Ir a Planeta Futuro
3500 Millones

Terremotos: Haití 30 - Japón 1

Por: | 18 de marzo de 2011

Haiti-earthquake-damage (Fuente: PNUD)

Todavía no sabemos el desenlace del accidente nuclear japonés que mantiene en vilo al mundo entero, pero las primeras cifras sobre muertos y desaparecidos tras el terremoto confirman lo que ya se ha convertido en una constante de este tipo de catástrofes: la gravedad humanitaria de un desastre natural está directamente relacionada con la preparación y la capacidad de respuesta de las comunidades. En otras palabras: cuanto más pobres, más vulnerables y más víctimas

Según los últimos datos del Gobierno japonés, las víctimas directas del terremoto (grado 9) y posterior tsunami ascienden a 5.600 muertos y más de 9.000 desaparecidos. Son cifras abrumadoras y, sin embargo, podrían haber sido muchísimo más altas si Japón no contase con una preparación adecuada. Hace poco más de un año, un terremoto de una magnitud considerablemente más baja (grado 7, con un origen más cercano a la superficie, pero que no fue seguido de tsunami), provocó en Haití 316.000 muertos. Una proporción que podría ser hasta de 30 a 1.

Es cierto que, en el caso de Haití, los temblores afectaron de manera particular a Puerto Príncipe, donde se concentraban 3 millones de personas. Pero ese único factor difícilmente explica la brecha entre un caso y otro. La explicación hay que buscarla más bien en la extrema vulnerabilidad de la población haitiana y en la deficiente capacidad de respuesta de las instituciones locales e internacionales. En el momento de la catástrofe, 4 de cada 5 haitianos vivían en situación de extrema pobreza. Más de la mitad de la población pasaba hambre y la presencia del Estado era mínima cuando no abiertamente criminal. La calidad de las infraestructuras y las viviendas era ínfima.

En los días inmediatamente posteriores decenas de miles de personas fallecieron por la falta de asistencia médica y por la incapacidad de atenderles con alimentos o techo. Todavía hoy, un año después, las imágenes que nos ofrece UNICEF muestran un país en el que cerca de un millón de personas permanecen en los mismos refugios a los que llegaron tras perder sus hogares. Puerto Príncipe sigue poblada de escombros y residuos que propagan enfermedades como el cólera.

 

Los terremotos de Haití y Japón constituyen ejemplos extremos en la horquilla de la vulnerabilidad, pero el mismo patrón se repite a escalas diferentes en cada una de las catástrofes naturales a las que deben hacer frente los países pobres. El impacto lento pero constante del cambio climático, por ejemplo, se ceba en aquellas regiones del planeta que están menos preparadas para adaptar sus cosechas o sus infraestructuras a la variabilidad del clima. En países como Mozambique, las inundaciones siguen y anteceden a la falta de lluvia, hipotecando los medios de vida de generaciones enteras.

Por estas mismas razones buena parte del esfuerzo humanitario se centra ahora en evitar las catástrofes y no solo en responder a ellas:

- Adoptar planes de reducción de riesgos que combinen sistemas de alerta temprana, planes de actuación, comunicación y movilización de las comunidades locales. Esta iniciativa de Indonesia (que padeció en 2005 un devastador tsunami) es un buen ejemplo.

- Mejorar la planificación urbana para evitar la concentración de infraviviendas en áreas particularmente vulnerables a desastres naturales (como cauces secos de ríos).

 

- Invertir en los servicios y las infraestructuras que permitirán una respuesta rápida de los sistemas de salud comunitarios.

Nadie puede frenar un terremoto, pero sí es posible evitar que sus consecuencias se conviertan en un lastre insoportable para el futuro de un país.

¿Cuánto le cuesta a Sudamérica alimentar al mundo?

Por: | 17 de marzo de 2011

Manuel Chuizo (Copyright: Percy Ramírez/Intermón Oxfam)

¿Producir para comer? ¿producir para exportar? ¿quién controla la tierra, el agua o las semillas de las que depende la seguridad alimentaria de millones? América Latina constituye un laboratorio en el que se experimentan cada una de estas preguntas. Los discursos estridentes a una orilla ideológica y otra ayudan poco a entender los dilemas a los que se enfrentan países como Brasil y Paraguay, de los que hablamos en la entrada de hoy.

ASIER HERNANDO, que lleva años impulsando programas y campañas en esta región nos ofrece una visión bien informada del problema. 


Sudamérica está viviendo una efervescencia política maravillosa. Discursos sobre cambios de modelo, rechazo al neoliberalismo, nuevos paradigmas y fin de hegemonías están en la boca de Presidentes, académicos, organizaciones sociales e incluso de Naciones Unidas. Declaraciones que hablan de reducción del hambre y de las desigualdades o de integración y conservación del medioambiente son el pan nuestro de cada día.

