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3500 Millones

El fin de la cooperación como la conocemos

Por: | 08 de septiembre de 2011

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La noticia venía comentada en una de las ediciones de agosto de la revista británica The Economist: India, que desde su independencia ha recibido más de 55.000 millones de dólares en ayuda al desarrollo (AOD), pasaba a convertirse formalmente en donante internacional. Aunque los programas de cooperación con regiones más pobres comenzaron hace algún tiempo, por primera vez este país tiene intención de establecer una Agencia de Colaboración en el Desarrollo dotada con más de 2.000 millones de dólares anuales durante los próximos cinco años.

No vayan a pensar con esto que los pobres de la India se han evaporado. Simplemente, las cosas nunca son blanco y negro, e India hace mucho que conoce la influencia política que viene de la mano de la cooperación internacional. El hecho es que, con esta decisión, el gigante asiático eliminaría un nuevo ladrillo del pequeño muro que separa en este momento a los donantes tradicionales (agrupados en el "club de los ricos" de la OCDE) de los donantes "emergentes": los oficiales (como China, Brasil, Sudáfrica o la misma India) y los privados (como las grandes fundaciones internacionales).

Los números expresan la envergadura de este fenómeno: aunque no todo compute estrictamente como AOD, China habría destinado en 2007 a la asistencia internacional cerca de 25.000 millones de dólares, buena parte de ellos para la construcción de infraestructuras en África. La propia Sudáfrica tiene planes para formalizar su programa de cooperación con un presupuesto anual de entre el 0,2 y el 0,4 por ciento de su PNB, cercano al esfuerzo que realizan países como España. Y hace ya tiempo que América Latina se guisa y se come una parte considerable de su cooperación.

Por si fuera poco, durante la última década hemos sido testigos de la proliferación y expansión de grandes fundaciones privadas, como la promovida por Bill y Melinda Gates. Desde el año 1994, esta institución ha gastado cerca de 25.000 millones de dólares, ejerciendo una influencia ideológica definitiva en ámbitos como la salud global o la agricultura. Este tipo de fundaciones ha unido su esfuerzo al de agencias multilaterales, donantes bilaterales y grandes ONG para impulsar ideas brillantes e innovadoras como el Fondo Global en la Lucha contra el SIDA, la Malaria y la Tuberculosis. A pesar de sus defectos, la orientación a resultados de estas nuevas organizaciones multilaterales contrasta con la incompetencia de mamuts burocráticos como la FAO y la UNESCO.  

Cada uno de estos fenómenos apunta en la misma dirección: los criterios que han regulado hasta ahora la cantidad y la calidad de la ayuda pierden relevancia cada día que pasa. En un célebre trabajo publicado hace un par de años por el Center for Global Development, el exdirector de la Agencia Francesa de Cooperación describía los mimbres de este nuevo mundo y proponía una reconsideración radical del modo en el que medimos y evaluamos la ayuda internacional. "Es difícil encontrar otros ejemplos de políticas públicas -dice este autor- en los que la medida del éxito tenga tan poco que ver con los resultados y tanto con el volumen de los gastos". Dicho de otro modo, medimos a los gobiernos por su compromiso con el 0,7%, pero ignoramos el panorama amplio de las políticas públicas y privadas que tienen un impacto en el desarrollo: desde el modo en el que los biocombustibles europeos incrementan el hambre del mundo hasta la inmadurez de las políticas empresariales de responsabilidad social y medioambiental.

Ahora que está de moda recortarlo todo (y no les quepa duda que los programas de ayuda sufrirán nuevos recortes), se me ocurre que un nuevo gobierno, responsable con los tiempos que corren, podría hacer de la necesidad virtud y plantearse algunas de estas preguntas. Si algo hemos aprendido de los gobiernos del Presidente Zapatero es que los recursos son una condición necesaria para jugar en la primera división de la ayuda y la influencia internacional, pero en ningún caso son condición suficiente.

