanidad describiendo el dolor de una familia humilde que huye de la sequía del nordeste pobre del país, en busca de comida y futuro. Y es el rescate de la muerte a través del nacimiento inesperado de un niño.

No fue, pues, tan inocente la predicación que la Iglesia hizo durante siglos de aquel infierno de fuego y azufre, que tan bien describió Dante Alighiere en su Divina Comedia si atormenta hasta a los ateos en la hora suprema del adiós a la vida.

FELIZ NAVIDAD

Ah, y con mula o sin mula, con buey o sin buey, feliz Navidad a todos, que como dicen algunos comentaristas, no se puede quitar a los niños ni a los grandes los sueños de la infancia y las tradiciones familiares que nada tienen que ver con dogmas y castigos.

Cada ser humano es un pesebre de esperanza; un anhelo de felicidad y un imperativo de imaginarnos mundos mejores para poder soportar la dura realidad que nos aprieta y, a veces, hasta nos mata.

Aunque sé por mis estudios bíblicos que Jesús no nació en Belén ni en un pesebre, sino en la pequeña aldea de Nazaret, no me molesta la tradición del nacimiento, instituida por San Francisco de Asís en la Edad media. Francisco fue sin duda el personaje cristiano, seguidor antes del misticismo sufí, que más llegó a parecerse al Jesús de los Evangelios.

En tiempos de ecología, de defensa de los animales y de la Tierra, la presencia en el pesebre de la simpática mula y del dulce buey, nos trae simbólicamente, los latidos de la actualidad más preocupada que nunca por el amor a todas las criaturas vivas del Planeta.

En los pesebres españoles de este año, yo colocaría también la imagen dolorosa de todos los desahuciados de sus casas por la codicia, esa sí incrédula e injusta, de banqueros y especuladores financieros. Ellas, más que nadie, necesitan en esta hora de la ternura del Dios fustigador de los poderosos y acogedor de la pena y del dolor ajeno.

BelenBelén español: sin mula, sin buey y sobretodo sin CASA

Hay 6 Comentarios

Feliz solsitico de invierno (navidad) sin aliento de mula, ni buey, ..que seguramente Ratzinger se va a Brasil a bañarse de calor.

Gracias hernano, este artículo por ser poesía revela tu vivencia religiosa, social, política y actual. Solamente las personas que abren su intimidad muestran el rostro del Dios Padre, cielo de todos sus hijos y seres creados. Tu intimidad supera divergencias y aumenta la relación humana que fecunda a la Naturaleza. Navidad , fiesta de la fecundidad.Gracias por las felicidades.


Me dicen que solo los españoles son capaces de ser enteramente católicos o enteramente impios. No sé si es verdad, pero Usted se clasificaria perfectamente en el último término de la clasificación, y estaria bien ahí: entermante impio.


Publicado por: Juan Antonio Arrozabal

Muy bueno el artículo,e impagable, la anécdota del poeta ateo. Gracias al autor.

maravilloso! de verdad, no quiere ser presidente de España? ojala se le pudiera obligar!
un cordial saludo!

A mi ahora me está pasando -sin ser tan inteligente como él- lo que le pasó al forista "Ciudadano". Este blog me aburre, por la falta de debate, por la insistencia en la visión infantiloide, básica, catequística y primaria de los temas que aborda. Y por esa visión de diácono falsamente transgresor del autor.
Supongo que JA se regodeará de ello, ya que prefiere comentaristas despuntados que aplaudan como focas las tonterías a las que le dedica tiempo y espacio cuando podría dedicárselo provechosamente al debate actual, serio y útil.
Yo mismo no lo sé con certeza, pero es probable que ésta sea una misiva de despedida.

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Sobre el autor

es periodista y escritor traducido en diez idiomas. Fue corresponsal de EL PAIS 18 años en Italia y en el Vaticano, director de BABELIA y Ombudsman del diario. Recibió en Italia el premio a la Cultura del Gobierno. En España fue condecorado con la Cruz al Mérito Civil por el rey Juan Carlos por el conjunto de su obra. Desde hace 12 años informa desde Brasil para este diario donde colabora tambien en la sección de Opinión.

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