Campesinos en Ecuador (Copyright: Ricardo Landetta/Intermón Oxfam) Pero los discursos políticos y la economía no van siempre de la mano, y algunos datos sacan los colores a más de un presidente. Con un 30% de la población sufriendo inseguridad alimentaria, Sudamérica se ha convertido en uno de los mayores exportadores de alimentos del mundo, produciendo un tercio de la carne y la mitad de la soja del planeta, principalmente por la mayor demanda de Asia. China es ya el principal mercado de la agroexportación y Brasil ha triplicado sus exportaciones entre 1996 y 2009.

¿Cuál es el impacto de esta agro-ofensiva para alimentar el planeta y generar divisas? Mientras la cobertura forestal global aumentaba en 93 millones de hectáreas entre 2000 y 2005, en América Latina disminuía en 24 millones. Para mantener el rol imperante de la agroindustria, la región padece una concentración feudal de la propiedad de las tierras; la mayor del planeta. Esta situación se agrava y lleva a miles de campesinos a la pobreza cada año. En Paraguay, el 95% de las tierras cultivables son de latifundistas.

La población mundial podría llegar a los 9.000 millones en 40 años, así que si la agroindustria continúa creciendo a este ritmo, el Amazonas se convertirá en una gran Castilla La Mancha. Para evitarlo, los organismos internacionales proponen priorizar la productividad en vez de aumentar las hectáreas cultivadas, un reto que la región aún no ha resuelto. Por otro lado, las ONG internacionales trabajan junto con organizaciones locales en zonas como el Chaco y la Amazonía para promover alternativas de producción de los propios indígenas y campesinos  que no supongan la tala de árboles y preserven sus medios de vida. Estos son los llamados sistemas agroforestales, gracias a los cuáles los indígenas producen, conservan y protegen el bosque ante la codicia de los empresarios agroindustriales.

A pesar de lo que pretenden algunos gobiernos, el dilema de la producción de alimentos no está resuelto en América Latina y más bien contribuye a que se perpetúen las desigualdades. ¿Quién produce, cuánto y para qué mercados? ¿Se prioriza la exportación de alimentos o el consumo interno? ¿Dónde se ponen los límites a la expansión de las zonas cultivadas? ¿Se apoya a la producción de pequeña escala o a la agroindustria? Para muestra, un botón: Colombia ha cuadriplicado sus inversiones públicas en agricultura los últimos cinco años; sin embargo, una gran parte se destina hacia la producción de agrocombustibles. Alimentar coches en vez de personas.

Jóvenes, inquietos e indignados

Por: | 16 de marzo de 2011

La entrada de ayer sobre los jóvenes y lo mucho o poco que se movilizan ha provocado un revuelo considerable. Por eso le hemos pedido a Irene Milleiro que haga una segunda entrada sobre este asunto. Irene es Directora de Campañas de Intermón Oxfam y conoce muy bien el terreno que pisa. 

Amber
Titulo: Amber. Autora: Nathalie Paco

Les voy a hacer una confesión, ahora que no me escucha nadie: yo envidio a los jóvenes de hoy. Envidio su manejo de las nuevas tecnologías, la cantidad de gente a la que conocen, lo que viajan o lo bien que hablan inglés. Creo que –botellón y todo- son la generación más preparada de este país. Tienen amigos de colores diferentes y nos están haciendo menos racistas. Con las redes sociales se pasan por el forro las barreras de clase o estatus y le plantan su opinión en tiempo real a quien haga falta, sea Bisbal u Obama. Son generosos: comparten gratis su música, sus series, sus consejos sobre el mejor ADSL, sus opiniones sobre hoteles o restaurantes. Quejándose públicamente del mal servicio obligan a las empresas a mejorar.

Piensan diferente. Mi hermano de 23 años me preguntaba el otro día: “¿Cuál es la comunidad más numerosa?”. “Andalucía” - le respondí yo, desde la sabiduría de la LOGSE y la seguridad de mis 34 años-. “Pues no. Facebook, con 13 millones de usuarios, y Tuenti, con más de 9. Andalucía tiene poco más de 8”. Imaginen mi cara. Son increíbles.

Carlos Prieto se preguntaba ayer en este blog si los jóvenes se indignan.... pues claro que sí: mientras los no tan jóvenes nos indignamos en el taxi y en la barra del bar, ellos le plantan cara a una ministra si creen que una ley es injusta, y se enfrentan a Mastercard o a quien haga falta para defender la libertad de información. Ya, ya -me dirán- ¿pero se movilizan por las injusticias que suceden en el mundo? Pues ni más ni menos que el resto de la población. Me explico: los jóvenes entre 15 y 29 años representan cerca de un 20% de la población en España. En Intermón Oxfam tenemos 100.000 colaboradores de campañas. ¿Saben cuántos de ellos son jóvenes? Sí, un 20%. O sea que se movilizan lo que les toca.

