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3500 Millones

¿Quién es el pobre?

Por: | 19 de octubre de 2013

Esta entrada ha sido escrita por Montse Santolino.

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Los vi juntos, hablando face to face y lo dudé: ¿quién es el pobre? Si no supiera que estoy en medio de un rodaje, y que uno es un reputado actor que ha trabajado con Almodóvar, ¿qué pensaría? De la duda metafísica, este post (*).

Señoras y señores, el otro es Miquel Fuster. En su DNI pone superviviente. Quince años viviendo en la calle: “La Fundació Arrels me recogió pesando 42 quilos. El alcohol ya me ha enseñado todo lo que me tenía que enseñar”.

Estamos rodando. Treinta profesionales pendientes de él, focos gigantones sobre su cabeza que no lo deslumbraban gracias a la gorra, y más de 20 de tomas: “la experiencia ha sido un poco durilla, me habría gustado haberlo hecho mejor, no haber tenido que repetir tanto”.

Esfuerzo titánico aprenderse el texto que tiene escrito en una hojita, pero no solo: habla endemoniadamente rápido, y tenía que ponerse el freno, con una de las mejores cámaras del mundo mundial, a un palmo de la cara. Nada de corta y pega. Plano secuencia.

Hay que tener mucha calle para eso. “Esta gente lo ha hecho muy bien, toda la escenografía, mojar la calle… y el famoso, muy profesional, con los andares cansados del indigente, desechando las cosas que iba encontrando en el container”. Lluís Homar, aprobado. Doy fe: salió de maquillaje y ya se movía como un indigente.

Un spot es una especie de apuesta de doble o nada. Un saquito de pocos segundos, con miles de millones de expectativas detrás. ¿A estas alturas, se puede hablar distinto de la pobreza? EAPN y Quepo lo intentan. Primero, contando con el gran Homar. Con su complicidad. No niegan la celebridad, juegan con ella: a cederla, a desplazarla hacia las víctimas.

A devolverles el protagonismo.

Antes de que los “famosos con causa” se convirtieran en una plaga, Susan Sontag decía que un retrato que se niega a nombrar al sujeto se convierte en cómplice del culto a la celebridad, esa forma tan perversa de nombrar solo a unos, “y degradar a los demás a las instancias representativas de su ocupación, de su etnicidad, de su apremio”. ¿Y no es cierto que los pobres “se nos ocurren” siempre apremiados por su necesidad? De alimento, de cobijo, de droga...

¿Quién tiene el derecho a ser visible? ¿Quién es invisible? ¿A quién le queremos ver siempre la cara, y a quién evitamos mirar?

“Un indigente es un desconocido, y le tenemos miedo. Como indigente vives en un exilio interior y exterior. Parece paradójico porque eres tú el que quieres estar apartado, pero lo que más te duele es la indiferencia. No te sientes como un ser humano, como una persona y te preguntas, ¿qué he hecho? Me he equivocado, he caído en el alcohol, he llevado mal mis asuntos pero ¿por qué ese desprecio? Y después la sospecha siempre, cuando dejas la calle”.

Hace poco Goleman, el sabiondo de la inteligencia emocional, decía en el New York Times que los psicólogos sociales de Berkeley y Ámsterdan habían descubierto que cuanto más ricos y poderosos, menos empáticos y compasivos. Que la correlación entre poder social y déficit de atención es alta y que la espiral se dispara y retroalimenta: falta de empatía-prejuicios-menos empatía aún. Ya ves.

Miquel apunta, bestialmente lúcido: “solo nos preocupa lo que nos puede concernir. Cada vez hay más gente en la calle, y más joven. La gente le está viendo las orejas al lobo, por los desahucios. Ya no ven igual a un tío en la calle con un cartón, piensan que pueden ser el siguiente. Mirarán a los indigentes con más consideración, sin tanto desprecio”.

#17O, otro Día Internacional contra la Pobreza y esta semana en Barcelona dos señores banqueros que se autoindemnizaron con 17 millones de euros, después de colocar 470 millones en preferentes, se niegan a contestar preguntas en el Parlament de Catalunya. Que ellos no sabían que estaba mal lo que hacían. Y van 159.00 millones de euros a la banca. Y esta semana también quisieron desahuciar a los desahuciados realojados por la PAH en Salt. Que eso sí saben que no se hace.

Impunidad, desvergüenza. Miquel no se cree nada. “El dinero que sacan las instituciones y los gobiernos se lo reparten, o se lo gastan en lo que les da gana. No va a cambiar nada porque nos hemos acostumbrado a la corrupción, a que las cosas que no funcionen. Pero si no hay justicia, viva la caridad”.

¿Viva la caridad? A Sonia Ros, la directora del spot, se la llevan los demonios. Miquel, con cámara delante, o sin ella, nos pide que actuemos contra la pobreza. “Hay que ayudar de manera directa, de primera mano, o indirecta”. Me temo que demasiadas veces le dijeron que no le ayudaban porque se lo gastaría en vino: “Darle a un indigente para vino, es como darle medicina a un enfermo. Uno se lo gasta en lo que más falta le hace”.

Miquel confía, sobretodo y ante todo, en la gente voluntaria que colabora con entidades como la Fundació Arrels. “Profesionales con carreras, o gente jubilada que en vez de estar viendo la tele o paseándose por su torre, vienen a lavarle los pies a los indigentes”.

