El teléfono móvil convirtió en poco tiempo a la cabina de teléfono público en un objeto del mobiliario urbano más decorativo que útil. Es difícil ver a alguien usándolas estos días. Quizás en los andenes del metro, donde la cobertura celular es patética. En la ciudad de Nueva York hay unas 13.000 de estas cabinas, el 40% fuera de servicio. En lugar de desmantelarlas, se busca darle una nueva utilidad en la era digital reconvirtiéndolas en puntos de acceso gratuito a Internet vía inalámbrica. Ya hay 10 de estas cabinas funcionando, siete en la isla de Manhattan, dos en Brooklyn y otra en Queens.
De momento se trata de un programa piloto, que nace con el propósito de extenderlo por toda la ciudad. Ya hay puntos de acceso inalámbrico (hot-spot) gratuito en parques, bibliotecas y colegios públicos, además de en cafeterías como Starbucks, los locales de McDonalds o la librerías de Barnes & Noble. El coste para instalar la antena de Wi-Fi en una cabina ronda los 2.000 dólares. Los operadores de estas reliquias de la era de la comunicación por cable reconvertidas en quioscos de alta tecnología aseguran que el acceso a la red de redes es razonablemente rápido, seguro e ilimitado.