Ir a Planeta Futuro
3500 Millones

...y en Sudamérica hay 15m cada semana

Por: | 17 de mayo de 2011

Esta entrada ha sido escrita por ASIER HERNANDO.

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Foto de Jorge Mata. Surimages.

En Sudamérica estamos pasmados con la tibia reacción de los españoles ante los recortes sociales de esta crisis. El domingo salieron unos cuantos a la calle, pero no se entiende porqué se moviliza tan poca gente ante unas recetas cuyos resultados conocemos de antemano. Los argentinos, ecuatorianos, nicaragüenses o bolivianos que leen este blog pueden explicar a los españoles mejor que yo los “ajustes de cinturón” que se tragaron hace quince años, sus implicaciones y las movilizaciones que tuvieron que llevar a cabo para tratar de revertirlas.

 

En la década de los 90 América Latina se vio obligada a seguir las “recomendaciones” del Fondo Monetario Internacional (el mismo que el de ahora), que obligó a muchos países a reducir los presupuestos de educación, salud, agricultura o construcción de carreteras. Todo para controlar el déficit fiscal, lograr el crecimiento y reducir así la pobreza y las desigualdades. Pero este sacrificio no dio muchos resultados: el producto interno bruto por habitante se redujo un 2% cada año y el crecimiento económico fue el menor en décadas. Un desastre.

La diferencia con España no está en el ajuste, sino en el modo en el que respondió la población. Después de 10 años de promesas incumplidas y de corrupción (en esto sí nos parecemos), la sociedad se movilizó para revertir la fórmula del sacrificio de muchos para el beneficio de pocos. Entre 1997 y 2000,  las revueltas populares obligaron a 4 presidentes ecuatorianos a dejar el poder.  En Bolivia, la guerra por la privatización del agua del año 2000 fue el comienzo del cambio que se está dando en el país. En Brasil se consiguió algo impensable: llevar un sindicalista a la presidencia. Campesinos sin tierra de Brasil, indígenas de Bolivia, clase media empobrecida de Argentina o vendedores ambulantes de Perú... todos buscaron un beneficio para el conjunto de la sociedad y no solo para ellos mismos.

Se podrán hacer muchos comentarios sobre lo que han supuesto para la región las diferentes movilizaciones populares de hace unos años, pero hay algunos puntos incuestionables. Las políticas sociales actuales, algunas asistencialistas, están aportando un enorme beneficio a la sociedad. Programas como Renta Dignidad para los adultos mayores en Bolivia, Hambre Cero en Brasil, o el incremento del apoyo a la educación en Ecuador han sacado de la pobreza y mejorado la calidad de vida de millones de personas. Todavía hay retos pendientes, como la inversión hacia la pequeña agricultura, pero a ningún campesino sin tierra de Perú se le ocurriría nunca proponer reducir las paupérrimas jubilaciones de su país para que el gobierno les conceda más ayudas a ellos. Otra lección de Sudamérica para España.

¿Son solidarios los festivaleros?

Por: | 16 de mayo de 2011

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Foto de Nathalie Paco. El proyecto Africano-Europeo Congotronics VS Rockers durante una actuación en Planeta Madrid este sábado pasado

En el año 2003 los directores del FIB (Festival Internacional de Benicassim) se reunían con la directora de campañas de Intermon Oxfam y cerraban uno de los acuerdos de cooperación más sólidos y fructíferos entre una gran ONG y una gran Festival de música.

Ha llovido mucho desde entonces, e Intermon oxfam ya no colabora con el FIB, pero está presente en otros muchos festivales y desde hace unos años tiene incluso su propia producción de eventos musicales. El último concierto tuvo lugar el pasado miércoles en la sala Joy Eslava, dedicado a la Tasa Robin Hood, reunió a más de 500 personas y consiguió un enorme impacto en prensa y redes.

Hace apenas dos semanas el Festival SOS4.8 reunió a 40.000 personas, lo que equivale a la población de una ciudad como Soria. En la entrada se encontraba Amigos de la Tierra recogiendo firmas para su campaña de lucha contra el cambio climático. Superaron sus expectativas recogiendo más de 1.500 firmas contrastadas con DNI en apenas dos días. Este sábado pasado Planeta Madrid -un festival que, dentro de la programación de San Isidro, combina sostenibilidad y música- tenía un espacio dedicado exclusivamente a la sensibilización por el que pasaron miles de personas, pese a la lluvia que aguó gran parte de la tarde.

Pocos eventos, aparte de los deportivos, son capaces de reunir a tanto público tan receptivo y empático como los festivales musicales. Se trata de una relación donde todos ganan:

- Las organizaciones presentes en el evento ganan en imagen, en captación de apoyos para sus campañas e incluso en ventas (Intermon Oxfam o Setem tienen habitualmente un puesto de productos de comercio justo). También tienen acceso a una enorme difusión.