Y, pese a eso, nos empeñamos en llamarles de todo: “ninis” (ni estudia, ni trabaja), pre-parados, egoístas, apáticos. Ay, la famosa paja en el ojo ajeno. No nos paramos a pensar, porque duele, que hace solo treinta años nos dieron una democracia limpia, a estrenar, y hay que ver lo que hemos hecho con ella. Corrupción a tutiplén, jubilación a los 67, privatización de la sanidad, recorte del gasto social, trabajo en negro por doquier, personas hipotecadas hasta las cejas. Hace un tiempo leí que el 54% de los jóvenes no tiene proyectos ni ilusión. Con lo que les hemos dejado, bastante es que un 46% sí los tiene.

Y lo peor de todo es que los tenemos ahí, y los estamos desaprovechando. Nadie les ha preguntado cómo creen que se podría solucionar el paro juvenil, si quieren jefes y contratos indefinidos, o si prefieren más flexibilidad y subvenciones para montar sus propias empresas. No les pedimos ideas para salir de la crisis, ni les dejamos que nos digan cuál es la España que quieren tener. Y es una pena, porque estoy segura de que tienen mucho que aportar.

No descarto que en cualquier momento se levanten, como lo han hecho en Argelia, en Egipto, o en Libia, y nos den lo que nos merecemos. Razones, como las meigas, haberlas hailas.

Y solo un dato más, según el último barómetro del CIS jóvenes y viejos nos preocupamos por lo mismo: creemos que el paro, los problemas de índole económica y la clase política (sic) son, por ese orden, los principales problemas que existen actualmente en España ¿qué les parece?

¿Por qué los jóvenes españoles no se indignan?

Por: | 15 de marzo de 2011

Putxe Carlos Prieto promueve desde la Universidad Comillas la solidaridad y el compromiso social de los estudiantes, que llegan en algunos casos a tomar opciones profesionales en estos campos. En su primera colaboración con 3.500 Millones reflexiona sobre las razones que mueven a los jóvenes con los que trabaja.

 

Seguro que han oído hablar de él: la editorial Destino acaba de publicar en España un librito titulado ¡Indignaos!, firmado por Stéphane Hessel, un diplomático francés de 93 años con una biografía increíble y el único redactor todavía vivo de la Declaración Universal de los Derechos Humanos. Más de un millón y medio de personas lo han leído en Francia en los últimos meses. Hay quien dice —Maruja Torres entre ellos— que también contribuyó a prender la mecha de las esperanzadoras revoluciones populares en el mundo árabe.

Indignaos-2En su breve obra de apenas sesenta páginas, Hessel y su prologuista español, el inmenso José Luis Sampedro, agitan contra la indiferencia y abogan por la insurrección pacífica, enumerando las causas que pueden mover a la indignación: el desmantelamiento del Estado de Bienestar, la brecha entre ricos y pobres, la violación de los derechos humanos, el trato a los inmigrantes y minorías étnicas, la degradación medioambiental…

Hessel, un venerable nonagenario, se ha convertido en estos últimos meses en la vanguardia del activismo juvenil. ¿Qué les sucede a nuestros jóvenes? ¿En qué creen? ¿Por qué no se indignan?

¿O sí lo hacen? Lo cierto es que, a pesar de ciertos retrocesos en su atención a los principales problemas sociales, como refleja el informe Jóvenes españoles 2010, de la Fundación SM, esta generación cree más profundamente que las anteriores en la igualdad entre hombres y mujeres, en la democracia como sistema de organización social, en la necesidad de ordenar el mundo de forma sostenible, en la radical injusticia que supone hacer diferencias entre personas en función de su etnia, en que la guerra es siempre la demostración de un fracaso y un mal en sí misma.

Paradójicamente, el mismo informe refleja el acusado descenso en la implicación de los jóvenes en causas concretas, ya sea desde el asociacionismo, el voluntariado o, por supuesto, la política.

Inmigrantes La causa de esta incongruencia tiene mucho que ver con el modelo de relaciones sociales que hemos erigido, en el que la suerte de los excluidos del sistema no nos afecta en nuestra vida diaria. Por eso, desde la universidad, donde mi labor es promover el compromiso social y la participación ciudadana, intentamos romper esa brecha conjugando el conocimiento informado, la capacidad crítica y, sobre todo —y esta es la clave—, proponiendo acercamientos concretos. Así, alumnos de los últimos cursos de Derecho acompañan las situaciones de personas migrantes con Pueblos Unidos, estudiantes de Psicología o Trabajo Social se implican con personas sin hogar a través de RAIS. En nuestros programas de voluntariado internacional en Perú, Kenia o la India, los estudiantes de distintas titulaciones trabajan codo con codo con profesionales de su área de conocimiento. Formamos profesionales, pero también ciudadanos. Y, como profesionales y como ciudadanos, intentamos que se acerquen a la realidad, que se impliquen con personas concretas. Funciona.

