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3500 Millones

La impotencia de una madre en el Cuerno de África

Por: | 11 de agosto de 2011

Irina Fuhrmann, de Oxfam, nos remite esta nota desde el norte de Kenia, donde la situación de los refugiados sigue siendo absolutamente desesperada. Puedes encontrar aquí todos los detalles sobre cómo echar una mano, y recuerda que El País mantiene abierto un canal Eskup además de nuestros recursos habituales de Twitter y Facebook. Todo está en la columna derecha de esta página.

Namanakwee Ngamor. Autor:Oxfam

Siempre he pensado que enterrar a un hijo es la experiencia más traumática que puede ocurrirle a una madre, una alteración del orden natural de la vida. Pero si además, tu hijo muere porque no has tenido con qué alimentarle, a ese dolor se añade la impotencia de no haber podido responder al más básico de los instintos maternales: nutrir a los hijos.  

Cuando Namanakwee Ngamor me cuenta que hace menos de un mes el hambre mató a su hijo, sus ojos abatidos expresan más que dolor. “Mi hijo tenía 5 años. Estaba cada vez más débil y yo no tenía nada más para darle qué frutos silvestres. Llevábamos semanas sin comer y mi hijo no pudo aguantar”, explica la mujer mientras sostiene entres sus manos un saco vacío que utilizará para recoger la parte que le corresponde de la distribución de alimentos que hoy está realizando Oxfam en Kanukurdio. Esta aldea del norte de Kenia es una más de las afectada por la grave crisis alimentaria en el Cuerno de África, una crisis que amenaza a más de 15 millones de personas en la región. 

El hambre se mece lentamente sobre los más débiles, adormeciendo primero a los niños y a los ancianos, pero sus estragos empiezan a alcanzar también a los adultos. Las madres, con sus cuerpos ya frágiles por años de penuria, se están debilitando cada vez más y en cualquier momento ellas también pueden caer. Mary Nsaniana enterró hace poco a su hija, la madre de sus dos nietos, tras una enfermedad que, según la experiencia de esta mujer de 50 años, fue una acumulación de hambre y sed. Hambre y sed que alteran el orden natural de la vida.

Tampoco los habitantes de la zona comprenden porqué hay sequía, porqué hace más de cinco años que no llueve ni cómo van a poder seguir adelante cuando han perdido cerca del 60% de su ganado. Las cabras, ovejas, vacas, e incluso ahora los camellos, se están desvaneciendo y con ellos su única fuente de ingresos. “Cuando mueren los animales sabemos que  los siguientes somos nosotros, los humanos”, explica Mary, con ademanes que muestran el enojo de su desesperanza.

Desesperanza y urgencia para que no mueran más personas. “Necesitamos cereales para poder darles papilla a los niños, antes de que sea demasiado tarde” clama Aite Eknoba, tratando de sostener erguidos a sus dos hijos, Apúa y Evei, cuyos cuerpecitos se doblegan ante la fuerza del hambre. Tras haber pasado tres semanas comiendo edapal, uno de los frutos silvestres que se encuentra en la zona, los niños están tan débiles que ya no retienen ningún alimento sólido. Si su madre no encuentra algo adecuado para alimentarles rápidamente, otra nueva alteración del orden natural de la vida se cernirá sobre Nakinomet, una aldea dónde más de 4.400 personas dependen totalmente de la ayuda humanitaria.

Mujeres de Nakinomet. Autor: Oxfam
Esta comunidad ya ha enterrado a cuatro niños víctimas del hambre y otros 626 sufren desnutrición. Según las recientes evaluaciones que se han llevado a cabo en la región de Turkana, 37 niños de cada 100 muestran signos de desnutrición.  Lo que no podemos medir todavía es el grado de impotencia de sus madres, obligadas a esperar que llegue la ayuda humanitaria para poder alimentar a sus hijos unos días más.

Aite, Mary y Namanakwee son solo tres madres entre miles de mujeres afectadas en la región, que no tienen nada con qué alimentarse, ni ellas ni sus hijos. Sus maridos, antes orgullosos pastores trashumantes, solo esperan que llegue la tan ansiada lluvia. La falta de pasto y el conflicto interétnico que afecta ciertas zonas fronterizas de pastoreo han sitiado a estas comunidades, obligándolas a permanecer en esta dramática espera.