- Los festivales que acogen a las organizaciones también ganan porque asocian su marca a la ética y la sostenibilidad, porque se benefician de los canales de difusión de las organizaciones que llegan a otros tipos de públicos; porque amplían su función y realizan una actividad buena para todos; y porque generan simpatías entre un público cada vez más exigente en cuanto a valores solidarios y éticos.

En los grandes festivales las organizaciones pueden optar a un sinfín de actividades:

- Presencia en el mercado del festival, buscando apoyos para sus campañas, vendiendo productos o sensibilizando a través de talleres.

- Presencia en los materiales de comunicación de festival, cartelería, web y otros materiales promocionales; presencia en las pantallas con videos proyectados entre actuaciones.

- Acceso a los artistas y recuperación de apoyos de los mismos para las campañas, ya sea en formatos de vídeo o incluso con llamamientos desde el escenario.

La polémica aparece a la hora de juzgar la validez del impacto que realmente tienen las acciones de las organizaciones en el público asistente. Algunos esgrimen que el que acude a un evento de este tipo solo va buscando música y fiesta y, aunque no se negarán a firmar, su verdadero compromiso con "la causa" es escaso. Sin embargo, mis más de 10 años de experiencia en este tipo de enfoques, como público, como ONG y ahora desde Universo Vivo como parte de la organización de los festivales me permiten asegurar que no es así. En una época donde el tiempo es un bien escaso, el público, cada vez más permeable, agradece el poder usar su ocio en algo bueno a la vez que disfruta de una actividad lúdica.

En España la tradición festivalera apenas cuenta con 20 años de vida y los festivales siguen siendo uno de los pocos entornos que permiten llegar a los nichos más jóvenes. Desde hace un par de años empiezan también a surgir los festivales familiares, como Planeta Madrid, el Sonar para niños o el desmesurado Rock in Rio, donde los padres pueden acudir con sus niños a consumir música en directo mientras los pequeños disfrutan de actividades extramusicales.

Es decir, que el público consumidor de este tipo de actividades no deja de crecer, lo que convierte a esta extraña pareja de música y solidaridad en una de las nuevas estrellas de las programaciones musicales y de las previsiones de campañas de las organizaciones solidarias. Incluso el festival homenaje a la música por excelencia, el Día de la Música Heineken, incluye este año espacios solidarios en su market profesional.

Reaccionemos ya

Por: | 13 de mayo de 2011

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Foto: Nathalie Paco

El próximo domingo 15 de mayo miles de personas saldremos a la calle en toda España para exigir un cambio. El cambio que exigimos no está muy claro, porque la plataforma que nos convoca (¡Democracia real ya!) agrupa a un número amplio y variopinto de organizaciones sociales, movimientos y ciudadanos. Pero todos estamos de acuerdo en una cosa: hay algo profundamente disfuncional en la sociedad y la democracia en las que vivimos. Una sociedad en la que los méritos, la honestidad y el interés común quedan enterrados por el arribismo, la corrupción y los beneficios particulares.

Ya que votar en las próximas elecciones será un ejercicio heroico (especialmente en lugares como Madrid, donde cada opción es peor que la anterior), les sugiero tomar esta oportunidad como una especie de gimnasia ética. Propongo cinco razones por las que echarse a la calle, pero si no les gustan les ofrezco cualquier otra... a estas alturas, no estamos para ponernos dignos:

- Porque todos los partidos más importantes han decidido reirse en la cara de los ciudadanos al incluir en sus listas a más de 100 candidatos imputados por los tribunales. No podemos sacarles de las listas, pero gracias al ingenio de Avaaz podemos votar al Imputado Deluxe.

- Porque hace dos días denunciábamos en este blog la situación de miles de jubiladas viudas que sobreviven en nuestro país con 574 euros al mes, y buena parte de los comentarios a la entrada se resumen en un "que se jodan, que yo estoy peor".

- Porque Europa ya no recuerda quiénes éramos. Hemos permitido que un puñado de países conviertan la emergencia humanitaria de los refugiados norteafricanos en una crisis institucional europea, alimentando la tendencia regresiva de buena parte del continente. 

- Porque José Manuel González-Páramo -representante de España en el comité ejecutivo del Banco Central Europeo, una de las instituciones que fracasaron a la hora de evitar el desmelene financiero- dijo ayer que "la paciencia de los mercados no es ilimitada".

- Porque esta semana -mientras España anunciaba records olímpicos de paro- Chanel presentó en la Costa Azul su nueva colección para cruceros, y yo me he dado cuenta de que, un año más, estoy demodé.

