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3500 Millones

Donde no llegan los gobiernos ni las Naciones Unidas

Por: | 02 de enero de 2014

Esta entrada ha sido escrita desde Bangui por Jaime Moreno Rexach S.J., del Servicio Jesuita para los Refugiados (SJR).

Screen Shot 2014-01-01 at 10.37.08 PMAkadus Zangoa, de 10 años, transporta agua en un campo de refugiados en Bangui. © UNHCR/S.Phelps.

Desde el 10 de diciembre 2012 hasta ahora, las ONG que trabajamos en la República Centroafricana hemos unido nuestros esfuerzos para pedir una mayor implicación internacional con el fin de poder realizar nuestros programas de ayuda humanitaria. Hemos pedido a cada personalidad que venía para hacerse cargo de la situación, una mínima seguridad que nos permitiera cumplir nuestra misión de ayuda a la población.

Finalmente Francia decidió intervenir y el Consejo de Seguridad de la ONU dio luz verde a esta intervención. Empezamos a escuchar vuelos de helicópteros y aviones, vistos por primera vez por la inmensa mayoría de la población. Llegaron 1.600 soldados franceses, carros de combate. El 19 de diciembre se organizó la MISCA, la misión de la Unión Africana para la paz que cuenta con 6.000 soldados y cuya misión es desarmar y velar por la seguridad de la población civil.

Las esperanzas empezaron a crecer, tanto en los miembros de la comunidad humanitaria como entre la población. Se aplaudía a los militares franceses, se daba las gracias a su Presidente y por fin creímos que había una esperanza para este pueblo que lleva tanto tiempo desangrándose.

Cuál es nuestra sorpresa, una más en este mundo imprevisible e irracional para nuestros estándares occidentales, cuando en vez de avanzar hacia la pacificación, nos encontramos desde el 5 de diciembre en una espiral de violencia como no la habíamos conocido antes. No es que no haya mejorado, sino que se ha agravado. Es cierto que a nadie se le puede pedir que en 10 días pongan paz en un país en guerra, pero no nos esperábamos que la situación fuera a empeorar.

Este empeoramiento se debe a que grupos de autodefensa, hartos de las brutalidades de la Seleka (milicia musulmana) y de su impunidad, han decidido tomarse la justicia por su cuenta. A ellos se han unido antiguos miembros de la Fuerzas Armadas Centroafricanas que, o bien han recibido armas de gente interesada en desestabilizar el país, o bien las han desenterrado de sus escondites.

Los ex-Seleka, de mayoría musulmana, ven a los franceses como aquellos que les quitan el único poder que les queda, las armas. Además son blancos y no musulmanes. Como respuesta están organizando marchas en contra de ellos.

Desarmar a los antibalaka (milicias de mayoría cristianas) no es fácil, sus armas son sus utensilios de trabajo, como los machetes. Junto con ex miembros del ejército organizan ataques relámpago y se retiran a las colinas. El número de soldados internacionales no es suficiente para vigilar todos los barrios, y es fácil empezar a matar cuando salen de uno de ellos. Además estas milicias tienen el apoyo moral de una parte de la población, ya que creen que van a poder destronar al actual Jefe de la transición.

Hay que dar más tiempo a estas misiones militares, pero lo que se palpa es el rencor, el odio, generado entre estas comunidades distintas, rencor que ha ido creciendo conforme pasaban los meses sin que nadie reaccionara.

Ahora las esperanzas están puestas en que haya unas elecciones libres y transparentes. Será el momento en el que los que gobiernan tendrán que abandonar el poder ya que, según los acuerdos de Libreville, no podrán presentarse como candidatos.

Sin embargo muchos pensamos que las elecciones no van a arreglar gran cosa, si es que llegan a realizarse. El derrocado presidente también ganó unas elecciones. Lo esperable ahora es que salga ganador el candidato de la etnia más numerosa del país. Las minorías serán otra vez olvidadas por el nuevo gobierno y se volverán a organizar acciones rebeldes violentas. 

Y es que desarmar corazones no es tarea fácil. Desarmar mentalidades tampoco lo es. Gentes que han visto con sus propios ojos como violaban a sus mujeres e hijas y después las disparaban no es fácil que olviden. Ver cómo han quemado tu casa y robado tu ganado, tampoco es fácil de asimilar.  La ira es tan potente que no les importan las consecuencias. Es tan diabólica que aunque sepan que les va a hundir más si cabe en la pobreza, en la imposibilidad de desarrollarse, en la imposibilidad de recibir ayuda, no les importa. Es una violencia ciega.

La gente no quiere oír hablar de reconciliación. Les suena a traición. Por eso, en muchos lugares de desplazados donde el Arzobispo de Bangui y el Imán han ido para apaciguar los ánimos, no han sido bien recibidos. Con lo cual el Arzobispo no ha tenido mas remedio que presentarse solo. Sí, hay que esperar.

A la Iglesia Centroafricana le espera un trabajo ímprobo para ayudar a asimilar el dolor para que no se transforme en venganza sino en fuerza creadora de futuro.

Hay 3 Comentarios

Anouar: por el momento la cuestión aquí no es hacer de árbitro, sino separar a dos que se están pegando, antes de que se maten. Esto en occidente se hace hasta en el patio de un colegio...

Lo que occidente no entiende (y este artículo no parece entender tampoco) es que el papel del árbitro se basa en la aceptación de su autoridad por parte de los contendientes. Si tu te metes en un conflicto civil sin el acuerdo de uno de los dos contendientes, no estás pacificando (es imposible) estás interviniendo en favor de alguno de los contendientes.

Hay un dato que me parece espeluznante de este artículo, y es donde se ve que algunas fuerzas, institución, gobierno externo "arma" a la gente porque le interesa que este conflicto se avive. No es nada nuevo que ocurra esto, pero permitirlo para favorecer los intereses económicos de ciertas empresas es realmente inconcebible.
http://interesproductivo.blogspot.com.es/2014/01/claves-para-asociarse-bien.html

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Sobre los autores

3.500 Millones es un blog coral dirigido por Gonzalo Fanjul. Este espacio es el resultado de un esfuerzo colectivo en el que los protagonistas de la lucha contra la pobreza comparten su experiencia y sus propuestas.

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  • Gonzalo FanjulGonzalo Fanjul lleva más de veinte años dedicado al activismo contra la pobreza, impulsa la iniciativa porCausa y colabora como investigador con diferentes think tanks, universidades y ONG

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