Son las cosas de la oferta y la demanda. General Motors va a suspender durante un mes la producción de su coche eléctrico, el Chevy Volt. Es la segunda en un año y afectará a unos 1.500 empleados dedicados a su ensamblaje en varias plantas. La anterior fue entre marzo y abril. Esta coincide además en plena campaña electoral, con el coche eléctrico como uno de los buques insignia del presidente Barack Obama para defender su plan de independencia energética. Pero GM necesita de nuevo ajustar la producción a la realidad de un mercado que aún no está listo para este tipo de vehículos ni para pagar el precio por esta tecnología incipiente. Las cifras hablan solas: solo se vendieron en lo que va de año 10.700 unidades de estos coches en EE UU, por lo que a este ritmo no llegará a las 45.000 que esperaba la dirección en Detroit.
Este parón, como el de la pasada primavera, está pensado para que los concesionarios puedan dar salida al inventario que se les va acumulando. La demanda de este coche está creciendo si se compara con la del año pasado, hasta el punto de haberse triplicado. Pero en términos absolutos siguen siendo pocos. Y quizás la peor amenaza para el coche eléctrico sea la evolución de los motores tradicionales a combustión, cada vez más eficientes. De hecho, el ajuste es para acelerar la producción del Impala. En este sentido, la Casa Blanca acaba de presentar la legislación final para antes de 2025 reducir en más de la mitad el consumo de los utilitarios. Las ventas del Volt son un barómetro de la demanda de vehículos elécticos y ya esarma arrojadiza de cara a las presidenciales, con los republicanos criticando el apoyo con fondos públicos a la compra de estos coches.