 

Cooperación: los fracasos de nadie

Por: | 12 de mayo de 2011

CARLOS GALIÁN, experto en cooperación internacional, escribe desde el sudeste asiático su primera colaboración con 3500 Millones.

  Vietnam

La renovación de parte de la flota pesquera de VietNam, la introducción de un seguro social en este mismo país, la liberalizazión agrícola de Honduras... ¿qué tienen en común estos proyectos y reformas? Todas ellas han fracasado.

Según cuenta Bill Hayton, antiguo corresponsal de la BBC, en su apasionante libro Vietnam: Rising Dragon, la ayuda internacional financió un proyecto para reemplazar la flota pesquera de Vietnam. La sustitución de los pequeños barcos artesanales por barcos más grandes buscaba aumentar las capturas y desplazar la actividad pesquera hacia mar adentro, con el objetivo de recuperar los bancos cercanos a la costa. Lamentablemente, sin la formación necesaria para ese tipo de pesca en alta mar, los pescadores siguieron faenando cerca de la costa con la nueva flota. Tras un par de años buenos, la situación se tornó dramática al descender en picado el número de capturas. El proyecto logró exactamente lo contrario de lo que perseguía. 

Los donantes se volvieron a lucir en 2008, cuando a instancias de Banco Mundial el Gobierno de Vietnam introdujo un sistema voluntario de seguridad social. La reforma pretendía ofrecer una alternativa de protección al sector informal, que representa cerca de un 80% del mercado laboral. Tres años después, menos de 100.000 personas participan en el esquema de seguridad social voluntario, cuando la fuerza laboral supera los 50 millones de trabajadores. Así que, por el momento, el seguro social voluntario no ha dado respuesta a la falta de protección del sector informal.

En el otro extremo del mundo, en Honduras, el gobierno redujo bruscamente el arancel a las importaciones de arroz en 1991. ¿Qué peso tendrían las recomendaciones del Banco Mundial que en esa época aconsejaba a Honduras que “sustituir los granos básicos por cultivos de exportación se traducirá en ganancias netas de empleo e ingresos por hectárea”? Las importaciones agrícolas procedentes de los EE.UU. se dispararon; y mientras los precios globales de los alimentos son más altos que nunca, el país ha pasado de ser exportador neto a importador de productos agrícolas, especialmente dependiente del arroz norteamericano. 

La respuesta habitual de los donantes (sean organizaciones internacionales, gobiernos u ONG) ante estos fracasos suele ser culpar al gobierno de turno por no haber adoptado alguna medida que habría cambiado el resultado del proyecto. Es decir, nosotros no nos equivocamos; se equivocaron los gobiernos de Vietnam y Honduras.

La mayoría de los proyectos fracasados quedan en el olvido (los agricultores hondureños no se olvidan, sin embargo, de Roger Norton, economista agrícola contratado por el Banco Mundial que asesoró al gobierno hondureño). Y en muy pocos casos se mide el verdadero impacto de la "asesoría" o el lobby que estas organizaciones ofrecen a los gobiernos de países en desarrollo, hasta el punto de convertirse en actividades invisibles (especialmente cuando fracasan; cuando tienen éxito aparecen decenas de responsables).

Una notable excepción es el Grupo de Evaluación Independiente del Banco Mundial. Su análisis crítico de la política comercial impulsada por el Banco es un buen ejemplo. El informe sobre la cooperacion en Honduras reconoce el fracaso de su estrategia de desarrollo rural, aunque no lo relaciona con sus recomendaciones en política comercial, sino con la debilidad institucional de Honduras. Una de cal y otra de arena. El siguiente reto radica en lograr que las recomendaciones del Grupo de Evaluación permeen la posición y los proyectos del Banco, en todos los países y no solo en la sede. Sin un esfuerzo extra para comunicar el resultado de las evaluaciones será muy difícil lograrlo.

Si bien es cierto que los gobiernos donantes, las instituciones internacionales y las ONG nos sentimos obligados a ofrecer resultados positivos a los contribuyentes y financiadores, la solución no es esconder los fracasos debajo de la alfombra con la esperanza de que nadie los encuentre. Todos, incluidos los ciudadanos, tenemos que asumir que, como en cualquier otro proyecto, iniciativa o reforma -ya sea social, económica o empresarial-, hay posibilidades de acertar o de equivocarse. Las organizaciones, agencias e instituciones internacionales de desarrollo deberíamos crear oficinas independientes de evaluacion (quizás compartidas para reducir gastos y poder comparar entre diferentes enfoques), involucrar a los beneficiarios en estas evaluaciones y publicar de manera transparente los resultados. Lo que no necesitamos son alfombras bajo las que esconder nuestros errores.

