La salud o el Masters

Por: | 31 de marzo de 2014

Tiger Woods tiene 38 años, ha ganado 14 grandes y cuatro veces el Masters de Augusta. Es el número uno del mundo. Pero le duele la espalda y no sabe si jugará este Masters.

Phil Mickelson tiene 43 años, ha ganado cinco grandes y tres veces el Masters de Augusta. Ha sido número dos del mundo y actualmente es el número cinco. Pero le duele la espalda y no sabe si jugará este Masters.

Augusta abre sus jardines el 10 de abril y, cuando falta solo semana y media para el primer grande de la temporada, todavía se desconoce si las dos grandes estrellas estadounidenses posarán la bola en el tee del uno el jueves. Tiger se retiró a principios de marzo del Honda Classic, renunció a jugar después el Arnold Palmer Invitational, uno de sus torneos favoritos, y aún está en el aire su lucha por la chaqueta verde. En un reciente acto promocional, la semana pasada, dijo: "Es todavía demasiado pronto para hablar de eso... y es frustrante". La espalda trae de cabeza al Tigre. Golfista explosivo por naturaleza, los dolores son producto de 17 años en la élite y consecuencia de sus problemas, casi desde sus inicios, en la rodilla izquierda. Woods, un perfeccionista obsesionado con su swing y con mejorar cada aspecto de su juego, ha cambiado constantemente sus movimientos a la hora de golpear con el driver, sobre todo para proteger la articulación. Y eso puede haberle acentuado las molestias en la espalda. Seco en los grandes desde 2008, el reloj comienza a meterle prisa si quiere engordar su lista de 14 grandes y soñar con alcanzar el 'Monte Nicklaus' y sus 18 títulos. Aunque Arnold Palmer, leyenda del golf, ha dicho recientemente: "La edad no es el principal obstáculo para que Tiger alcance a Nicklaus".

Mick

Mickelson es también un material sensible. Es cinco años mayor que Tiger, y la condición física no ha sido nunca su punto fuerte. Hasta ha tenido que soportar más de una broma sobre el tamaño de sus pechos, alguna procedente de sus compañeros. "La grasa en mi cuerpo es una cuestión de genética. Siempre ha sido así", comenta el propio Phil. Ahora es también la espalda la que le martiriza, se acaba de retirar del Valero Texas Open y no se sabe si participará esta semana en el Shell Houston. "Si todo estuviera bien a Phil le encantaría jugar el Shell Houston Open. Es un torneo que le encanta, le gusta la ciudad y es una gran cita para preparar un torneo como el Masters, pero ahora tendrá que tomar una decisión importante ya que lo primero es su salud y luego el Masters de Augusta", ha explicado su inseparable caddie Jim 'Bones' Mackay.

A Mickelson, como a Tiger, el cuerpo le va mandando algunas señales cuando le quedan varios retos pendientes: conquistar el US Open, el grande de casa y el que le falta entre los cuatro, que se le ha resistido una y otra vez (alguna de manera cruel); igualar las cuatro chaquetas verdes de Palmer y Tiger (seis se vistió Nicklaus); y, por qué no, entrar en la lista de los más veteranos ganadores de un grande. Su victoria en el pasado Open Británico, en Muirfield, ya demostró que le sobra talento, y que esa colección de cinco grandes podría ser mucho mucho más elevada.

Augusta contiene la respiración por dos campeones doloridos. Alguno tendrá que elegir: la salud o el Masters.

Juego lento

Por: | 26 de marzo de 2014

La polémica sobre el juego lento en el golf es casi tan antigua como el mismo juego. En un deporte que exige tanta concentración y temple, las prisas no son buenas consejeras, pero hay quienes confunden la calma con la lentitud y acaban por desesperar a los compañeros de partida. Si es usted jugador, seguramente le habrá ocurrido coincidir con alguien más lento que usted, y ponerse algo nervioso, o puede que al revés, que le hayan apretado para acelerar el ritmo.

