Sobre el autor

(Guadix, 1963).
Periodista y licenciado en Derecho.
Subjefe de sección de Nacional.
Premio Ortega y Gasset de
Periodismo 2010 por el caso Gürtel;
Premio de Periodismo El Defensor
de Granada, Premio Nacional
de periodismo Antonio Mompeón
Motos; Boehringer Ingelheim al
Periodismo en Medicina y premio
de periodismo jurídico del Colegio
de Abogados de Madrid.

Sobre el blog

Este blog pretende ser un hueco de debate e información sobre temas con olor a toga y otros aromas adyacentes. Está abierto a cuantos deseen aportar una visión sobre temas de actualidad del mundo judicial, y sus intrahistorias. Lo anecdótico y llamativo también tendrá su espacio en esta web. Sólo se excluye la falta de respeto.

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Luz para la opacidad

Por: José A. Hernández | 21 feb 2012

Cgpj

El Consejo del Poder Judicial ha plantado una hoguera para quemar a filtradores. Está de moda anunciar investigaciones para chamuscar la maldita tentación humana de iluminar la opacidad.  Aquello de la transparencia de la cosa pública ya no se estila: es genuina caspa postransición. Quizás porque lo que se oculta, facilita soluciones ad libitum irrefutables. 

Lo grave no son los trompicones ante los endémicos males de la justicia, lo gravísimo ahora es soliviantar con evidencias que generen “alarma social”.  A este Consejo del Poder Judicial no le ha gustado ni pizca que EL PAÍS aireara un informe de sus propios servicios de inspección en el que la juez Coro Cillán queda regular tirando a mal ni que la comisión disciplinaria ordene investigar las informaciones (llamemos a las cosas por su nombre) del juzgado que indaga al yerno del Rey. Hasta se ha dado orden de espantar a los periodistas que pregunten por asuntillos de jueces (que nadie lo llame corporativismo: es otra cosa).

Precisamente porque ahora acechan hogueras ávidas de lenguaraces, es crucial no despistarse: cuidar  muecas,  gestos,  miradas,  y templar nervios…  Cualquier ademán puede delatar.  El cazafiltrador, exegeta  de los signos, nunca descansa.  ¡Cuidado con los repullos interiores! Si un rostro cambia bruscamente a un color negruzco o bermejo destelleante, ¡pufff!, mal asunto.Solo una petición jurídico/garantista:  que no se descomponga la razón. 

Estigmatizar per se una cara rubescente sería inicuo. ¡Se imaginan acabar en la hoguera por un resfriado ocular malinterpretado!  Cuidado, pues, con las sensaciones frívolas.  Porque nada presupone  que, en medio de un tenso debate sobre informaciones erizantes, la vocal Margarita Robles mueva rítmicamente los párpados y hable sin tregua (a lo mejor solo se trata de una respuesta emocional a días de recogimiento);tampoco cabe inferir nada de las rígida visión de Gómez Benítez (¡a mí no me miréis, que yo no he sido!). Ni de las de rabillo de ojo de Antonio Dorado, siempre pillinas. Y qué decir de las escépticas de Pío Aguirre, de las incrédulas de De Rosa, de las disuasorias de Torres Vela, de las sosas de Lastra o de las inofensivas de Inmaculada Montalbán. Sin contar, claro está, las volubles de Carles Cruz, las aguerridas de Gemma Gallego, las enormes de Collado o las siempre celestiales del presidente Dívar.  Es más:  ¿Quién puede garantizar sin errar que Claro José Fernandez-Carnicero no se hace el longuis cuando diserta sobre la intrínseca perversidad de la filtración/información desde una óptica cartesiana? Yo no.  Por todo esto es obligado no confundir el rictus jurídico de Concepción Espejel,  el político/nacionalista de Margarita Uría (siempre tan….) o la cara de póker de la portavoz Gabriela Bravo ("¡A mí que me registren, que yo no distingo imputados!). Félix Azón únicamente pasaba por allí.

No todo nerviosismo es igual ni sinónimo de nada: el del empacho de café es diferente del pasado por tila, y los hay también que ocultan reencuentros anhelados. Hay que ser cauteloso, pues, con las transformaciones cutáneas. Yo creo en la transparencia racional, y si algún día siento la tentación de colaborar con algún torquemada, antes me autoingreso en La Paz (ala de psiquiatría).

Mientras tanto, les contaré lo que se cuele por las rendijas de las ventanas de unos vocales que, para colmo, desde hace tiempo introducen añadidos de última hora a sus debates plenarios con fines inconfesables.  Le prometo que, si no me veta el acceso al Consejo la jefa Robles, intentaré traerles alguna filtración (errática palabreja), de las prohibidas. De esas que atizan la hoguera de este PoderJudicial (casi 7.000 euros netos por barba al mes).

El País

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