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¿Alguien recuerda a la Organización Mundial del Comercio?

Por: | 27 de diciembre de 2011

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Foto: OMC. Sesión de la VIII Conferencia Ministerial, Ginebra.

Hubo un tiempo en el que las conferencias ministeriales de la Organización Mundial del Comercio (OMC) despertaban verdadero entusiasmo público. Países ricos y pobres se enzarzaban en una pelea épica por la justicia de la economía internacional, observados por medios de comunicación del mundo entero. Recuerdo especialmente las cumbres de Doha (2001) y Cancún (2003), en las que se dirimieron asuntos tan fundamentales como las patentes que condenan a los enfermos pobres o los subsidios agrarios que han arruinado la vida de millones de campesinos durante décadas. Aquellas eran ocasiones para las grandes escenificaciones teatrales y los golpes de efecto, pero también para la negociación fina y discreta en la que los gobiernos movían sus peones con habilidad, incluyendo a los lobbies de empresas y las ONG.

No era para menos. Los países más pobres siguen ingresando por el comercio tres veces más de lo que ingresan a través de la ayuda, la condonación de deuda y las remesas. Necesitan reglas justas para regular un mercado del que dependen, y la OMC constituye todavía una excepción en la inanidad que gobierna el sistema de organizaciones multilaterales. Con excepción del Consejo de Seguridad (una verdadera pieza de anticuario institucional), la OMC es la única organización internacional con capacidad coercitiva para hacer cumplir sus reglas. Eso explica la intensidad de procesos de negociación en los que un desarme arancelario era algo más que una mera declaración de intenciones. Por si fuera poco, la OMC fue la cuna de un nuevo orden mundial en el que las grandes economías emergentes y los movimientos sociales (recuerden que el movimiento 'antiglobalización' nació en la Cumbre de la OMC en Seattle) comenzaron jugar un papel mucho más relevante. 

Pero esos eran otros tiempos. La pasada semana tuvo lugar en Ginebra la 8ª Conferencia Ministeral de la OMC y parece que no se enteraron ni los que participaban en ella. Las negociaciones de la llamada Ronda de Doha permanecen atrapadas en un callejón sin salida desde hace casi seis años. En este atoramiento juegan muchas variables, pero sin duda el pecado original es de Europa y de EEUU, cuyo inmovilismo agrario arruinó las posibilidades de un acuerdo en el único momento en el que este parecía factible (España formó parte del club de 'bullies' de las negociaciones, siempre de la mano de Francia). 

Hoy todo se ha hecho mucho más complejo. La inutilidad de la OMC dio lugar a una plétora de acuerdos comerciales regionales y bilaterales en los que la parte más débil tiene muchas más posibilidades de salir perdiendo, como ocurre con los acuerdos entre la UE y los países de África, Caribe y el Pacífico. Son mayoría los observadores que opinan que la Ronda de Doha debe ser trasladada cuanto antes al Museo de las Ideas Fallidas para poder empezar con alguna otra cosa. Pero, por muchas variantes que utilicemos, siempre llegaremos al mismo punto: la necesidad de un sistema multilateral de reglas que sea justo y eficaz, y que garantice los intereses de todos (por tanto, el interés común). Y para eso siempre será necesaria la voluntad política que nos falta ahora.

La lista de asuntos relevantes en los que precisamos una OMC operativa es interminable: desde la coordinación de medidas que eviten la escalada de precios alimentarios hasta la regulación de las inversiones en recursos naturales esenciales, pasando por cualquier protoacuerdo en materia de migraciones internacionales. Porque -como recordaba recientemente el Relator Espacial de la ONU sobre el Derecho a la Alimentación en una sonada polémica con el Director de la OMC- en estos asuntos no existen posiciones neutras: no hacer nada es caminar en la dirección incorrecta.

Hay 4 Comentarios

Entrevista a Enrique Piñeyro, ex piloto de LAPA, director de cine y principal opositor al actual manejo de Aerolíneas Argentinas, ex Grupo Marsans. Toda la verdad sobre una aerolínea que fue justamente estatizada pero que es un negocio para unos pocos.

http://www.elruidoenelhormiguero.blogspot.com/2011/10/entrevista-enrique-pineyro-el-esfuerzo.html

En mi opinión el problema no es la OMC como tal sino los países que la conforman que simplemente no cumplen las reglas del juego que ellos mismos crearon. Por ejemplo, los acuerdos bilaterales que rompen todas las reglas e intenciones de la OMC de abolir situaciones de poder injustas y regular de forma equitativa el comercio mundial, se practican de formas indiscrimiada por los "grandes". Sin ir más lejos, EEUU. Por no hablar de los subsidios a los algodoneros estadounidenses o que hasta la fecha ningún país miembro ha sido capaz de toserle a la todopoderosa China que lleva años con el yen devaluado artificialmente por el gobierno para favorecer sus exportaciones.