Uganda: sin pobreza, sin SIDA, sin gays...

Por: | 11 de mayo de 2011

Esta entrada ha sido escrita por IRENE MILLEIRO.

 
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Cuando doy algún curso o participo en alguna conferencia no me canso de repetirlo: la ayuda al desarrollo funciona. Hay muchos ejemplos, aunque las ONG no seamos muy buenas en visibilizarlos. Uno de esos buenos ejemplos es Uganda, uno de los países que parece que alcanzará gran parte de los Objetivos de Desarrollo del Milenio en el año 2015, entre ellos el de reducir la pobreza y el hambre a la mitad.  

El punto de partida era aterrador: primero, la brutal represión del régimen de Idi Amin en la década de los 70, que dejó más de 300.000 muertos. Después, una sangrienta guerra en el norte que duró más de 20 años entre el gobierno y el fanático y brutal Ejército de Resistencia del Señor, que secuestró a más de 30.000 niños y niñas para hacerles trabajar como soldados o esclavas sexuales. En el año 2006 Oxfam y la plataforma de ONG de Uganda cifraban el coste humano de la guerra en cientos de miles de muertes, y su coste económico en más de 1.700 millones de dólares. (Ver aquí la entrada que hicimos sobre la radio comunitaria Wa).

Con este panorama, las tasas de pobreza, analfabetismo, y prevalencia del VIH eran brutales en los años 90: cerca del 70% de la población vivía con menos de 1 euro al día, el 44% era analfabeta y cerca del 15% de la población estaba infectada por el VIH.

El panorama a día de hoy es, afortunadamente, muy distinto: en 2009 la tasa de pobreza ha bajado hasta el 29%, el analfabetismo ha caído hasta el 27% y “solo” un 6% de la población sufre el VIH.

Este “milagro” ha sido posible gracias a una combinación de voluntad del gobierno, inversión de los donantes –incluido el Banco Mundial- y trabajo de las ONG -denunciando la situación, presionando para conseguir avances y colaborando con la población y el gobierno para producir cambios concretos-. 

Pero en casi todas las historias bonitas hay una cara oscura: hoy mismo se debate en el Parlamento de Uganda una ley que permitiría condenar a muerte a las personas homosexuales. Así como se lo cuento. La ley no sólo pretende introducir la pena de muerte para las personas que practiquen la homosexualidad en Uganda, sino que incluye también provisiones para las personas ugandesas que se involucren en este tipo de relaciones fuera de su país, para que sean adecuadamente castigadas tras su extradición a Uganda, e incluye penas para organizaciones, medios de comunicación o personas que apoyen los derechos de las personas LGTB.

La eterna tensión entre los derechos económicos, sociales y culturales y los derechos civiles y políticos. Países como Uganda o como Cuba se excusan en su buen cumplimiento de los primeros para quitarle importancia a las violaciones de los segundos. Para mí la discusión es tan absurda como preguntarle a alguien a qué hijo quiere más. 

Y podemos hacer algo. El presidentísimo Museveni (dirigiendo el país desde 1986, otra faceta de esa cara oscura) quiere seguir manteniendo la buena imagen y el apoyo económico de la comunidad internacional. Gritemos. A la hora de cerrar este post más de 600.000 personas ya habían firmado esta petición de Avaaz para frenar la ley. Hazlo tú también, y dile a Museveni que los derechos son siempre derechos.

¿Se puede tener una vida digna con 574 euros?

Por: | 10 de mayo de 2011

Viudas

Foto de Nathalie Paco

Ninguna de mis dos abuelas cotizaron a la Seguridad Social, pero trabajaron gran parte de su vida, más de 60 años, entre otras cosas para que sus maridos pudieran ejercer unas profesiones que eran muy absorbentes.

Pilares de unas casas con muchos hijos -6 y 7, respectivamente-, mis abuelas se dejaron el cuerpo y el alma para que sus hogares funcionaran día a día. Sus hijas, de otra generación, estudiaron y trabajaron fuera de casa y han cotizado a seguridad social. Sus 20 nietas también, todas sin excepción, cotizamos a la seguridad social de forma individual.

Mis dos abuelas se quedaron viudas. Mi abuela Teresa, viuda desde hace mas de 20 años, cumplió hace una semana unos flamantes 90 años y sigue viviendo en su casa, según es su deseo... gracias a que cuenta con la ayuda económica de mis padres y mis tíos.

Pero hasta que el otro día no recibimos en el Twitter de @3500m un mensaje de un usuario llamado @574 no me había parado a pensar seriamente en la situación del millón y medio largo de mujeres que, como mis abuelas, trabajaron pero no cotizaron, y hoy pagan las consecuencias: tras la muerte de sus maridos, sobreviven durante años con unas pensiones de viudedad inferiores a los 700 euros. Lo que es peor, casi medio millón de viudas recibe una pensión media de tan solo 434 euros.