Lo mismo que sucede entre los amateurs pasa entre los profesionales. En este caso, las reglas de golf no especifican un límite de tiempo concreto para golpear una bola. Esto dice la normativa: "El jugador debe jugar sin demora indebida y de acuerdo con cualquier directriz sobre el ritmo de juego que puede establecer el comité. Entre el final de un hoyo y el golpe de salida en el hoyo siguiente, el jugador no debe demorar indebidamente el juego". Hay, sin embargo, circuitos y pruebas con sus reglas locales, que establecen un tiempo general para una vuelta... por ejemplo, 4h 35 minutos. "En ese caso, cuando se ve un retraso de tiempo o un espacio en el campo, hoyos vacíos, se cronometra. Es lo que se llama ritmo de juego", explica Pablo Chaves, presidente del Comité de Reglas de la federación española.

La medida más habitual son 50 segundos si el golfista en cuestión es el primero en jugar y 40 para el resto de los golpes. Según explica Chaves, a ese tiempo se le añade un 10% más de margen y otros tres segundos más. Si todavía así el golfista no ha jugado, recibe un aviso de mal tiempo. Al segundo aviso recibe un golpe de penalización. Dos malos tiempos es un golpe de castigo; tres malos tiempos, dos golpes; y cuatro malos tiempos, la descalificación del torneo.

"Hay jugadores más lentos porque tienen una rutina de golpe más lenta", comenta Chaves, "ya sabemos quiénes son". En los profesionales, el castigo viene acompañado de multas en metálico. En el circuito europeo, por ejemplo, suelen ser 2000 libras por un golpe y 4000 libras por dos golpes...

Tianlang-guan-580El jugador lento suele provocar algo parecido a un atasco en la carretera, como un coche que circula a baja velocidad por la autopista. Uno de los casos más llamativos de los últimos tiempos ocurrió en el Masters de Augusta del año pasado. Fue significativo por el escenario, el primer grande de la temporada, y por el sujeto sancionado por el juego lento, un jovencísimo golfista chino llamado Tianlang Guan. Tan joven que, con 14 años, se convirtió en el jugador con menos edad en disputar el Masters. Pero mientras el imberbe Guan (que acudió a Augusta faltando al colegio y con una lista de deberes de sus profesores) miraba con los ojos como platos a todos lados, impresionado por la grandeza del campo, los árbitros fueron estrictos con las normas y le sancionaron con un golpe por exceder "por un considerable margen" el tiempo permitido para golpear, esos 40 segundos. El castigo cabreó a más de uno. "¿Qué mensaje estamos mandando sancionando a un niño de 14 años? Era una ronda de seis horas. ¿Por qué a él?", se quejó el norirlandés Graeme McDowell. "Probablemente aprendió a jugar lento viendo a los profesionales por televisión, así que ¿de qué nos sorprendemos?", resumió muy acertadamente Lee Westwood.

Es más difícil, sin embargo, ver una sanción a un jugador estadounidense. Otro de los castigados recientemente ha sido el coreano Kevin Na, sancionado en el Players de hace dos ediciones, y verdaderamente un tipo lento preparándose para jugar, como puede verse en este vídeo...

 

Claro que no ha llegado todavía a los extremos de Rory Sabbatini, que en el Booz Allen Classic de 2005 adelantó a su compañero de juego, Ben Crane, al considerar que este jugaba demasiado lento.

La mala educación de John Daly

Por: | 14 de marzo de 2014

DalyFue en un Masters de Madrid de hace ya algunos años, cuando Gonzalo Fernández-Castaño todavía conseguía reunir a través de su empresa los fondos públicos y privados suficientes para celebrar un torneo de golf en la capital, antes de que la crisis asolara el panorama de campeonatos celebrados en casa...

Pues bien, este periodista había acordado una entrevista con el histriónico John Daly, un golfista genial en los noventa, campeón de dos grandes entonces, el PGA de 1991 y el Open Británico de 1995, pero más famoso últimamente por sus desplantes de todo tipo a todo el mundo y por su vida un tanto alocada.

La entrevista había sido concertada a través de los responsables de prensa del circuito europeo. Daly atendería a EL PAÍS al terminar su jornada de entrenamientos. Así que después de seguirle durante sus ensayos, me acerqué educamente al rollizo y rubio jugador.

