Juan Arias

El tronco seco del que brotó vida

Por: | 20 de diciembre de 2013

Tronco
Como mis lectores saben, vivo en un pueblecito de pescadores, frente al Atlántico, a unos kilómetros de Río, que lleva el nombre indígena de Saquarema. Aquí, la Navidad es sin nieve, disfrutada en las playas de arena blanca. No hay turrón ni villancicos, pero sí mucha alegría y pavo disfrutado en familia.

Días atrás, paseaba por la acera de una calle toda de casitas modestas, pero todas con su jardín tropical y sus imprescindibles cocoteros. Aquí, la acera de las casas es de dominio del propietario de la misma. El municipio les deja a los ciudadanos hacer de ella lo que mejor gusten. Unos plantan flores o cactus. Algunos hasta árboles. Pasando por una de esas aceras, noté que el propietario había cortado una amendoeira que se había secado. La cortó dejando parte del tronco que acabó convirtiéndose en un banquito para sentarse.

Mientras pasaba por allí, las mujeres volvían de un mercado llevando para casa las primeras compras para la cena navideña. Observé que en aquel  tronco seco de meses, había nacido una familia de hongos de la madera, color naranja.  Era un pedazo de vida brotando de la muerte. Y lo vi como un símbolo de la Navidad, que no es otra cosa que la celebración del misterio de la vida. Los cristianos celebran el nacimiento de un niño al que llaman  el Salvador, símbolo de esperanza y de redención.

Pero la Navidad es algo más. Es también el recuerdo perenne de que la vida es más fuerte que la muerte. Por eso seguimos existiendo en este pedazo minúsculo del firmamento. Cada niño que nace, cada ser vivo que abre los ojos a la existencia, racional o no, cada animal y cada planta que brota, son dignos de celebración.

Quizás por ello, en el inconsciente colectivo, la Navidad lleva encerrado en su DNA, ese gusto por la vida, esa maravillosa sensación de cada ser que llega de la nada a visitarnos y llega a  traernos una nueva vibración de vida.

Y como todo lo relacionado con la vida, lleva intrínseco el recuerdo de que ella no es eterna, que es sólo una rueda que gira entre entre un amanecer y un atardecer, entre un nacimiento y un adiós definitivo.

Por ello, la Navidad suele ser siempre agridulce. Nos reunimos los aún vivos para recordar también a los que nos dejaron. La Nochebuena en familia está cargada de simbolismos y corren, a veces, por el río de alegría ritual celebrada juntos, pequeñas venas de una sutil y no declarada tristeza oculta.

La familia ideal no existe. Los conflictos familiares los conocemos todos, y afloran a veces con fuerza en estos días en los que nos esforzamos por estar más juntos y olvidar las aristas.

Hoy la familia es muchas veces múltiple. Existen unas familias dentro de otras. ¿Con quien pasan la Navidad los hijos del primer matrimonio? ¿Cómo reunirse en la misma mesa festiva hermanos desgarrados en su cotidiano? Todo ello hace parte de la Navidad que,  a su vez , hace parte de la vida,

Después llega el Año Nuevo. Y ahí, sí, el sentimiento de alegría es más universal. Como en un coro, todos, sin distinción, nos deseamos y deseamos para el otro, un año por lo menos no peor que el que se fue y, si posible, mejor.

Es la fuerza de la vida, que si es capaz de brotar de un tronco seco, lo es también de renovar esas esperanzas que, en el trajín doloroso del cotidiano, pueden parecer a veces muertas o adormecidas.
Por eso, para mi puñado de lectores, para ellos y sus familias mi

¡Feliz Nochebuena! Y mis deseos de un 2014, cargado de nuevas ilusiones y sorpresas, vividas con la inocente y fervorosa felicidad con la que nuestros niños reciben sus regalos de manos de los misteriosos Reyes Magos, o como aquí en Brasil, del bonachón papá Noel.

  Wounda (29)

El chimpancé Wounda se despide de Jane Goodall que cuidó de él desde niño, cuando unos cazadores mataron a su madre. La foto recoge el momento en que, adulto,  Wounda se despide de Jane antes de ser dejado libre en la selva.

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Entre tantas noticias desesperanzadoras de una clase politica que parece haberse entregado al nuevo-viejo idolo del dinero pasando por encima de las personas y entrando otra vez en un nuevo siglo inquietante, tenemos este blog que nos recuerda nuestra humanidad. Y que los animales son un espejo en el que nos medimos. Bom Natal!

Não nos esqueçamos de que Cristo era um judeu. Maria, sua mãe, uma menina judia de 16 anos, que apareceu grávida e José era um carpinteiro judeu que assumiu em silêncio o filho que não era seu. José deu-lhe proteção, amor e cuidados. Então, no Natal também é época de lembrar nossos ancestrais e irmãos, os judeus.

Cuando nos miramos reflejados desde nuestra capacidad pensante, en la vida brotando o ambulante que junto a nosotros discurre, entendemos mejor desde esa óptica el mensaje de La Navidad.
En el Credo Cristiano, el nacimiento de una persona importante, que luego devino en ofrenda consciente, entregándose al sacrificio.
Como firma de todas sus enseñanzas, el nacimiento de Cristo marca en la historia de la humanidad un antes y un después.
Con la vida como eje principal, frente a la muerte, la no existencia, la pérdida de la oportunidad de brotar a la vida.
A nuestro alrededor.
En todas partes solo abriendo los ojos, o los oídos, o el alma, o el corazón, o la inteligencia.
Es que da lo mismo.
Ejerciendo como personas inteligentes, dando igual el idioma, o el sitio.
La vida es un proyecto enorme que nos comprende a nosotros los seres humanos también.
Como actores principales.

Juan Arias recibe de mi parte un fuerte saludo navideño. De hecho has escrito un ensayo filosófico del eterno venir a ser de los seres y las cosas. Las ideas están muy bien dibujadas en tu lienzo mental... eres un gran artista.

Caro Juan Arias,

Hago mía tus palabras:

"¡Feliz Nochebuena! Y mis deseos de un 2014, cargado de nuevas ilusiones y sorpresas, vividas con la inocente y fervorosa felicidad con la que nuestros niños reciben sus regalos de manos de los misteriosos Reyes Magos, o como aquí en Brasil, del bonachón papá Noel."

La figura emblemática del tronco seco que brota vida me recordo que , años atrás, cuando aun mis chicos eran ninõs, apsamos el fin de año en la playa de enfrente de tu casa, en Saquerema, en la noche vieja mis hijos,a dmirados de la alegria del Pueblo, se fijaron, claro, en los abrazôs, besos y gestos eróticos, rodando en la blanca arena de la playa. de repente mi hijo pré-adolescente me disse: Padre, dentro de nueve meses saldrán tantos hijos de Yemanjá!!!.
Esto es la vida del paraiso de la vida que sentimos en la realidade que creamos.
Gracias, Juan por tu felicitación llena de vida.

Esa fotografía del chimpancé y la doctora Goodall abrazándose mutuamente, será inolvidable. Gracias por dejarla aquí para que no nos olvidemos de nuestros hermanos antecesores. Cordiales y emocionados saludos.

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Sobre el autor

es periodista y escritor traducido en diez idiomas. Fue corresponsal de EL PAIS 18 años en Italia y en el Vaticano, director de BABELIA y Ombudsman del diario. Recibió en Italia el premio a la Cultura del Gobierno. En España fue condecorado con la Cruz al Mérito Civil por el rey Juan Carlos por el conjunto de su obra. Desde hace 12 años informa desde Brasil para este diario donde colabora tambien en la sección de Opinión.

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