Dicen que la gran recesión provocó, entre otras cosas, que los que tienen mucho dinero controlaran al máximo su apariencia. Hasta los agentes inmobiliarios en Nueva York y Miami se presentan estos días menos pomposos, porque sus clientes no quieren ver caras sin expresión por el Botox. Pues bien, la diseñadora Jil Sander saca ahora a la venta esta bolsa de papel para llevar el almuerzo que imita a las que te dan en la tienda de la esquina cuando compras un bocadillo, al "módico" precio de 290 dólares. Su nombre, quizás para que no se note tampoco mucho, va impreso muy pequeño en uno de los lados.
La versión más pequeña de la Vasari vale 260 dolares. La de cuero negro, 630 dólares. La creación es de Raf Simon, el director creativo para la marca, que después de siete años se pasa a Christian Dior. Eso podría ser un atractivo también para comprarla. Y como, porque la tienda que la vendía en el barrio neoyorquino de Soho ya no le quedan. Se puede encontrar aún en el gran almacen de la cadena de lujo Barneys, aunque con la publicidad que les estamos haciendo entre todos es posible que cuando lea esta entrada también se les haya agotado. ¿Un robo? Lo único que tengo claro es que no es para reciclar.