Hay que poner los pies en el barro. Pero no desde la caduca perspectiva caritativa que atiende las consecuencias y se olvida de las causas, sino para hacer renacer los vínculos sociales. Para ser capaces, finalmente, de indignarse por la suerte del vecino. Y eso solo puede lograrse si para mí ese vecino es alguien, si Su causa es Mi causa.

Radio Wa, la voz que liberó a los niños soldado de Uganda

Por: | 14 de marzo de 2011

34099_407403200339_693970339_4276023_2020277_n Desde el norte de Uganda, en una de las regiones más pobres y convulsas del planeta, recibimos la primera colaboración de Alberto Eisman, director de Radio Wa y coautor del blog En clave de África.

 

Es difícil describir la situación que se vivía en la región de Lira, al norte de Uganda, en el año 2006. El llamado Ejército de Liberación del Señor (LRA), después de haber comenzado sus violentas actividades en Acholi, en los confines que separan a Uganda del Sudán, llegó a esta zona y atacó con inusitada virulencia a los Lango, una tribu que tradicionalmente había mantenido una estrecha relación con los Acholi.

Victim LRA Los miembros de esta guerrilla –sin otra agenda política que poner en jaque al gobierno y a su ejército sembrando el terror- comenzaron a atacar indiscriminadamente poblados haciendo todo el daño posible: mataban a los viejos y a los niños pequeños, secuestraban, cortaban a sangre fría orejas, labios, narices u otros miembros.  

Esta terrible situación causó un éxodo masivo. Los pobladores huyeron de las zonas rurales más aisladas e indefensas y durante años se refugiaron, hacinados, en campos de desplazados. Tan solo alrededor de Lira, la ciudad principal de la zona, había diez campos, lo que duplicó el número de habitantes de la ciudad.  

De todos los afectadas por esta trágica situación, los que más sufrieron fueron los más jóvenes, niños y niñas que eran sistemáticamente arrancados de sus familias y forzados a convertirse en guerrilleros. A los varones los entrenaban para ser niños soldado; si eran niñas, se convertían en esclavas sexuales de la oficialidad.

Para obrar la maléfica transformación de unos inocentes niños en agentes del terror lo más efectivo era someterles a salvajes pruebas que les hicieran despojarse de cualquier atisbo de humanidad o de compasión: una vez secuestrados, los rebeldes juntaban a los que procedían del mismo pueblo. Elegían a dedo a uno del grupo y obligaban al resto a matar al elegido, si no, serían ellos los que morirían. Así creaban un tremendo estigma en el subconsciente de estos niños para que nunca tuvieran la tentación de regresar a sus comunidades, sintiéndose profundamente avergonzados de haber asesinado con sus propias manos a un amigo o un compañero de juegos. Era un procedimiento diabólicamente sofisticado para cerrar la puerta a una futura reintegración en la sociedad civil.

Front radio wa Ante esta dramática situación, Radio Wa (Nuestra Radio), una emisora comunitaria propiedad de la Iglesia Católica, creó un programa dedicado exclusivamente a los niños soldado. En la emisora sabían que los niños raptados conseguían en sus razzias por los poblados pequeños transistores con los que escuchaban clandestinamente este programa semanal que vino a llamarse “Karibu” ("Bienvenido", en suajili). La señal de esta emisora llegaba incluso a los confines con Sudán y por tanto era fácil para los niños soldado sintonizar el programa, aunque con ello arriesgaban sus vidas si eran descubiertos escuchándolo.

Antiguo niño soldado en la radioLos contenidos eran simples mensajes de esperanza y de humanidad para personas retenidas contra su voluntad que habían visto y cometido las mayores atrocidades. A veces eran simples mensajes como “Fulano, tus padres te saludan y te echan de menos”, y demás noticias familiares. La intención de estos mensajes no era otra que restablecer los lazos emocionales y afectivos rotos por los rebeldes y sus violentas acciones. Más tarde, jóvenes que habían escapado de sus captores, antiguos niños soldado, se incorporaron al programa y comenzaron a dar testimonio de cómo eran sus vidas después de volver. Les explicaban a los niños todavía en cautiverio que nadie había tomado venganza contra ellos, que habían vuelto a sus estudios y así animaban a sus compañeros si no a escapar por lo menos a mantener viva la esperanza.

Radio Wa nunca supo exactamente la magnitud del impacto de este programa. Una noche de 2002 un comando guerrillero destruyó la radio, lo cuál se interpretó como un claro indicio de que la emisora les estaba haciendo daño a los rebeldes. Posteriormente, cuando empezaron las conversaciones de paz, el líder del LRA Joseph Kony puso como condición para su inicio que se retirara de las ondas el programa Karibu. Otra inequívoca señal. 

