Sobre el autor

(Guadix, 1963).
Periodista y licenciado en Derecho.
Subjefe de sección de Nacional.
Premio Ortega y Gasset de
Periodismo 2010 por el caso Gürtel;
Premio de Periodismo El Defensor
de Granada, Premio Nacional
de periodismo Antonio Mompeón
Motos; Boehringer Ingelheim al
Periodismo en Medicina y premio
de periodismo jurídico del Colegio
de Abogados de Madrid.

Sobre el blog

Este blog pretende ser un hueco de debate e información sobre temas con olor a toga y otros aromas adyacentes. Está abierto a cuantos deseen aportar una visión sobre temas de actualidad del mundo judicial, y sus intrahistorias. Lo anecdótico y llamativo también tendrá su espacio en esta web. Sólo se excluye la falta de respeto.

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En las pesquisas policiales por supuesto blanqueo de capitales contra los organizadores de los partidos benéficos de Messi de junio de 2012 y los conciertos del popular cantante mexicano Vicente Fernández figura un personaje llamativo. Un estanquero de Madrid que, de ser cierto lo que aseguró a la Guardia Civil, se forra todos los días vendiendo cigarrillos y puros. Su estanco, situado en una zona céntrica, debe ser un reguero de clientes y colas constantes de clientes. Y es que, de un día para otro, prestó 130.000 euros a la sociedad que organizó los partidos benéficos de Messi y los conciertos de Vicente Fernández. Esa sociedad se llama Total Conciertos (la empresa matriz de los eventos) y al frente de ella figura el ciudadano colombiano Andrés Barco, a quien los investigadores policiales sitúan como el supuesto cabecilla de una trama que usa este tipo de eventos para blanquear dinero procedente del narcotráfico.

J. G. (que esas son las iniciales del millonario estanquero madrileño) prestó en junio de 2012 los 130.000 euros para los preparativos del espectáculo que el popular cantante de rancheras mexicano celebró el 17 de junio de 2012 en Murcia en el marco de la gira mundial de despedida del cantante (los investigadores sostienen que la misma fue utilizada por narcos para blanquear dinero ilícto mediante la compra ficticia de entradas, lo que permite aflorar dinero sucio).

En su declaración ante los agentes que investigan si se lavó dinero en los partidos benéficos de Messi de 2012 y en los conciertos de Vicente Fernández, J. G. no tuvo empacho en reconocer que su estanco genera al día "unos 20.000 euros”. Así lo dijo a los agentes cuando estos le preguntaron de dónde había sacado tan rápido tanto dinero, que prestó a amigos suyos colombianos vinculados con la organización de este evento.

Según él, lo normal es que en la caja de su estanco tenga todos los días, líquido, alrededor de 60.000 euros. Aseguró que el dinero le fue devuelto días después. Para el préstamo, cogió el dinero en efectivo del estanco y sacó del banco, también sobre la marcha, otros 75.000 euros. ¿A cambio de qué? Como agradecimiento, consiguió seis entradas Vips (de 600 euros cada una) para asistir él, su esposa y unos amigos al concierto de Vicente Fernández en Murcia.

Los investigadores le interrogaron al sospechar que los organizadores de estos eventos pudieran haberle utilizado como hombre de paja en el blanqueo de capitales. Él lo negó. El dinero es suyo:  ¿Es normal que disponga de tanto dinero en metálico en su negocio?, le preguntaron.  “Sí, suelo hacer de caja unos 20.000 euros diarios, y lo guardo en una caja fuerte. Vendo seis millones de euros en tabaco al año. Mi estanco es el uno o el dos de Madrid”, se jactó. No especificó si brutos o netos.

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Factura del ramo de flores pagada por Gürtel para Ana Botella.

La relación del cabecilla de la red Gürtel, Francisco Correa,  no era solo con el expresidente del Gobierno José María Aznar o con su yerno, Alejandro Agag. Special Evens, una de sus empresas más dinámicas, del total de 80 que él mismo reconoce en una grabación que llegó acumular, encargó a la floristería Yamil un ramo de rosas rojas para Ana Botella, actual alcaldesa de Madrid, el 24 de julio de 2002.

Fue un detalle de 144,24 euros que Álvaro Pérez, el Bigotes, pidió que se enviase a Ana Botella a La Moncloa la víspera de su onomástica, que se celebra el 26 de julio.

La documentación de Gürtel hallada por la policía en una nave de Alcorcón muestra, además, que la esposa del expresidente también se sirvió, para algunos de sus viajes (al igual que su yerno, sus hijos y en ocasiones su marido) de la agencia de Correa, que cargaba a las arcas de Presidencia del Gobierno o del PP, dependiendo del carácter del acto al que fuese. Aunque no hay ninguna norma que regule si Presidencia debe correr, o no, con los gastos de los cónyuges.