 

La sociedades dignas se distinguen por el trato que dan a sus niños y a sus mayores. A pesar de los debates sobre la igualdad y la dignificación social y legal del trabajo doméstico de las mujeres, en España hay demasiadas viudas viviendo en condiciones indecentes, víctimas de la indiferencia de unos políticos que ni siquiera abordan el tema. ¿Será porque no constituyen un objetivo electoral relevante?

574 es una iniciativa que defiende un objetivo simple: las viudas deberían tener derecho a un 70% de la pensión de sus difuntos maridos, en vez del 52% miserable con el que deben conformarse ahora. Cada una de las historias del vídeo y de las centanares de miles que no aparecen en él constituyen una causa justa que merece ser contada y apoyada. ¿Y ustedes, que piensan hacer?

Si quieren saber más sobre la campaña les recomiendo que visiten el microsite http://www.574euros.com/; pero, sobre todo, pregunten a aquellas viudas que conocen: seguro que como yo no dejan de sorprenderse.

ONG religiosas: ¿ayuda o proselitismo?

Por: | 09 de mayo de 2011

Afganistan. © UNHCR/M.Maguire

El argumento no es nuevo: una de las razones que explican la difusión y el predicamento de las organizaciones islámicas radicales en algunos países es su capacidad para atender necesidades básicas de las poblaciones pobres. En otras palabras, sustituir al Estado y a la comunidad internacional cuando estos han demostrado su incompetencia o, sencillamente, han desaparecido.

Gaza constituye un ejemplo paradigmático de esta estrategia. Un reciente documento publicado por las principales ONG internacionales que operan en la Franja describe cómo el bloqueo internacional y la coerción de Israel (incluyendo ataques militares) desde que Hamas ganara las elecciones en abril de 2006 han provocado una verdadera catástrofe humanitaria. Seis de cada diez habitantes sufren inseguridad alimentaria; un 80% depende de la ayuda internacional para su supervivencia; y la gran mayoría sufre cortes recurrentes en la provisión de electricidad o agua potable. La incapacidad de la ONU para introducir materiales desde Israel ha impedido la construcción de escuelas para 40.000 niños y niñas palestinas.

En este contexto, las organizaciones islámicas de base se han convertido en la única alternativa fiable para muchas familias. El Council of Foreign Relations calcula que un 90% de los 70 millones de dólares anuales con los que cuenta Hamas están destinados a actividades de carácter social a través de una compleja red de organizaciones religiosas de base que gestionan escuelas, orfanatos, mezquitas, comedores populares y centros deportivos. Es cierto que el bloqueo israelí o la presión internacional difícilmente explican la mala gestión o la corrupción endémica de las autoridades palestinas, pero ese es un argumento con poco predicamento entre una población que vive en situación de emergencia.

Con escenarios diferentes, el argumento se repite en buena parte del mundo árabe. A pesar de la elevada educación media de sus poblaciones o las buenas condiciones para un desarrollo industrial y comercial, la pobreza campa a sus anchas. El último Informe de Desarrollo Humano elaborado por el PNUD para la región señala alarmado que los niveles de pobreza alcanzan al 40% de la población. En ausencia de una intervención decidida, las tendencias demográficas y climáticas no hacen más que empeorar la situación.

Se me ocurren pocos asuntos tan relevantes como este en la nueva agenda política y social del mundo árabe. Las revueltas exigen más libertad y democracia, pero suponen también un desafío a la incompetencia social desplegada por los Estados árabes casi sin excepción. Las organizaciones religiosas pueden jugar un papel fundamental en la reforma, pero para eso es imprescindible establecer líneas claras entre la actividad espiritual y la actividad social, exigiendo, por ejemplo, servicios sociales abiertos a todas las comunidades pobres con independencia de su fe. Algunas importantes organizaciones internacionales de origen musulmán, como Islamic Relief, ya han marcado el camino (échenle un vistazo a la serie de artículos en los que esta organización vincula los fundamentos del Islam a la lucha contra la pobreza y la corrupción, o con la educación de las niñas. Les aseguro que rompen muchos de nuestros mitos).

 

Eso sí, no vayan a pensar que la separación entre el proselitismo religioso y la acción social solo es una asignatura pendiente en los países musulmanes. Soy cristiano y el primero en valorar el admirable trabajo de Caritas y otras ONG de la Iglesia católica, pero me niego a marcar la casilla de financiación de la Iglesia en el formulario del IRPF si eso supone apoyar de algún modo la repulsiva agenda política de la Conferencia Episcopal española (o de alguna otra, como demuestra de manera contundente Vargas-Llosa en su tribuna de ayer). Hasta que la distinción quede clara, mis contribuciones van directamente a Caritas.