- Buenos días, señor Daly, soy... Habíamos concertado una cita con usted para...

El bueno de Daly ni siquiera giró el cuello. Ya no digamos responder a quien le estaba hablando. La escena se repitió como un bucle durante varios metros, los que llevaban del último hoyo de entrenamiento hasta la sala de jugadores y el comedor. Ni mu. No es que Daly no tuviera el orgullo de inventarse cualquier excusa o simplemente decir que al día siguiente volviera, es que no tuvo ni la educación de responder ni simplemente girarse hacia quien caminaba a su lado. Entró en una sala reservada a los golfistas, junto a sus hijos, y ni siquiera respondió cuando los amables trabajadores del circuito europeo fueron a pedirle explicaciones por tal desplante. Fue el bueno de Gonzalo Fernández-Castaño quien acudió a este periodista para pedir perdón por el comportamiento de su invitado (Daly había acudido con invitación al torneo de Madrid, como a tantos otros, por cierto...), cosa que el jugador español no tenía necesidad de hacer. La culpa no era suya, ni mucho menos, sino de ese hombre sin modales en que se había convertido John Daly, un golfista genial no hace tanto.

Daly tiene 47 años y ya no llama la atención por sus éxitos. En los últimos años aprovechaba el Masters de Augusta para colocar su caravana en Washington Road y vender ahí su extravagante ropa y firmar guantes. El estadounidense destaca ahora por sus pantalones de colores llamativos más que por otra cosa, y porque va dando tumbos por aquí y allá mientras colecciona malos recuerdos en quien se cruza con él.

¿Y por qué hablamos ahora de John Daly? Porque resulta que acaba de firmar la peor vuelta de su vida, nada menos que ¡90 golpes! en la segunda jornada del Valspar Championship, del PGA Tour (en la imagen de arriba, este viernes). Daly firmó, por ejemplo, 12 golpes en el par cuatro del hoyo 16... Lo que no extrañaría sería que se retirase del torneo, en lugar de acabarlo. Ya se sabe cómo se las gasta Daly en cuestión de modales.

¡318 bolas al agua!

Por: | 11 de marzo de 2014

JasondufnerafpAhí va el dato: durante el pasado Cadillac World Golf Championship, torneo que reunió a los 50 mejores golfistas del mundo y en el que se doctoró el joven y descarado Patrick Reed, se fueron al agua... ¡318 bolas! La cifra es una barbaridad. Según GolfDigest, el registro anterior de más bolas perdidas en el fondo de los pequeños lagos del campo del Blue Monster de Doral era de 220, en el año 2004. Es decir, una diferencia de casi 100 bolas más perdidas en esta edición de 2014 (como la de Jason Dufner en la imagen de la izquierda).

Esta vez, un número explica a otro. Las 100 bolas de más se explican por los 200 millones de dólares que se ha gastado Donald Trump en remodelar el campo de Florida y convertirlo ahora sí es un verdadero monstruo. El campo recibe ese nombre por la gran masa de agua que acompaña todo el hoyo 18 por la parte izquierda, pero esta vez jugar al golf en el Cadillac fue lo más parecido a esquivar ya no solo trampas de arena, sino sobre todo de agua. ¿Vale la pena convertir un campo de golf en un coladero? Sí para Donald Trump, se supone que encantado con las audiencias y con el espectáculo de ver a los jugadores tirarse de los pelos. 15 hoyos eran prácticamente nuevos, así que de poco servía la experiencia de años anteriores en este campo (y no digamos ya para Tiger, que se estrenó sin ni siquiera entrenarse por culpa de sus dolores de espalda). Trump quería un campo "espectacular, más grande, con lagos enormes". Y tuvo lo que quería, una media de casi cinco bolas al agua por jugador durante el torneo.

El 'todo por el espectáculo' de Donald Trump llegó al punto de que ni siquiera los buenos golpes garantizaban sortear los lagos alrededor de los greens. Que se lo digan a Miguel Ángel Jiménez, que en el hoyo 18 en el último día firmó un gran golpe hacia el green pero que vio cómo su bola se desviaba por un pelo y enfilaba dirección al agua.

