A uno le educaron a comerse siempre todo lo que está en el plato. Pero tengo que reconocer que se pasa apuros cuando toca enfrentarse a las cantidades que se sirven en algunos restaurantes en EE UU, sobre todo cuando se sale de la ciudad de Nueva York, donde hay más sensibilidad con la cosa del sobrepeso. Sí, es un tópico. Pero hay números que demuestran hasta donde llega el abuso. En este caso, el despilfarro. Un nuevo estudio del Natural Resources Defense Council revela que los estadounidenses acaban tirando a la basura prácticamente la mitad de la comida que se cruza a su paso.
En concreto, en la cadena de suministro de alimentos se desecha el 40% de los productos. Eso, en dinero, equivale a 165.000 millones de dólares. Por familia, son unos 2.275 dólares anuales. El estudio de esta organización dedicada a la gestión de los recursos alimentarios y agrícolas señala que esta cifra es un 50% mayor que en la década de los años 1970, una cifra idéntica a la que maneja la Agencia de Protección Ambiental. Y calcula que si ese total de desperdicios se redujera en un 15%, con la comida que no se desecha podrían alimentarse 25 millones de personas durante todo un año.
No es que se tire parte de la comida que se pone en el plato. Es que la cadena es un verdadero coladero en todos sus eslabones, en el paso que va del agricultor o el ganadero hasta la planta de procesamiento, cuando llega al comercio, a los restaurantes y los hogares. Solo los supermercados tiran el 11% de la fruta fresca. Naciones Unidas también maneja una cifra global de desechos alimentarios, que eleva a unos 1.300 millones de toneladas anuales o un tercio del total de los productos que se producen y distribuyen. Un despilfarro total en el uso de los recursos y un reto medioambiental.
Más cifras para concluir esta entrada. Hacer llegar la comida al tenedor se come el 10% de la factura energética de EE UU, usa el 50% del terreno y se bebe el 80% del agua que se consume en la mayor potencia del planeta. Eso sin contar con los productos químicos que se usan en el cultivo ni las emisiones de metano que genera la industria agroalimentaria. Pero especialmente, en tiempos de crisis como el actual, que se tiren 10 kilos de comida por persona al mes es una cuestión moral si se piensa que el 15% de los hogares depende de algún tipo de ayuda pública para comprar alimentos.