Hay 7 Comentarios

Gonzalo, conoces mi opinión, creo que la Cooperación debe superar la cosmovisión Norte-Sur, y sustituirla por un concepto de Encuentro entre Iguales. El concepto Norte-Sur es un heredero directo del colonialismo, y no hace sino mantener en nuestras estructuras mentales la idea de la superioridad del “Norte”. Creo que deberíamos desterrar de nuestro discurso esa palabra, declararla “politically incorrect”. Te sugiero el libro “Orientalismo”, de Edward Said, donde hace un análisis parecido sobre el concepto Oriente-Occidente (para él, es simplemente una excusa para mantener esquemas de poder). El auténtico valor añadido de la Cooperación, a lo largo de las últimas décadas, no ha sido el llevar a cabo proyectos de utilidad bastante discutible, sino haber servido de foro de encuentro a gente de distintos lugares del planeta. No quiere esto decir que debamos abandonar todos los esfuerzos de Cooperación que realizamos – muchos de ellos son necesarios – pero sí que sepamos enmarcarlos en una visión de trabajo colectivo para el desarrollo de esta única sociedad planetaria en la que vivimos, donde todos seamos iguales. Una visión de Encuentro. Eso es Cooperación.

Saludos Gonzalo, muy buen artícluo. Un abrazo!

Enhorabuena por el post, Gonzalo.

Cuando las circunstancias cambian hay que saber adaptarse y en la cooperación creo que hay que empezar a recuperar una cierta sensatez, ahora que como indicas vemos su creciente desmantelamiento en España. Volver a asociarla a la lucha contra las causas de la pobreza y no a su simple e inutil apadrinamiento, y a la incidencia política y económica, huyendo de los excesos y una cierta vanidad que tuvo en los últimos años. Me parece además obligado ante el injusto desánimo que veo en muchas entidades y personas.

Y en este sentido obliga quizá a hablar de cooperantes no como santos sino como profesionales y personas normales y corrientes que trabajan por lo que nos une y no por lo que separa para luchar contra la pobreza y sus causas.

http://blogs.lavozdegalicia.es/nomepidancalma/2011/09/07/el-dia-de-san-cooperante/

No pueden asombrarse los españoles de que haya países pobres con actividades de países ricos. España hace el ridículo desde hace años con sus cooperaciones: programas al desarrollo siendo un país de desarrollo más que discutible (turismo + construcción es una vieja fórmula tercermundista); procesos legales sobre asuntos internacionales, teniendo una justicia que no funciona; premios a la ciencia y la cultura mundiales cuando la ciencia española da pena y la cultura está secuestrada por monopolios editoriales. La condescendencia de los que ya están abajo es grotesca.

Después de dar a conocer la iniciativa que difunde la posibilidad de avalar a formaciones políticas, encuentro una reflexión en la que te haces eco de un artículo que me impactó hace unos días y sobre el que tenía pensado realizar comentarios la próxima semana,además de la iniciativa que dinfundías hace unos días. Me alegro profundamente de ver que mi pensamiento guarda cierta similitud con la línea de un blog que considero una referencia ineludible.
En relación a la posibilidad de que India se convierte en país donante;habrá que estar atentos a la actuación de este hipotético nuevo actor de la cooperación global,considerando que,lamentablemente, podría utilizarse para conseguir contrapartidas políticas no deseables o podríamos observar como con términos conceptuales de dudosa precisión,se trate simplemente de una estrategia de intercambio de fondos ligada a la exportación de bienes nacionales.También puede que no...y que este probable nuevo actor se convierta en una referencia por sus buenas prácticas.

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Sobre los autores

3.500 Millones es un blog coral dirigido por Gonzalo Fanjul. Este espacio es el resultado de un esfuerzo colectivo en el que los protagonistas de la lucha contra la pobreza comparten su experiencia y sus propuestas.

Autor

  • Gonzalo FanjulGonzalo Fanjul lleva más de veinte años dedicado al activismo contra la pobreza, impulsa la iniciativa porCausa y colabora como investigador con diferentes think tanks, universidades y ONG

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