Indignados reaccionan en la India

Por: | 06 de mayo de 2011


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A las mujeres del pueblo de Nagratollaen el estado de Orissa, uno de los más pobres de la India, no les hizo ninguna gracia cuando allá por el año 1999 se enteraron de que sus representantes locales llevaban tiempo apoderándose de una buena parte de los fondos públicos destinados a pagarles un jornal digno e invertir en servicios sociales básicos para ellas y sus familias. Fue entonces cuando empezaron a comprender que su situación de empobrecimiento y exclusión social se debía, en gran parte, a la corrupción de sus líderes políticos e instituciones.

Superado el shock inicial, pero aún muy indignadas, decidieron ir a por todas y, con el apoyo de algunas ONG que trabajaban en la zona, iniciaron un revolucionario viaje que las llevo a cambiar sus vidas. Comenzaron a sucederse las reuniones, los talleres, las denuncias, las protestas y las movilizaciones. Para ellas ya no había vuelta atrás. Y así fue.

El escándalo terminó por salir a la luz, los culpables identificados, y pudo hacerse algo de justicia. Lo último que oí de mis colegas allá es que uno de los principales responsables de la apropiación de fondos públicos, abrumado, acabó suicidándose. Pero este no es el tema. Lo verdaderamente interesante es que la vida de las mujeres de Nagratolla estaba cambiando gradualmente: su papel y su reconocimiento dentro de sus familias y comunidades; su libertad y confianza para participar en la vida pública y política local; y su recién descubierta vena activista que las llevaba a pelear y negociar por sus derechos.

Para ellas la corrupción no es ninguna tontería. Tampoco lo es para los miles de millones de personas que viven bajo el umbral de la pobreza en todo el mundo y que sufren desproporcionadamente el impacto de los sobornos, las estafas, el abuso de poder, y otras muchas prácticas corruptas.

Ahora, diez años después de mi última visita a Orissa, acabo de regresar de Delhi, donde el equipo de Avaaz está ayudando a impulsar una sorprendente campaña ciudadana nacional contra la corrupción.

Hace apenas un mes Anna Hazare, un reconocido activista septuagenario de la escuela Gandhiana, se declaró en huelga de hambre, manifestando que prefería morir a menos que el gobierno aceptase la adopción de una nueva ley anti-corrupción desarrollada con estrecha participación de la sociedad civil.

La noticia se propagó como la pólvora y, en cuestión de horas, miles y miles de ciudadanos comenzaron a movilizarse en apoyo de las demandas de Hazare, saliendo a las calles y portando mensajes contra la corrupción o uniéndose a actos solidarios. La explosión ciudadana también alcanzó Internet. En apenas 36 horas Avaaz logró reunir más de medio millón de firmas de ciudadanos indios pidiéndo medidas inmediatas. Cuatro días después, el ensordecedor clamor público obligó al gobierno a aceptar formalmente las demandas de Hazare, que incluyen la creación de un organismo independiente con el poder de investigar y denunciar casos de corrupción política y supervisar el cumplimiento de la nueva legislación.

Parece que la movilización popular ha hecho que muchos dirigentes se echen a temblar, y su respuesta ha sido inmediata: la semana pasada la India fue testigo de una feroz campaña de difamación y desprestigio contra los principales líderes de las movilizaciones ciudadanas, dirigida a dividir y debilitar el movimiento anti-corrupción. Pero pronto se descubrió que las pruebas presentadas habían sido manipuladas y, tras una nueva oleada de protesta, parece que el culebrón ha perdido fuerza y las negociaciones gobierno-sociedad civil han retomado el paso.

Gracias a la combinación de tácticas de acción ciudadana tradicionales e innovadoras, las voces de los ciudadanos están llegando a los oidos de la clase política y se están logrando importantes avances. Pero las espadas siguen en todo lo alto. Ahora muchos se preguntan si no estaremos asistiendo al nacimiento de un nuevo e histórico movimiento ciudadano en la India. El tiempo lo dirá.

Mientras tanto, en España acabamos de dar el pistoletazo de salida a la campaña electoral que culminará el 22-M y los principales partidos políticos, lejos de prestar atención a la creciente indignación ciudadana, nos han obsequiado con un centenar de candidatos imputados por casos de corrupción. ¿Cómo responderemos los españoles ante tal tomadura de pelo? A mí, personalmente, me han enseñado un par de lecciones allá en la India.

¿Por qué es tan difícil encontrar un buen café en España?

