Ir a Planeta Futuro
3500 Millones

Theresa May, Jo Cox y la pregunta de nuestro tiempo

Por: | 14 de julio de 2016

Captura de pantalla 2016-07-14 a las 8.17.07
Campaña contra la inmigración irregular promovida por Theresa May, nueva Primera Ministra del Reino Unido. Foto: D. Martínez/Quality/El País.

Una de las ideas que se repitieron a menudo tras la muerte de Jo Cox fue que esta diputada poco convencional no había hecho campaña únicamente por la permanencia del Reino Unido en la UE, sino por la transformación misma de la Unión y el protagonismo de los británicos en ese esfuerzo. Sus posiciones en materia de inmigración, austeridad presupuestaria o responsabilidad internacional no solo sugieren una idea de Europa muy diferente a la que estamos viviendo, sino un concepto transnacional de los desafíos a los que hace frente su país, que solo pueden ser respondidos con alianzas equivalentes.

Theresa May, la flamante Primera Ministra del Reino Unido, es una criatura política muy diferente. Una criatura del statu quo, especialmente en lo que toca a la inmigración. Su argumentario se distingue de la retórica abiertamente xenófoba de Nigel Farage y Marine Le Pen como una omelette se distingue de una tortilla de dos huevos. Olviden sus campañas poco sutiles contra los inmigrantes irregulares ("Vete a casa o serás arrestado") o su desprecio por la Convención Europea de Derechos Humanos y la jurisdicción de Estrasburgo, y lean con atención el discurso que pronunció el pasado 6 de Octubre en el congreso del Partido Conservador (del que hablamos en su momento en este blog). Como señaló James Kirkup en su prolijo comentario para el Daily Telegraph, su contenido es “engañoso e irresponsable”, porque “ignora los hechos” para alimentar “el enfado contra los extranjeros” precisamente cuando el país más necesitaba la serenidad y honestidad de sus estadistas. 

Aunque ambas hicieron campaña contra el Brexit, Jo Cox y Theresa May estaban en lados contrapuestos en uno de los debates centrales de la sociedad global moderna. Es el dilema entre cosmopolitas y comunitaristas, descrito con lucidez por Michael Ignatieff en una reciente entrevista en The New York Times. Como resume el entrevistador, lo que estamos viviendo es “una división ideológica entre las élites cosmopolitas que ven la inmigración como un bien común basado en derechos universales y los votantes que la ven como un obsequio conferido a ciertos forasteros considerados merecedores de pertenecer a la comunidad”. Y de ahí se deriva una pregunta fundamental: ¿quién forma parte de nosotros?

Ignatieff es un profesor de Harvard y estudioso de los nacionalismos que tuvo oportunidad de experimentar sus propuestas en la vida real liderando durante tres años al Partido Liberal de Canadá. Fue una experiencia electoralmente desastrosa que, sin embargo, dejó valiosas reflexiones para él mismo y para las ideas liberales en todo el mundo. Una de las que encuentro más sugerentes es precisamente la que tiene que ver con el fenómeno migratorio. La idea de que una comunidad establecida (Reino Unido, España, Europa, la República de Cataluña) es soberana para decidir el acceso y la residencia de esos ‘forasteros’ en su territorio puede parecernos una obviedad incontestable, pero no lo es. En la medida en que las restricciones a la movilidad determinan el derecho de otros al progreso, la educación, la salud o, sencillamente, la protección personal -derechos considerados universales-, se produce un conflicto entre ambas partes que no puede ser despachado simplemente con un “yo estaba aquí primero”. Aceptarlo supondría renunciar a los fundamentos que pusieron fin a la esclavitud o garantizaron el voto a las mujeres, por ejemplo, porque no podemos conceder al pasaporte los privilegios que hemos negado a la raza o al género.

En este asunto la izquierda europea se sitúa en el peor de los mundos posibles: ajena a los valores comunitaristas estrechos que sostienen a la derecha, pero carente del coraje electoral que supone pasar a la ofensiva en este asunto. El líder laborista Jeremy Corbyn es un buen ejemplo de ello. Su armazón ideológico parece concebido para un mundo que ya no existe. Es imposible no simpatizar con su defensa de los trabajadores industriales o el rechazo al armamento nuclear, pero me pregunto cuánto de todo eso determina las vidas, por ejemplo, de una generación completa de jóvenes marcados por la desigualdad y la precariedad. Con el voto de estos jóvenes (insuficiente pero contundente) en el referéndum del Brexit, ellos han aceptado el reto de evitar los atajos y responder a los desafíos transnacionales con derechos universales, empezando por el derecho a intentarlo en un lugar diferente al que has nacido. En la práctica, eso significa elevar el suelo dentro y fuera de nuestras fronteras, promoviendo una nueva versión global del Estado del Bienestar centrada en garantizar la igualdad de oportunidades, consolidar redes de seguridad frente al riesgo y embridar con instituciones y normas sólidas la internacionalización económica. Una batalla en la que Lima y Nueva Delhi cuentan tanto como Birmingham y Sevilla. Una batalla por un mundo sin fronteras.

Con franqueza, yo no veo a esa izquierda por ninguna parte. Tal vez sea por la abdicación ideológica que describe Dani Rodrik en un estupendo artículo publicado esta semana. Tal vez por la tentación del frentismo y populismo de las nuevas izquierdas. Tal vez sea simplemente el resultado de la mediocridad que demuestran los cuadros de los principales partidos socialdemócratas europeos, empezando por el español. Pero vamos a necesitar más valentía y mejores ideas para inclinar la balanza del lado de los cosmopolitas. La elección de Theresa May demuestra que, por ahora, estamos perdiendo la batalla.

Hay 0 Comentarios

Publicar un comentario

Si tienes una cuenta en TypePad o TypeKey, por favor Inicia sesión.

Sobre los autores

3.500 Millones es un blog coral dirigido por Gonzalo Fanjul. Este espacio es el resultado de un esfuerzo colectivo en el que los protagonistas de la lucha contra la pobreza comparten su experiencia y sus propuestas.

Autor

  • Gonzalo FanjulGonzalo Fanjul lleva más de veinte años dedicado al activismo contra la pobreza, impulsa la iniciativa porCausa y colabora como investigador con diferentes think tanks, universidades y ONG

Eskup

Facebook

El País

EDICIONES EL PAIS, S.L. - Miguel Yuste 40 – 28037 – Madrid [España] | Aviso Legal