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3500 Millones

Niños y niñas que viven entre ratones a 12km de Madrid

Por: | 28 de enero de 2015

Por Blanca Gómez Bengoechea y Carlos Pitillas, Investigadores en el Instituto Universitario de la Familia del Universidad Pontificia Comillas de Madroid (bgomez@ upcomillas.es; cpitillas@upcomillas.es)

Gallinero

A 12 kilómetros del centro de Madrid, ubicado entre las carreteras A-3 y M-50, se halla el poblado chabolista de El Gallinero. Apéndice de la famosa Cañada Real, este asentamiento está habitado por unas 435 personas (de las cuales casi 300 son menores), rumanos de etnia romí. Las condiciones físicas y comunitarias en las que viven los menores de este poblado son las que caracterizan a tantos otros asentamientos de este tipo: viviendas precarias, violencia comunitaria, ausencia de agua, electricidad, o de sistemas para el saneamiento y el vertido de residuos. A éstas se han añadido, durante los dos últimos años, las incursiones policiales inesperadas, a veces violentas, que se han realizado con el fin para desalojar y derribar algunas de las chabolas del poblado (instaladas sobre suelo privado) así como para arrestar a presuntos ladrones de cable de cobre. Los niños han sido frecuentemente testigos de estos encuentros con la policía y, ocasionalmente, víctimas directas de esta persecución.

Poco se sabe acerca de las percepciones subjetivas, las preocupaciones y aspiraciones de futuro, o la percepción respecto a la propia agencia social que tienen los menores en estos asentamientos. Desde el Instituto Universitario de la Familia (Universidad Pontificia Comillas de Madrid), junto con Save the Children hemos realizado una investigación que trata de sondear la experiencia subjetiva que acompaña a la pobreza en los menores del Gallinero que ha dado lugar al informe ‘Los Derechos Humanos también son cosa de niños’.

Pedir a los niños su opinión suena como algo deseable para cualquiera, pero rara vez se hace. Tal vez la urgencia de los problemas y los riesgos que afectan a estas comunidades nos hacen pasar por alto la enorme importancia que tiene devolverles la palabra.

Los participantes en esta investigación nos demostraron  que son capaces de armar una imagen compleja y elaborada de sus condiciones de vida y de sus necesidades. En algunos casos, reflexionan activamente sobre las lógicas que explican la alta exclusión de su comunidad. Imaginan un futuro deseable para ellos, donde el trabajo legal, la habitación de una vivienda ordinaria o el desempeño de roles de género respetuosos y protectores son elementos esenciales.

Una chica de 12 años afirma que no quiere seguir migrando sino que quiere “estar aquí, quiero tener mi casa, quiero tener mi dinero, mi trabajo… y quiero vivir una vida normal como viven todos”. Otro, de 16, se proyecta sobre un estilo de vida normalizado: “[…] a mí no me gusta ser un ladrón y seguir muy sucio, yo quiero trabajar limpio, coger mi dinero y para mi casa […]” [sic]. Niños más pequeños insisten en su deseo de habitar en viviendas ordinarias, protegidas del frío y del agua, con retretes y electricidad. O disponer en el asentamiento de contenedores para el vertido de basuras. O que la policía deje de hacer daño a sus familiares. Muchos dibujan mapas de El Gallinero donde los espacios cotidianos por donde transitan (los rincones al aire libre donde hacen sus necesidades, la fuente de agua, el campo donde juegan, etc.) están invadidos por la basura, los excrementos, cristales rotos, cableado eléctrico y ratas. “Los ratones, mira, en las casas a veces, entran en las casas”, nos cuenta una niña. “Hacen un agujero […]. A veces si hay niños pequeños, los muerden por la noche”, añade otra.

Dibujos como los que siguen a este párrafo demuestran que la vivencia del espacio se caracteriza por un sentimiento de invasión: lo sucio y lo peligroso permea esos ámbitos que supuestamente deberían proporcionar seguridad. 

Los menores del Gallinero nos lo dicen de muchas formas distintas: no quieren vivir así. Y esto genera una importante tensión intergeneracional: sus aspiraciones chocan con algunas de las expectativas que la generación de sus padres y abuelos tiene depositadas sobre ellos. En vez de mendigar o robar, quieren seguir acudiendo al colegio porque ven en éste una salida de la exclusión (“El colegio es lo que más me interesa, porque me puede salir de allí algo en la vida”, nos dice un adolescente). No quieren seguir migrando, sino educarse y desempeñar un trabajo legal. Las niñas no quieren tener que casarse prematuramente, y algunos de los chicos no quieren heredar los modelos de género que han visto en sus mayores.

