Tesla tiene muchos amigos en Wall Street. La acción del fabricante de coches eléctricos de lujo está disparada, tras doblar su valor en un mes y triplicarlo en los últimos 12 meses. Pero a Elon Musk le están creciendo también los enemigos, y estos tienen mucha influencia entre la clase política en EE UU. Los concesionarios alzan las espadas contra la compañía californiana por vender directamente sus coches al consumidor. "Comprar un coche no es como comprar un iPad", le dicen desde la National Automobile Dealers Association. El grupo de presión del sector tiene en marcha una verdadera cruzada legal contra Tesla por todo el país. Carolina del Norte, por ejemplo, está considerando adoptar una legislación para prohibir que venda coches sin pasar por intermediarios. Una vía que no prosperó en Nueva York ni en Massachusetts, porque se consideró que atentaba contra la competencia, pero que sin embargo tuvo éxito en Virginia y Texas. Tesla dice que su coche no encaja con el sistema tradicional de venta de coches en EE UU, regulado por la Franchised Dealer Act, y teme que su modelo se pierda entre la multitud de vehículos a combustión que se ofrecen a los clientes de General Motors, Ford Motor, Chrysler o Toyota. Por eso tiene centros de venta propios en los grandes centros comerciales. Las dos partes dicen que protegen al consumidor.