Por: | 05 de mayo de 2011

Cafe
Foto: Nathalie Paco

(Homenaje a nuestros vecinos de El Comidista.)

Me gusta mucho el café. Lo bebo a chorros por las mañanas, solo y sin azúcar, aunque en esa versión "aguachirri" que tanto critican los puristas del expreso. Sería capaz de recorrerme media ciudad para encontrar un buen café, aunque hasta ahora me ha bastado con cruzar el pasillo que separa mi despacho de Intermón Oxfam de la tienda de comercio justo en la que esta organización vende sus productos. En ella encontrarán diferentes tipos y calidades de café (además de té, azúcar y otros productos básicos), entre los que destaca la joya de la corona: un café arábica de Etiopía empaquetado en un atractivo envase dorado que no exagera el valor del contenido. Oro en polvo.

Comprar café de comercio justo es mucho más que una buena acción, pero no les quepa duda de que eso está incluido en el paquete. Cerca de 125 millones de familias en todo el mundo dependen del café. La mayor parte de ellas han pasado su existencia sufriendo los precios bajos y los abusos de los intermediarios. Desde Guatemala a Vietnam, pasando por Uganda o Brasil, buena parte de los productores de café viven sujetos a las mismas incertidumbres de cualquier familia campesina en un país pobre... salvo que tengan la suerte de participar en las redes de comercialización del comercio justo. Entonces la cosa cambia. 

Este tipo de comercio garantiza precios rentables para los productores, condiciones laborales dignas y el fomento de modelos de organización que a menudo llevan aparejados servicios básicos como la salud o la educación. Incluso ahora, cuando los precios mundiales están muy altos, existe una ventaja comparativa clara. Un compañero me hablaba hace poco del caso de la cooperativa de productores Ankole, en el sur de Uganda. En solo tres años, sus 5.000 miembros (un tercio de los cuales son mujeres) han visto cómo sus ingresos crecían tras ahorrarse las comisiones que pagaban a los antiguos intermediarios. La cooperativa ha promovido y financiado la construcción de escuelas y carreteras en la región, puesto en marcha un exitoso programa de microcréditos y ya tienen planes para entrar en el mercado del café orgánico con un 20% de su producción. Todo gracias a las redes y los estándares de comercio justo.

Pero todos estos logros no se distinguirían de una estampita del Domund si no fuese por la calidad del producto que se vende, que compensa el pequeño sobreprecio que pagan los consumidores. El café de comercio justo es en su mayoría un café gourmet que ha llamado la atención de los cocineros más sibaritas, como Ferrán Adriá.

Así que no hay excusas: bueno, bonito y (solo un poco menos) barato. Ya tienen todo lo que necesitan para echarse a la calle y surtirse de un buen café. En todos los sentidos. Pueden dirigirse a las redes de tiendas de comercio justo más conocidas (Alternativa3, IDEAS e Intermón Oxfam) o cualquier otra que les convenga. Starbucks España y prácticamente todas las grandes superficies (con la bochornosa excepción de MERCADONA) venden ahora este café, aunque en ocasiones lo entierran tras la achicoria. Y siempre pueden hacer sus pedidos cómodamente por internet.

ALEX EVANS, profesor de la Universidad de Nueva York, inaugura sus colaboraciones con 3.500 Millones hablando de la responsabilidad privada en la calamidad pública del precio de los alimentos. Un asunto que confirma nuestra denuncia de hace unos días y otras similares, como la que afecta estos días al Barclays Bank

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Finalmente, los activistas han encontrado al villano que estaban buscando en el asunto de la especulación y los precios de los alimentos. Verles alinearse y prepararse para la batalla puede recordarle a alguno la escena de la caballería aérea en Apocalypse Now.

A lo largo de la montaña rusa en la que se han convertido los precios de los alimentos en los últimos años, uno de los asuntos más polémicos ha sido el papel de los especuladores financieros en la elevación de los precios o en la generación de mayores niveles de volatilidad. Algunos políticos (en especial los franceses, y si no vean la agenda del G20 de este año) han agarrado al vuelo la oportunidad de pintar a los sectores financieros como el malo de la película. Grupos de campaña como el World Development Movement también se han aupado a esta tesis. Desgraciadamente, lo cierto es que la mayor parte de la evidencia está lejos de ser concluyente. Homi Kharas, del Brookings Institute, lo pone de este modo:

"Casi todos los estudios serios llegan a la misma conclusión: la volatilidad inherente a los mercados alimentarios provoca especulación, no al contrario."