Fue hace pocos meses cuando, a través de un portavoz del ejército, nos enteramos de que, según los interrogatorios que se llevaban a cabo regularmente a los niños que escapaban de los rebeldes y que incluían en sus preguntas la razón por la que arriesgaron su vida y salieron de la selva, unos 1.500 niños confesaron haber escapado simplemente movidos por el programa Karibu, el cuál les dio la fuerza necesaria para arriesgar sus vidas y atreverse a salir de aquella situación.

Dos niños soldados De esta manera, una simple emisora de radio con apenas medios técnicos, destruida pero no rematada, pudo desbaratar la espiral de odio y violencia que durante años atenazó la vida de unos inocentes. No ha habido distinción ni galardón mejor que comprobar cómo, a pesar de todo, la esperanza y el coraje humano no salieron derrotados en esta guerra.  

Hoy, Uganda del Norte está tratando de superar aquel dramático pasado y el programa ha sido reemplazado por otro, centrado en los problemas de la resolución de conflictos y titulado Peace-maker (Pacificador). Es una parte más de una completa programación con la que Radio Wa sigue apoyando a aquellos que más lo necesitan en Uganda.

- Wangari Maathai, premio Nobel de la Paz en 2004, explica en este artículo porqué las revueltas democráticas africanas no deberían limitarse al Magreb. Gran parte de los pueblos al sur del Sáhara padecen problemas muy similares, aunque no cuenten con la educación y el acceso a la información de sus vecinos. Parece que los burkinabés y los angoleños empiezan a darle la razón. 


Fotograma Tropa de Elite 2 - ¿Es oro todo lo que reluce en Brasil? No tanto, si tenemos que hace caso de este inquietante reportaje publicado la pasada semana por Fronterad.com: La sociedad carioca, en estado de apartheid. El esfuerzo de las autoridades por limpiar la ciudad de Río de Janeiro antes de que el mundo ponga sus ojos en importantes eventos deportivos cruzó hace tiempo la línea de lo aceptable. Desde la construcción de un muro de hormigón hasta las turbias implicaciones de la policía en actividades criminales, las favelas pasan por uno de sus momentos peores.

- Hace nos días quedó visto para sentencia el juicio contra Charles Taylor en la Corte Penal Internacional de La Haya. Sus abogados lo han descrito como "carismático e inteligente", además de "un hombre de Estado y de paz". Gregory Stemn, que cubrió la guerra de Liberia como fotoperiodista, parece tener otra opinión, y para demostrarlo ofrece esta impresionante entrevista y reportaje fotográfico

- Un vídeo satírico sobre la crisis financiera que sitúa los altos ejecutivos en el papel de los jornaleros inmigrantes. Quién lo viera en realidad...
 

-  Finalmente, unas piedras sobre el tejado de este blog (o quizás no). Bill Keller, editor ejecutivo de The New York Times, libera en esta pieza sus agravios contra la blogosfera y similares, reduciéndolos a un mero nivel de "agregación" sin verdadero valor añadido en la elaboración de contenidos (en realidad todo el artículo es una diatriba más o menos encubierta contra el Hufftington Post). La crítica tiene un sustento indudable, como prueba  esta misma entrada que les ofrezco hoy. Y, sin embargo, Bill Easterly contesta con mucho tino que son los blogs los que han suplido el desinterés de grandes medios como el NYT por las cuestiones de pobreza y desarrollo.


Libros para los hijos que dejamos a nuestro mundo

Por: | 11 de marzo de 2011

Se lo escuché hace unos días a una amiga: "Me preocupa el mundo que dejaremos a nuestros hijos, pero me preocupa más los hijos que dejaremos a nuestro mundo". Supongo que muchos de ustedes habrán pensado cosas parecidas en más de una ocasión. Además del inglés, el piano, el karate y las matemáticas, ¿cómo se educa la solidaridad? ¿cómo podemos mostrarles que el mundo es algo más que la burbuja en la que ellos viven? ¿es posible crecer aprendiendo que nuestras acciones tienen consecuencias sobre otros o sobre el planeta? 

El dragón lector Con tres hijos pequeños, perro y hamster, yo me he hecho estas preguntas en demasiadas ocasiones. Así que les ofrecemos hoy esta entrada estilo De Mamas & De Papas con algunas recomendaciones de libros que enseñan a nuestros hijos a construir sociedades mejores. 

(Además de nuestras preferencias, hemos tenido la suerte de contar con las sugerencias de Pilar Pérez, propietaria de El Dragón Lector. Y estaremos encantados de leer en los comentarios sus propias recomendaciones.)

Para los lectores más pequeños: 

Elmer - Elmer, escrito e ilustrado por David McKee (Ed. Beascoa): Elmer es único elefante multicolor de la manada y eso le trae inquieto. Sus esfuerzos por parecerse a los demás acabarán de manera inesperada y desternillante. Un clásico.