Sonia quiere que el spot sirva. Que contribuya a enfrentar prejuicios, superar la caridad y construir justicia. Y sirve. En muchos sures hemos aprendido que si hay algún camino, es por aquí. No quedarse en ser la voz de los sin voz. Nada de suplantarlos. Acompañarles mientras recuperan la voz. Confiar en que lo harán. Aprender con ellos. Y después ponerles un micro delante. Porque los informes de muchas ONG hablarán de injusticia, pero la voz de Miquel, su timbre y su cadencia, convierten esa palabra en una sensación viscosa que dan ganas de arrancarse de la piel.

Miquel mira a cámara y nos mira a nosotros. Face to face. Miquel nos habla, y ahora, por fin, lo vemos y lo escuchamos. Y ha sido posible porque mucha gente antes ha lavado pies, pagado cuotas, servido comidas o leído y estudiado sobre la pobreza. O ha decidido hacer un anuncio, o montar una productora de comunicación para el cambio social. Hay muchos caminos para actuar contra la pobreza. Actúa. A besos, a escraches o a ILPs.

#SayonaraSareb #sisepuede

(*) El spot de EAPN se estrena el 17 de octubre en 800 cines de toda España.

(*) Todo lo que aparece en cursiva es parte de la entrevista que le hice a Miquel al final del rodaje al cual, Quepo, tuvo la cortesía de invitarme.

Hay 3 Comentarios

Hola Hanna. Soy Sonia de Quepo. Nos alegramos que te suene sincero. te doy mis más firme palabra de que lo intentamos. Trabajar la comunicación social de una forma honesta, de tu a tu, sin utilizar las fórmulas comerciales que culturalmente tenemos y dejarlas atrás, no es nada sencillo. En Quepo somos un equipo que lo lucha constantemente y Miquel, hizo posible que lo lograramos. Gracias por compartir esa poesía!

Sonáis sinceros, y ese es bueno. Porque también la pobreza se usa, lo que significa que, después de usado el prójimo hasta la náusea, puede volver a ser usado, aun le queda algo de lo que sacar provecho. Pasan los siglos y el tinglado de la farsa se mantiene en pie asquerosamente. Se especula con el precio de cosechas por llegar, con el precio del grano, se especula con niños y con personas. ¿Existe el progreso?

He visto este poema en la red, se llama PAN y su autor es Alberto Caffaratto Ladoire (Madrid, 1954). Me pareció que nos expresa muy bien a los que no estamos de acuerdo con el sistema, tan en desacuerdo que no cejaremos hasta cambiarlo. Perdonad que me tome la confianza, pero creo que las palabras tienen que volver a servir, hay que rescatarlas también de las manos del sistema.


PAN


El pan, autoridades, salvapatrias, amos,

siquiera el pan sería oportuno

poderlo contemplar como un deseo, no,

sino como su obligación no negociable.


Un pan debidamente instituido

a cambio de los mármoles que pisan,

un pan que amasen por principio

y por deber del cargo

y administrado al público por ser

la única razón que justifica

el mando revocable que disfrutan.


Un pan sin más matices y sin IVA,

sin teoría económica asociada,

un pan no metafísico o celeste,

de triste caridad, escatimado o magro,

de buena voluntad o imaginario,

sino sencillamente el pan hijo del fuego

y de la obligación de su abundancia.


No de la conveniencia o inconveniencia

ni de la libertad o no de fabricarlo

según el decremento incrementado

repunte, mengüe o pinte escaso

junto a otros sortilegios semejantes

por causa de los cuales aconsejen,

—lo sentimos—,

el beneficio de vivir agonizando.


Un pan redondo, blanco y sin misterio

de harina y agua y sal y levadura,

un pan por el procedimiento urgente, señorías,

un pan que no se adeude en ningún modo,

que lo bendiga incluso un hechicero

o se inaugure en los anuncios

como si fuera un tren o una acería,

(si tal extremo de mal gusto les tentara),

pero que engorde, acrezca y dé sustento.


Un pan que sea el mantenimiento,

también obligatorio, de los viejos

y el pago imprescindible del trabajo,

un pan que traiga ese milagro bajo el brazo

que es el besar y el acunar los niños,

verlos reír, jugar, crecer y hacerse hombres.


Me muero de dolor y de vergüenza,

autoridades, propietarios, amos,

por el tener que andar leyendo

a quienes ya sangraban de esto mismo,

un siglo, hace dos siglos o un milenio,

en estas líneas mías de arriba

con su insufrible son de antiguas,

pero que traen el son,

el vomitivo son de hoy mismo,

del medioevo, no, de nuestro evo,

el son de un tiempo mal venido de otro tiempo

cuando ayunaban todos, ¡Dios lo quiere!

desde una cuna atroz hasta el sepelio.


¿Qué ciclo, qué sofisma es el comer, lo sabe alguien?,

¿de la palabra pan, qué no se entiende?


Y el techo, autoridades, amos…

el techo, por igual, sería oportuno

poderlo contemplar como un deseo, no,

sino como la obligación no negociable…


La mejor película sería "la riqueza de ser pobre y la pobreza de ser rico" Es el juego del pin pon donde los seres humanos convierten a sus semejantes en pelotas (para ser golpeados) o en raquetas (para golpear). Tal es la ley de la selección natural, tan natural que incluso robar, mentir, matar, es también muy natural.

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Sobre los autores

3.500 Millones es un blog coral dirigido por Gonzalo Fanjul. Este espacio es el resultado de un esfuerzo colectivo en el que los protagonistas de la lucha contra la pobreza comparten su experiencia y sus propuestas.

Autor

  • Gonzalo FanjulGonzalo Fanjul lleva más de veinte años dedicado al activismo contra la pobreza, impulsa la iniciativa porCausa y colabora como investigador con diferentes think tanks, universidades y ONG

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