Del mismo modo, cuando el International Food Policy Research Institute analizó este asunto, sus conclusiones tampoco fueron tajantes: lo más lejos que llegaron es a afirmar que las actividades especulativas "podrían haber tenido una influencia" en la elevación de los precios. El consenso amplio entre los analistas independientes es que la especulación financiera puede haber añadido algo de 'espuma' al mercado, y posiblemente provocar una cierta volatilidad adicional en los márgenes, pero está muy lejos de ser el principal causante de la inflación de los precios de alimentos o de su volatilidad.

Si eres una ONG, estas noticias son decepcionantes, porque los especuladores y los intermediarios financieros constituyen un villano estupendo para una campaña. Pero ahora ha aparecido una novedad interesante.

Durante las últimas semanas, la firma comercializadora de materias primas Glencore, basada en Suiza, se ha estado preparando para una salida a bolsa a través de una oferta pública de acciones. Aunque es muy posible que usted no haya oído hablar nunca de esta compañía (tiene cierta alergia a la publicidad), se trata de uno de los grandes jugadores de este mercado. Con unos ingresos que el año pasado alcanzaron los 145.000 millones de dólares y una capitalación bursátil esperada de 73.000 millones de dólares tras esta oferta de acciones, Glencore se va a convertir en la oferta pública más importante que ha conocido la Bolsa de Londres, y una vez realizada la convertirá en una de las compañías más grandes del FTSE 100 [índice de la Bolsa de Londres].

Hace un par de semanas, Glencore reveló a UBS -uno de los bancos que avalaban su emisión de acciones- que había hecho una monumental apuesta especulativa sobre el incremento de los precios del trigo y del maíz durante las primeras fases de la sequía rusa del pasado verano (que, en muchos sentidos, fue el disparo de salida para el actual repunte de los precios, posterior a la crisis financiera). ¿Entonces? Este es el punto clave, tal como lo expresaba el Financial Times en su edición del pasado 25 de abril:

"Mientras apostaba al alza de los precios, comerciales 'senior' de la compañía basada en Suiza urgían públicamente a Rusia para que impusiera un veto a las exportaciones de grano. Moscú reaccionó pocos días después, desencadenando una 'carrera de grano'."

Si esto es cierto, entonces la historia es completamente diferente. Porque es posible que existan dudas sobre el efecto de la especulación en la inflación o los picos de precios, pero nadie tiene ninguna duda de lo dañinas que resultan las restricciones de exportaciones. En el peor momento de la escalada de 2008, los vetos de exportaciones fueron el factor que convirtió la incomodidad general en simple pánico, enviando los precios a alturas récord en un verdadero círculo vicioso. Y el veto ruso a las exportaciones durante el último verano prendió fuego a la mecha de la nueva escalada de precios, que han alcanzado nuevos récords y han aplastado por el camino a cerca de mil millones de personas en todo el mundo.

Entonces, ¿son culpables? Este es el párrafo clave de una nota publicada por Glencore el pasado 3 de agosto: "En nuestra opinión, el gobierno [ruso] tiene todas las razones para detener todas las exportaciones".

¿Es eso "urgir", como sugiere el FT? No creo que sea una acusación poco razonable. Glencore es un actor muy importante en los mercados de materias primas. Sus análisis son escuchados y utilizados como base para moverse en los mercados, incluso por los gobiernos. Y el hecho de que hasta ahora no hayan hecho pública su posición a largo plazo sobre el trigo en aquel momento resulta sospechoso en el mejor de los casos. En el peor, parece una manipulación directa de los mercados cuya factura la pagan las poblaciones hambrientas. Glencore dice ahora que la nota era solo la visión personal de su autor, no una posición formal de la compañía. También arguye que los vetos a las exportaciones de Rusia "no ayudaron particularmente a su negocio", ya que el grano que habían comprado se quedó estancado por el embargo, lo que les obligaba a comprar grano en alguna otra parte, a precios más altos, para cumplir sus obligaciones. 

Pero es poco probable que argumentos como estos pesen mucho ante los activistas (y nótese que la respuesta de Glencore no dice que de hecho perdiesen dinero). Y con Glencore a punto de ponerse bajo el foco debido a su salido a bolsa, y la especulación y la restricción de exportaciones en la agenda del G20 durante 2011, es difícil pensar que haya pocas oportunidades de campaña... 

[Esta entrada fue publicada originalmente en el blog de Alex Evans, Global Dashboard.]

Sobre los autores

3.500 Millones es un blog coral dirigido por Gonzalo Fanjul. Este espacio es el resultado de un esfuerzo colectivo en el que los protagonistas de la lucha contra la pobreza comparten su experiencia y sus propuestas.

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  • Gonzalo FanjulGonzalo Fanjul lleva más de veinte años dedicado al activismo contra la pobreza, impulsa la iniciativa porCausa y colabora como investigador con diferentes think tanks, universidades y ONG

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