Los campos transformados no son una novedad. El mejor ejemplo es Augusta, que tras 1997 se dio un buen lavado de cara. Aunque en aquella ocasión fue por un motivo bien diferente. Fue una transformación antiWoods. Tiger ganó de manera tan espectacular aquel Masters, con 12 golpes de ventaja (la mayor diferencia en la historia; el vencedor más joven, 21 años), que la organización se puso manos a la obra: hoyos más largos y calles más estrechas para combatir no solo el poderío golpeador de Tiger, sino unos nuevos materiales que permitían mandar la bola muchísimo más lejos. Lo de Doral ha sido otra cosa. Ha sido la megalomanía de Donald Trump... guste o no guste.

... Y una nota de color. El PGA Tour ha realizado un vídeo con los 10 jugadores que visten de manera más llamativa. ¡Y John Daly solo es el cuarto en la clasificación!

¿Son las pesas malas para el golf?

Por: | 05 de marzo de 2014

Tiger

"Yo le tengo alergia al gimnasio". Miguel Ángel Jiménez nunca ha sido muy amigo de meterse en una sala y pasarse horas levantando pesas. Y no es que no cuide su preparación física, al contrario, sino que, como jugador natural que es, criado como caddie antes que como golfista, se ha curtido más al aire libre que bajo la luz artificial. El Pisha es el hombre de las tres generaciones, y para seguir "pateando culos" a los 50 años, como le gusta decir a él, ha tenido que pedir la llave del gimnasio y, además de seguir con esa maravillosa elasticidad que se gasta, coger alguna que otra pesa.

Pero, ¿son las pesas buenas para el golf? La lesión de espalda de Tiger Woods ha devuelto la pregunta al patio. El Tigre fue una auténtica revolución en todos los sentidos a finales de los 90. Por supuesto, y de manera muy signicativa, en el terreno físico. Fue él quien enterró definitivamente esa imagen estereotipada del golfista como deportista que no necesitaba cuidar su físico, sino solo su técnica. Tiger era un jugador de laboratorio, esculpido en el gimnasio. Woods dijo que trataba al golf como cualquier otro deporte, no como un hobby, y que por lo tanto eso requería la máxima preparación física... pasando por el gimnasio. Hoy en el golf hay grandes culturistas, como el colombiano Camilo Villegas, y nadie escapa ya de la pesas. Rory McIlroy, por ejemplo, ha ensanchado sus hombros desde que apareciera por el circuito como un niño más bien delgado. Aunque eso pueda provocar algún inconveniente, como acaba de decir el inglés Ian Poulter: "El 75% de las lesiones tienen su origen en el gimnasio".

La espaPishalda es el gran punto débil. Como dijo el entrenador Jason Floyd, el cuerpo es una cadena y si una parte falla, todo el conjunto se resiente. En el caso de Tiger, sus problemas en la rodilla izquierda han provocado que ejecute un swing diferente al natural, sin cargar el peso en la articulación, pero por el contrario forzando más la espalda, un problema físico que aunque por otros motivos también han sufrido muchos golfistas, como Olazábal y Fernández-Castaño.

El caso de Tiger es especial. Hank Haney, uno de sus antiguos entrenadores, cuenta en su libro que Woods se obsesionó con la preparación física, hasta el punto de entrenarse con el ejército y forzar su cuerpo hasta límites que no fueron sanos para él. Quizás ahora pague tantas horas de gimnasio, parcheado su cuerpo por sus problemas en las rodillas, cuello, espalda...

El Tigre es duda para jugar esta semana en el Blue Monster de Doral, y su puesta a punto se ve afectada a poco más de un mes del Masters de Augusta. Seguramente le toque dosificar un poco sus horas de gimnasio.

A ritmo de swing

Sobre el blog

El camino entre los 18 hoyos de un campo de golf esconde grandes historias, personajes inolvidables y la pasión de un deporte diferente y abierto a todas las edades. Este es un paseo de tee a green, un cuento de golpes y precisión.

Sobre el autor

Juan Morenilla

es redactor de deportes y ha cubierto el Masters de Augusta y el Open Británico.

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