Cuando se hablaba hace unos años del renacer de los coches eléctricos en EE UU, se citaba a tres compañías emergentes en el negocio: Tesla Motor, Fisker Automotive y Coda Holding. La primera estuvo a punto de derrumbarse, pero gracias a la fortuna e ingenio de Elon Musk salió adelante. La segunda, fundada por el diseñador danés Henrik Fisker, atraviesa por serios problemas financieros y acaba de despedir al 75% de la plantilla mientras busca una alternativa que le permita sobrevivir. Y la tercera, capitaneada por Phil Murtaugh, quien fuera el hombre fuerte de General Motors en China, acaba de claudicar tras declararse en suspensión de pagos. Desde que lanzó su sedan de cinco plazas hace un año había logrado vender solo un centenar de vehículos.
El de Coda es un nuevo ejemplo de como los EV están teniendo verdaderos problemas para abrirse camino en el mercado de masas y hacerse con financiación para gestionar el negocio. La compañía se dedicaba hasta ahora a ensamblar al sur de California coches made in China. La autonomía de este utilitario eléctrico era de 125 millas con una sola carga, unos 200 kilómetros. Tenía un precio de 37.250 dólares. Pero en su caso, además, el diseño dejaba mucho que desear comparado con el Karma de Fisker o el Model S de Tesla. Por no hablar de los problemas técnicos. La empresa no desaparece. Va a reorganizarse para dedicarse al desarrollo de sistemas de almacenamiento de energía para edificios y maquinaria. Es un negocio, dice los directivos del holding, más rentable.