El nombre de Bradley Birkenfeld aparece en los libros con la historia reciente de Wall Street como uno de sus grandes chivatos. El antiguo empleado de UBS pasó la información que necesitaba el Departamento de Justicia en EE UU para poder atacar al banco suizo, por ayudar a sus adinerados clientes estadounidenses a evadir el pago de impuestos. No contó todo lo que sabía, y por ello fue condenado a 40 meses de prisión. Pero la Ley tiene en este caso dos caras. Cuando aún no ha cumplido dos meses desde que salió de prision, Birkenfeld es recompensado con 104 millones de dólares precisamente, por haber sido un gran chivato.
Washington sancionó en febrero de 2009, en plena crisis financiera, a UBS con 780 millones tras admitir que asesoró a 17.000 contribuyentes sobre cómo dirigir sus fortunas hacia paraísos fiscales y así no tener que rendir cuentas con el Tío Sam. Para evitar una reprimenda mayor, el banco se comprometió a facilitar el nombre de 5.000 estadounidenses que tenían cuentas ocultas con UBS. Este caso aceleró además las negociaciones entre EE UU y Suiza sobre el secreto bancario. Ahora compensa a Birkenfeld con la mayor retribución que se conoce, como premio por la información interna que dió sobre el fraude bancario.
La False Claims Act de 1863 permite recompensar a empleados que facilitan pruebas de que una compañía que atenta contra la Hacienda pública y sin la cual hubiera sido imposible detectar o desmontar un fraude. Las autoridades estadounidenses consideran su cooperación de "excepcional" y para justificar el montante explican que "ayudó a identificar las conexiones entre las distintas partes en las transacciones". El Servicio de Recaudación de Impuestos busca con esta recompensa mandar un mensaje a otros potenciales chivatos: hay una forma segura de denunciar... y lucrativa. UBS es el mayor gestor de fortunas del mundo. También se investiga a Credit Suisse.