Yo estoy de acuerdo con Andres...La OMC seguirá su sina hasta que haya un acercamiento al equilibrio mundial en el comercio sea de bienes ó servicios. Seguimos desequilibrados, los paises mas desarollados y los menos así como los llamados emergentes - de uno de los cuales yo soy un viviente: Brasil. Penso que una de las mejores cosas que podria pasar seria el Sr. Lamy abandonar el puesto, dando lugar a un Director General de un pais en desarollo; yá seria, creo, un paso hacia el equilibrio de fuerzas internas, es decir, que la OMC podria estar menos forzada por los poderosos a cumplir solamente los retos que a estes les interesen. Equilibrio és el reto! Y el Sr. lamy no está preparado para lograrlo. Por otra parte, creo que una nueva Ronda, mas realista, deveria ser iniciada, com objetivos menos ambiciosos; más sencillos y, con 2 ó 3 objetivos, no más que eso; considerando obviamente los intereses de la mayoria de los paises en desarollo primero que los de los paises más desarollados. La OMC vive y seguirá viva, así como la ONU y el FMI (?no sería el caso de decir que el FMI, que dejó la situación financiera del mundo llegar hasta aqui, también ha morido?). Una pequña contribución de Brasil para el mundo español, con un pedido de disculpas por mi pobre castellano y los errores que pueda ter cometido.
Abrazos.

Yo no menospreciaría tan rápidamente a la OMC. Si ahora anda afónica es por diferentes razones. La primera es la desmesurada, y fatal, importancia que ha adquirido la economía teológica (De profundos matices culturales; nace de la fe, la creencia en la existencia de lo etereo y la esperanza): esa de las finanzas, los bancos, los préstamos, los flujos de capitales y el FMI. Otra causa de timidez de la OMC es la muerte de las ideologías económicas. Hoy ya contamos con suficientes registros y estudios para saber que no se puede hablar de comercio justo (o libre), que eso es una masturbación ideológica. El comercio es un sistema y como tal se debe intentar volverlo eficiente (Que provea bienes y servicios de forma eficiente). También sabemos que, por sus colaterales, necesitamos reducirle ferocidad (como en el caso de la industrialización) e introducir el concepto de ecología social: velar por el bienestar y subsistencia de las sociedades, o en su defecto minimizar el daño. La ciencia, el conocimiento, las investigaciones y los artículos ya existen (Por supuesto, no en revistas como The Economist, que hablando de economía es análoga a Cosmpolitan cuando trata temas de salud: un poco de moda, un poco de rumor, formalismo light y muchos artistas efímeros). Pero por ahora los (obsoletos) catedráticos y líderes institucionales están demasiado lejos de incorporar en sus sistemas parámetros que no se aprecien directamente como dinero... Tiempo al tiempo, la salud, la estabilidad económica, la satisfacción personal y social, el conocimiento, la cultura y tantos otros parámetros sociales ya pueden ser transformados y contabilizados (El tigre no perderá sus rayas, el comercio siempre se guiará por la ganancia económica). Por ahora lo que sufrimos es un cambio de paradigmas: la redefinición de los conceptos de bienes y capitales; ilustrada en los medios por la mediocre capacidad actual para elaborar propuestas sustentables económicamente en cuanto a propiedad intelectual o capital social. Ya sabemos que no sabemos y que las definiciones y conceptos son demasiado rústicos como para idear modelos eficientes. Por ahora tendremos que esperar la muerte o jubilación de los profetas de la ideologías económicas y que crezcan (o maduren) los portavoces de los nuevos pardigmas. Falta poco, una década talvés, y la OMC (o como se llamé para ese entonces) hablará fuerte y con resonancia (Recordemos que es una institución internacional con capacidad coercitiva).

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Sobre los autores

3.500 Millones es un blog coral dirigido por Gonzalo Fanjul. Este espacio es el resultado de un esfuerzo colectivo en el que los protagonistas de la lucha contra la pobreza comparten su experiencia y sus propuestas.

Autor

  • Gonzalo FanjulGonzalo Fanjul lleva más de veinte años dedicado al activismo contra la pobreza, impulsa la iniciativa porCausa y colabora como investigador con diferentes think tanks, universidades y ONG

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