Hay viajes de la hoy alcaldesa y de personas de su confianza a Bárcelona con estancia en el hotel Majestic entre los días 22 y el 23 de febrero. Botella era una cliente “full credit”. También hay trayectos a Santiago de Compostela; y a Burgos, con su secretaria, y con estancia en el hotel Landa Palace. Solo la estancia de Botella en el Majestic de Barcelona costó 660.859 euros euros, que reembolsó a Gürtel Presidencia del Gobierno. Otros viajes de Botella los facturó Gürtel al PP, como el que giró a San Sebastián, con estancia en el hotel Reina Cristina, los días 8 y 9 de enero de 2001.

Pero Gúrtel no solo organizaba parte de los viajes de Botella (una veces pagados por Presidencia y otras por el PP), también organizó actos del PP a los que ella asistió; entre otros, una cena celebrada el 27 de noviembre de 2002 en Arganda del Rey, según la documentación incautada por la policía.

Correa explicó así ante el juez Garzón cómo veía él la relación entre Ana Botella y El Bigotes. “Alejandro [Agag] me presentó a Álvaro, y Álvaro es un chico que es el sobrino de Pajares. Te puedes imaginar el mundo de Pajares, la noche y el espectáculo, lo que era este chico para trabajar en una empresa, la disciplina, y llevando un tema serio empresarial (...) Entonces me dijo Alejandro: ponle para que lleve los actos del presidente, y yo le dije ¿pero tú estas loco?, uno que viene del mundo de Pajares... Bueno, pues lo pusimos y Ana botella se enamoró de él, en el buen sentido, le encantó, y empezó a trabajar con él y tuvo un éxito tremendo hasta que llegó Mariano [Rajoy]“. Álvaro Pérez, El Bigotes es sobrino del actor y humorista Andrés Pajares.

El Bigotes solía encargarse de todo. Él fue el ideológo de los regalos que hizo la red a numerosos políticos de Valencia y Madrid. Quien encargó los famosos trajes que llevaron al banquillo por cohecho pasivo (delito del que fue absuleto por un jurado popular) al expresidente de la Generalitat de Valencia, Francisco Camps. También era un engatusador nato, como se desprende de la conversación navideña que mantuvo con Isabel Bas, la esposa de Camps, sobre los regalos que le hizo a ella y su hija en los Reyes Magos de 2009.

Los eufemismos de Ruiz-Gallardón

Por: José A. Hernández | 01 dic 2013

Los eufemismos de algunos políticos cuando venden sus proyectos normativos resultan indignantes. Suena bonito eso que dice Alberto Ruiz-Gallardón de que va a despenalizar las faltas en su futura reforma del Código Penal. Pero es solo música, y de la estridente. Luego añade que, determinadas conductas ahora tipificadas como faltas, serán delitos (nada de zanahoria, más palos). Y suelta que todo ello agilizará la justicia. Obvio.

Al despenalizar las faltas, se fulmina la garantía de que un juez imparcial dictamine sobre acciones que, aunque leves, crean mucha inquietud en la ciudadanía. Y, al sacarlas del Código Penal, se reorienta al ciudadano al orden administrativo o civil, para que pleitee allí. Pero claro, esas jurisdicciones no son gratis. El ministro las ha gravado y bien gravado. Ahora el que pleitea, salvo que gane, tiene que pagar, y no solo las costas del proceso.  También al Estado.

Todo esto es una forma de que las personas sin recursos (o sea, la inmensa mayoría) no puedan acudir a la justicia y pueda aflorar la nunca deseable tentación de que alguno se acoja a la ley del Talión. Porque incluso la justicia gratuita está muy cara de conseguir hoy. Para que concedan un abogado de oficio, el solicitante ha de ser muy pobre. Los que sí pueden pagar los recibos caseros, pero solo eso, tendrán que dejar de pagarlos para pleitear. Hasta en esto hay estrecheces. Recurrir a la Sala Civil del Supremo, en un proceso de cuantía indeterminada, cuesta ahora unos 3.500 euros, sin contar abogado y procurador.  

Ruiz-Gallardón está decidido a que nadie le eche en cara nunca más que los juzgados están atascados y que los pleitos se eternizan. Si no hay clientes, no habrá atasco.

Otro que se está pasando cien pueblos seguidos es el ministro del Interior, Jorge Fernández Díaz, con su proyecto de ley de seguridad ciudadana. No quiere protestas en la calle. Da igual que ponga 600.000 o 30.000 euros a manifestantes que rodeen el Congreso o insulten a policías. Una y otra cifra es impagable para un ciudadano normal. A lo mejor lo que pretende el ministro es embargarles si no pagan esa barbaridad de multas y convertirles en rehenes de por vida. Yo prefiero que se penalice todo eso, que ya lo está, y con permiso de Ruiz-Gallardón: me ofrece más garantía un juez que un ministro que solo piensa en recaudar y asustar con la ruina a quien salga a la calle en el marco de su derecho constitucional de que la sociedad oiga que no se siente bien tratado por ella.

El País

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