Sin embargo, para algunas de estas madres, la espera no carece de iniciativa. En Mila Matatu, otra aldea de la zona, me encuentro con Alice Atabo, la agente de intercambio designada por Oxfam para apoyar la distribución de alimentos. Esta emprendedora mujer ha hecho crecer una pequeña tienda de alimentación que provee a la comunidad. “Todo empezó cuando decidí invertir una pequeña cantidad que me había dado Oxfam al participar en un proyecto de "efectivo a cambio de trabajo" en comprar productos como leche, harina, azúcar. Tan pronto supieron que en mi tienda podían abastecerse de lo básico empezaron a venir de todos lados. Y, con el tiempo, pude volver a pedir otro crédito y ampliar mi aprovisionamiento. Ahora además, recepciono  los alimentos de la distribución gratuita y las familias más necesitadas vienen a recogerlos a mi tienda” explica Alice.

“Hoy han llegado los alimentos de la distribución y la gente ya está impaciente con sus tarjetas de intercambio preparadas, pues ya no les queda nada para comer”, nos explica mientras sostiene en sus brazos al último de sus ocho hijos, un bebé sonriente que juega con los collares de su madre. Alice sabe que es una madre afortunada pues tiene con qué nutrir a sus hijos. 

Alice Atanbo. Autor: Oxfam


Hay 5 Comentarios

Uff! Gracias Irina por contarlo tan bien. Joder, te deja tocado. No me imagino lo que debe ser ver morir a tu hijo/a de hambre, despacito, dia tras dia, y no poder hacer nada. Literalmente, no me lo imagino. Las fotos son cojonudas tambien, imagino que tuyas.

Es indignante que sigan muriendo personas de hambre.
Como hace unos días afirmaba un ex-relator de NNUU,"cada niño que muere de hambre es un niño asesinado"
Como malas personas pueden condenar a miles de personas al hambre e incluso en su caso extremo,a la muerte,presos de su avaricia.
Si el progreso de una sociedad se mide en el trato que da a los sectores mas vulnerables...¿qué decir hoy de la sociedad internacional?
Recuerdo el texto que publicaste hace un par de meses inspirado en palabras y voces que te llegaron desde Guatemala "el hambre de muchos enriquece a unos pocos"
¿Hasta cuando habrá que esperar para que un conjunto organizado de ciudadanos encabece un movimiente masivo y global que se rebele frente a una realidad intolerable?
Y sí,ya son muchos los que se rebelan frente a una realidad injusta,pero...la gran mayoría permanece aferrada a una comoda miopía.
Que la revolución ciudadana de este siglo XXI nos lleve a ver un mundo en el que cada ciudadano tenga cubiertas sus necesidades básicas,junta a la garantía de otros derechos fundamentales básicos y un sistema que ofrezca igualdad de oportunidades.
Quiero compartir humildemente un post de mi blog,inspirado por la experiencia en Guatemala,un pais donde siguen muriendo campesinos asesinados,donde la memoria del genocidio y la discriminacion sigue viva como herida lacerante en una sociedad,donde,desgraciadamente,voces que trabajan en pos de otro mundo posible se ven amenazadas por aquellos que quieren apagar esas luces de esperanza.
http://destelloshumanos.blogspot.com/2011/06/encuentros.html

Es indignante que sigan muriendo personas de hambre.
Como hace unos días afirmaba un ex-relator de NNUU,"cada niño que muere de hambre es un niño asesinado"
Como malas personas pueden condenar a miles de personas al hambre e incluso en su caso extremo,a la muerte,presos de su avaricia.

y seguirá mientras la sensibilidad de nuestra especie sea equiparable a la de una roca.
http://schaeffers30.blogspot.com/

Aquí usted puede encontrar los secretos de José Luis Rodríguez Zapatero
http://tinyurl.com/4rnqzjf

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Sobre los autores

3.500 Millones es un blog coral dirigido por Gonzalo Fanjul. Este espacio es el resultado de un esfuerzo colectivo en el que los protagonistas de la lucha contra la pobreza comparten su experiencia y sus propuestas.

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  • Gonzalo FanjulGonzalo Fanjul lleva más de veinte años dedicado al activismo contra la pobreza, impulsa la iniciativa porCausa y colabora como investigador con diferentes think tanks, universidades y ONG

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