- El camión de papel, de R. Aliaga/C. Ranucci (Ed. MacMillan): Un extraño visitante con cara de cartón comienza a recoger todo el papel de Villasilla para cargarlo en su camión. El alcalde toma cartas: "¿dónde está su licencia?". Rascando, rascando, Uriel el recogedor de papeles confiesa el verdadero motivo de su búsqueda. Léanlo con sus hijos o sus nietos y no volverán a mirar esos contenedores azules con la misma ligereza.

De 7 a 10 años:

- El mundo de las hadas, de M. Doyle/N. Ceccoli (Ed. Intermón Oxfam): No todo es Cecinienta y Blancanieves, o al menos no todas las princesas nacieron en California. Este libro de doce cuentos arrastra a los lectores por medio mundo, desde Francia y Alemania a China y Arabia. Sus historias tienen todo el sabor de los cuentos clásicos, pero encontrarán que cada una de ellas ofrece la oportunidad de aprender algo nuevo sobre otras culturas.

Oulembe

- Oulembé el zahorí, de J. de Déu/A. Fanlo (Ed. Intermón Oxfam): El zahorí de una aldea africana cae enfermo y su hijo Oulembé debe sustituirle en la búsqueda del agua. Ha sido un año seco, así que Oulembé recorre un largo camino al acecho de nubes y lluvias. Tan largo que acabará cruzando el estrecho y comprobando asombrado que sus vecinos del norte derrochan el agua que se obtiene con solo mover una palanca.

Edward tulaneEl prodigioso viaje de Edward Tulane, de Kate DiCamillo (Ed. Noguer): Edward es un conejito de porcelana acostumbrado a los mimos y a los lujos que le prodiga la niña Abilene. Pero un buen día un descuido le deja compuesto y sin traje de seda en manos de unos niños que viven un mundo bien diferente. Edward comprenderá que existen otras realidades menos fáciles que las que él ha vivido, y el lector le acompañará en este viaje fascinante.

Cuentos India - Cuentos de la India, de S. Nanji/C. Corr (Ed. Intermón Oxfam): este libro apasionante es un recorrido por cada uno de los estados de la India. Sus cuentos vienen precedidos por páginas ilustradas que resumen la historia y las costumbres de las diferentes regiones del país. Una mirada alegre a una zona del mundo que no siempre es famosa por sus buenas noticias. 

De 10 a 14 años:

Barro de Medellín, de A. Gómez-Cerdá (Ed. Edelvives): El descomunal edificio de la Biblioteca España, en la barriada Santo Domingo de Medellín, ejerce una extraña atracción sobre los dos niños de 10 años que protagonizan este libro. El barrio, sus historias, las calles sin asfaltar constituyen el mundo que Camilo y Andrés no cambiarían por nada. Recórranlo con sus hijos y compartan con ellos la ternura que derrochan nuestros amigos cuando, refugiados de la lluvia y del maltrato bajo un trozo de latón, se confiesan el uno al otro: "hemos tenido suerte".

Sueño frankie - El sueño de Frankie, de P. Fisk (Ed. Montena): Charis, la niña más rica de la ciudad, conoce a Frankie, que vive en las casas medio en ruinas junto al acantilado. Su improbable amistad se ve golpeada cuando Frankie confiesa una grave enfermedad y la vida se convierte en una sucesión de hospitales, tratamientos y dramas familiares. Pero el único empeño de Charis será lograr que su amiga cumpla un sueño: volar. El trasfondo triste no consigue apagar el profundo optimismo de esta historia que habla de amistad y solidaridad en el difícil paso de la niñez a la adolescencia.

 

Y estas son algunas de las librerías en las que no solo podrán encontrar muchos de estos libros, sino también libreros capaces de entenderlos y recomendarlos (también aquí se admiten sugerencias, que esta lista es demasiado corta):

- En Madrid: El Dragón Lector y Kirikú y la bruja.

- En Barcelona: Abracadabra

- En Gijón: El bosque de la maga Colibrí.

¿Puede el ciberactivismo cambiar el mundo?

Por: | 10 de marzo de 2011

Luis Morago, Director de Campañas de Avaaz, comienza sus colaboraciones periódicas con este blog con una entrada sobre las nuevas estrategias del activismo digital y las oportunidades que ofrece para influir en retos globales como la pobreza, la corrupción o la violación de los derechos humanos. Lean y actúen:

 

Durante los últimos años hemos sido testigos de una verdadera explosión de iniciativas y acciones ciudadanas por Internet. Un ejemplo citado a menudo es la extraordinaria victoria electoral de Obama, cimentada en gran parte sobre el uso estratégico de las tecnologías online. Gracias a ellas pudo conectar con una  fragmentada y adormecida base social demócrata y convertirla en una poderosísima maquinaria electoral.

