Se me acaba de venir a la cabeza Valentine. Billy Ray Valentine, el personaje interpretado por Eddie Murphy en Entre pillos anda el juego. El otro día volví a ver la comedia, cuando en el mercado de derivados de Nueva York se vino abajo el precio del concentrado congelado de naranja, después de que CocaCola detectara rastros de un pesticida ilegal en cítricos importados de Brasil.
Hay un pasaje genial en la película, cuando Valentine dice aquello de que "la mejor manera de hacer daño a los ricos es convertirlos en pobres". Refleja muy bien casi 30 años después el rechazo social hacia la banca, donde también corren aires de austeridad. Lo expresó a viva voz durante semanas el movimiento Ocupa Wall Street, mientras se anunciaban los primeros recortes de plantilla.
"Un baño de sangre", decía uno de los empleados de Goldman Sachs, cuando a final de enero se celebró el día en el que se repartieron las primas. El bonus era tan bajo, que alguno le llegó a preguntar a su jefe más inmediato si le estaban echando. Y nada de sonrisas irónicas, vaya que alguien fuera a pensar que lo que le quitaban te lo llevas tú. Al menos el salario no lo cortaron, decía otro.
Es la nueva realidad que se vive en Wall Street. En parte fruto de una crisis interminable. En parte, por el linchamiento político y social hacia los chicos entrajados que cruzaban el parque Zuccotti, desafiando el campamento ocupa. Y en parte, consecuencia del nuevo marco regulador. Pero también, porque "los maestros del universo" no están sabiendo jugar las cartas en la adversidad.
Nadie llora estos días por las penas de los banqueros. Más bien al contrario. Pero como decía hace poco más de una semana Thomas DiNapoli, el supervisor de las cuentas del Estado de Nueva York, cuidado con lo que deseas para Wall Street. La industria de las "securities" es un motor "clave" para la economía de la ciudad de Nueva York y del Estado, por lo que tiene un "efecto multiplicador".
El repunte, de hecho, flojea en la orilla Este del Hudson y eso se traduce en pérdida de empleos cuando en el resto del país la contratación parece estar ganando tracción. Los males de Wall Street también tienen un efecto además para las cuentas públicas, vía recaudación de impuestos, justo cuando se debaten medidas para elevar impuestos y buscando ahorros en programas sociales.
Nueva York recuperó durante los últimos dos años el 46% del empleo que se llevó por delante la gran recesión. Hasta ahora estaba generando empleo por encima de la media. Pero desde julio, se perdieron 11.200 empleos en el sector privado de los 154.300 recuperados. Y los salarios en los empleos de nueva creación, encima, son un 40% más bajos que en los trabajos que se perdieron en la crisis.
De ese total, 4.300 empleos son del sector financiero. Y es solo el principio, porque vienen muchos más en 2012. JP Morgan Chase, Bank of America, Citigroup y Goldman Sachs empezaron con los primeros despidos a mediados de noviembre, junto a los anuncios de entidades extranjeras como Credit Suisse y RBS. Suelen elegir esa fecha para no tener que pagarles primas de final de año.
UBS se va a cargar al 11% de su división de banca de inversión. Lo que llama la atención es que lo dicen más abiertamente que en el pasado y, además, parece como si inflaran los números para mostrar lo prudentes que son. No es una sorpresa, la verdad, viendo el ambiente que reina desde hace tres años en el parqué. Pero, además, como dicen en el parqué, las cosas han ido a mal muy rápido.
No se espera una criba como las de 2001 y 2008. Y sin faltar a las voces de Zuccotti, el ajuste no es consecuencia de su revuelta. Lo que preocupa en el parqué, y se ve en los resultados, es que Wall Street ya no depende como antes de un modelo basado en el dinero fácil y ahora no es capaz de lidiar con las fuerzas de mercado que intentan que la burbuja no se infle de nuevo. Y que Europa no estalle.
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Publicado por: Marat | 13/02/2012 8:06:16