Tal vez esta tensión sea sinónimo de oportunidad: para escucharles, para dialogar con ellos acerca de posibles vías de superación, para implicarles en procesos de cambio. Ellos parecen tenerlo más claro que nosotros: “Tengo que aprovechar este momento para llegar a algo, no a otro sitio que siga robando y esto y esto. Yo quiero tener mis cosas claras y eso se queda. No me importa si va a venir la policía y tira nuestra casa y tenemos que ir. Yo sigo mi condición que he puesto”. [sic]

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Lo que aquí está faltando son personas asistentes sociales, delegadas por las autoridades locales para atender a esta gente y facilitarles la vida de un modo digno. Los gitanos que tienen mayor desamparo son los que han llegado de los países de la ex URSS. Son gente que nacieron en la miseria, se criaron en ella y así siguen, porque NADIE se ha ocupado de convertirlos en verdaderos seres con la dignidad que les corresponde.

alba: me siento en el deber de contradecirte. Una vez mas doy testimonio de una tribu gitana que se radicó en la ciudad donde entonces vivía. Desplegaron sus toldos o carpas como era su costumbre y acamparon. A poco el Jefe de la tribu fue citado por el Alcalde quien le dijo que "eran Bienvenidos en la ciudad, y que si querían permacer en ella, debían habitar casas de material y normalizar la vida de los niños enviándoles a la escuela. " Documentaron a aquellos que no tenían documentación y comenzaron a adquirir lotes en una zona entonces poco habitada.Se dedican a la compra-venta de autos usados.Pagan impuestos. Muchos de ellos son gente muy rica y los otros de clase media holgada. Ultimamente se han hecho unos chalets diseñados por arquitectos, con frentes de piedra blanca. La mas cara. Un@s cuant@s han terminado carreras universitarias y ejercen sus profesiones, especialmente Derecho.Las mujeres visten sus faldas tradicionales plisadas, son elegantes y educadas.Las puedes encontrar a dos o 3 en librerías comprando.Este gente son de origen montenegrinos .Conservan sus tradiciones. Cada tanto hacen un programa especial en la tv mostrando sus costumbres,el famoso samovar, su repostería mas bien húngara y entre ellos hay muy buenos músicos.Quiero significar que esa gente, pasó de ser nómades a vivir en cómodas casas con todo el confort de nosotros los payos. Es cuestión de que las autoridades de un Municipio los sepa convencer y respetar al Jefe . No hay gente que emule más que ellos. Es suficiente que una señora se compre un secarropas, para que a la media hora otras cinco o seis vayan al mismo sitio a comprar cada uno el suyo. Y así con todo.

Niños y niñas entre basura, con casas de chapa, medio derruidas, pasando frio en invierno y calor extremo en verano, con roedores alrededor y sepa Dios cuántas cosas más, se pudiera decir que son familias marginales, que esta, acostumbradas a vivir asi, que no se adaptarían a vivir en condiciones más cívicas o humanas, pero ¿cuánto tiempo tiene que pasar hasta que seamos capaces de comprobarlo y ofrecérselo?, con ese pensamiento nos reconfortamos y dejamos que sigan su vida como hasta ahora sin hacer nada; en esta sociedad que tanto se habla de proteger a los menores, que se ofrecen toda clase de productos para su bienestar por todos los medios, que se habla de todos los niños pobres de otros países, pero ¿ y los de aquí?, también aquí los hay, niños que además se mueven en ambientes insanos creados por sus propios mayores en los que posiblemente las drogas y otros vicios estén a la orden del día, ¿qué hacemos con ellos? ¿hay que seguir ignorándolos? la frialdad y deshumanización que somos capaces de manifestar a veces es atroz, recuerdo comentarios que se hacían en una ciudad muy calurosa, excesivamente, que la gente se quejaba porque las familias marginales, que vivían en casas como las del artículo y si no también de muy mala calidad, se iban al rio a pasar le época estival, para soportar las temperaturas extremas de esos veranos infernales, la gente se molestaba porque estuvieran allí y se quejaban de ello, esos recuerdos se me quedaron grabados y me hacen pensar hasta qué punto somos capaces de no pensar en los que no gozan de los privilegios que tenemos nosotros; este caso es parecido o peor, criaturas inocentes en un mundo de incomprensión e intolerancia, que con miradas asombradas se preguntan el por qué.

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Sobre los autores

3.500 Millones es un blog coral dirigido por Gonzalo Fanjul. Este espacio es el resultado de un esfuerzo colectivo en el que los protagonistas de la lucha contra la pobreza comparten su experiencia y sus propuestas.

Autor

  • Gonzalo FanjulGonzalo Fanjul lleva más de veinte años dedicado al activismo contra la pobreza, impulsa la iniciativa porCausa y colabora como investigador con diferentes think tanks, universidades y ONG

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