38 degreesDestacadas organizaciones como Greenpeace, Intermon Oxfam, Amnistía Internacional y otras muchas llevan tiempo utilizando Internet como herramienta de sus campañas. Y varios países ya cuentan con plataformas progresistas de acción ciudadana por Internet, como MoveOn.org en los Estados Unidos, GetUp.org en Australia, y 38 degrees en el Reino Unido. Con distinto formato, encontramos a Change.org  y, más recientemente, a Actuable en España. Y a nivel global, Avaaz.org que, en apenas cuatro años se ha convertido en la comunidad ciudadana global online más grande del mundo, con más de 7 millones de miembros distribuidos por todo el planeta (400.000 de ellos en España).

   

Este nuevo tipo de iniciativa no está exenta de críticas. Hay quienes denuncian que se trata de un modelo que promueve un activismo de salón, vago e ineficaz, frente a los métodos más tradicionales. Pero las experiencias de estas organizaciones nos revelan un amplio campo de acción que va mucho más allá de un simple 'clic' en una petición, y que es capaz de lograr victorias sorprendentes.

Corrupcion Sin ir más lejos, los británicos de 38 degrees han contribuido a tumbar una propuesta legislativa del gobierno conservador que proponía la venta de gran parte de los bosques del país por 250 millones de libras esterlinas. ¿Sus armas? Un pequeño equipo de profesionales, Internet y las acciones coordinadas de más de medio millón de ciudadanos. Y en Brasil, Avaaz impulsó el año pasado la campaña por Internet más grande de la historia de este país, con una petición online de más de 2 millones de firmas, 500.000 mensajes y decenas de miles de llamadas telefónicas a políticos e instituciones clave. Este esfuerzo resultó en la aprobación de una ley que excluyó a cientos de candidatos corruptos de las listas electorales. Una iniciativa similar se acaba de lanzar aquí en España.    

También en el marco de la acción humanitaria el potencial es enorme, como vimos en 2008 tras el devastador ciclón que asoló Birmania dejando decenas de miles de muertos. Ciudadanos de todo el mundo se movilizaron, donando por Internet 2 millones de dólares para comprar alimentos, medicinas y materiales de emergencia que pudieron llegar directamente a los afectados en cuestión de días a través de la colaboración entre Avaaz y una red de monjes birmanos que lograron sortear el bloqueo impuesto por la Junta Militar sobre toda ayuda internacional.

Así, junto a las grandes movilizaciones mundiales de la pasada década  (contra la pobreza, por un acuerdo climático ambicioso y justo, etc.), estamos viendo el surgimiento de un activismo más ágil y estratégico, en el que convergen modelos de acción convencionales e innovadores, donde más y más ciudadanos unen sus voces en plataformas organizadas y se movilizan en torno a problemas y oportunidades locales, nacionales o globales para lograr un impacto.

No sabemos lo que nos va a deparar el futuro. Pero lo importante es no caer en el fatalismo que nos lleva a creer que el mundo no puede cambiar y que no hay nada que podamos hacer al respecto. No debemos pensar que el activismo por Internet será esa varita mágica que necesitamos para construir un mundo mejor y más justo, pero empieza a demostrarnos que, junto a las incertidumbres y retos por las que navegaremos durante los próximos años, también existe un enorme universo de posibilidades.

¡Aprovechémoslas!

Claves para entender la crisis de alimentos

Por: | 09 de marzo de 2011

FAO prices

En este momento, delante de nuestras narices, se está produciendo la transición hacia un sistema alimentario global diferente del que hemos conocido hasta ahora. Un sistema marcado por el crecimiento y el enriquecimiento de los consumidores (en países como China e India), la escasez de los recursos naturales y los efectos del calentamiento global. Los signos de este cambio han comenzado ya con una escalada sin precedentes del precio de los alimentos básicos, que acaba de batir todos los records, y una melé internacional por acaparar recursos naturales esenciales como la tierra africana o el agua de América Latina.

Es un reto que se puede resumir en una única frase: En 2050 nos enfrentaremos a la necesidad de producir alimentos para 9.000 millones de personas utilizando la misma tierra cultivable y un 90% menos de carbono.

¿Cómo podemos resolver la cuadratura del círculo? ¿qué reglas e instituciones son necesarias para embridar un sistema que hoy está fuera de control, sujeto a los intereses de corto plazo o la codicia de los mercados financieros? Para contestar estas preguntas hemos entrevistado a alguien que ha dedicado mucho tiempo a reflexionar sobre ellas: José Esquinas ha trabajado durante casi tres décadas en la FAO, donde ha adquirido una visión única de los retos globales de la alimentación. A su esfuerzo se deben algunos de los acuerdos internacionales más relevantes en el campo de los recursos genéticos y la agricultura. Hoy dirige desde la Universidad de Córdoba la Cátedra de Estudios sobre Hambre y Pobreza y ha aceptado convertirse en uno de los colaboradores habituales de este blog.

 

El precio de ser mujer en la RD del Congo

Por: | 08 de marzo de 2011


Alumnos Congo Mario Vargas-Llosa describe en El sueño del celta el horror que experimentó Roger Casement al enfrentarse por primera vez a las atrocidades del Congo colonial de finales del XIX. Los latigazos, las mutilaciones y el abuso que se ejercía sobre decenas de miles de nativos constituyeron la base del Informe Casement, una de las piezas de denuncia política más importantes de su época.

Resulta inevitable pensar qué hubiese escrito este activista irlandés sobre el Congo de hoy, en el que alrededor de 200.000 mujeres y niñas fueron violadas en 2009 como consecuencia del conflicto que asola a esta región.

La RD del Congo es el frente principal de una batalla mucho más amplia: la que libran millones de mujeres en 35 países del mundo en los que la violencia sexual se ha convertido en un arma habitual de guerra. Desde la lucha por la independencia de Bangladesh hasta el genocidio de Ruanda, pasando por la antigua Yugoslavia, Colombia, Sudán o el Medio Oriente, la violencia sexual constituye una de las manifestaciones más crueles e inextinguibles de los conflictos. Las violaciones buscan destruir a las víctimas y a sus familias, humillar a los grupos étnicos o religiosos a los que pertenecen y demostrar la impunidad ante la ley.  

Estos datos han vuelto a cobrar relevancia en el informe de la UNESCO Educación para Todos en el Mundo 2011, del que ya hemos hablado la semana pasada: "Para aquellos directamente afectados, la violencia sexual deja un trauma psicológico que pone en peligro las posibilidades de aprendizaje (...). El miedo a la violencia, exacerbado cuando los culpables quedan sin castigo, hace que las niñas se recluyan en sus casas en vez de ir a la escuela". El rosario de casos documentados por este y otros informes resulta escalofriante:

- De acuerdo con la información hecha pública por las Naciones Unidas en 2005, la mitad de las mujeres colombianas desplazadas por la guerra habían sido víctimas de maltrato físico y una de cada tres forzada a mantener relaciones sexuales contra su voluntad.

- En Darfur (Sudán), Amnistía Internacional demostró en 2004 la implicación de las milicias Janjaweed en violaciones sistemáticas de civiles. La Corte Penal Internacional probó la participación de algunos altos cargos del gobierno.

- Los elevados números de violaciones y de violencia sexual que padecen países como Guatemala o Liberia sugieren que la impunidad que se desató durante la guerra se mantiene enquistada en las sociedades años después de terminar el conflicto.  

Pero ninguno de estos casos ha alcanzado la magnitud de la violencia sexual que padecen las mujeres y niñas de la RD del Congo. Las provincias Kivu del este del país son denominadas en el informe "la capital mundial de las violaciones". Uno de los estudios realizados estimó que un 40% de las mujeres de esta región habían sido víctimas de ataques sexuales, que en muchos casos también afectaron a hombres y niños. De hecho, las niñas y los niños constituyen uno de los principales objetivos por el miedo de los violadores a contraer el SIDA. 

 

Este vídeo de Oxfam America cuenta la historia de Justine Masika, directora de la Red de Mujeres Víctimas de Violencia Sexual, una de las organizaciones congoleñas que arriesgan sus recursos y su reputación en defensa de las mujeres afectadas. La violación de una vecina de 80 años le llevó a crear en 2003 una ONG que hoy ayuda a más de 7.000 víctimas a sobrevivir a su trauma y encontrar medios para salir adelante.

Sabemos lo que Masika y otras muchas mujeres congoleñas están haciendo por sí mismas, pero ¿qué hace la comunidad internacional para apoyarlas? A pesar de la envergadura devastadora de este problema, pocos de nosotros situaríamos las violaciones masivas en nuestra lista de prioridades para los países pobres, lo que significa que aún existe un largo camino por recorrer. Irónicamente, el informe de la UNESCO sugiere utilizar herramientas muy similares a las que permitieron a Roger Casement destapar los abusos del Congo: una comisión internacional liderada por Michelle Bachellet, Directora Ejecutiva de ONU Mujeres, que saque a la luz las atrocidades que se cometen contra las mujeres en estos países y proponga un plan de acción para los gobiernos, los donantes y la Corte Penal Internacional. Le deseamos al menos la misma suerte que tuvo su antecesor hace un siglo.

Sobre los autores

3.500 Millones es un blog coral dirigido por Gonzalo Fanjul. Este espacio es el resultado de un esfuerzo colectivo en el que los protagonistas de la lucha contra la pobreza comparten su experiencia y sus propuestas.

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  • Gonzalo FanjulGonzalo Fanjul lleva más de veinte años dedicado al activismo contra la pobreza, impulsa la iniciativa porCausa y colabora como investigador con diferentes think tanks, universidades y ONG

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