Ángeles Espinosa

A vueltas con las mujeres

Por: | 30 de septiembre de 2011

Atabia
Escrutinio en centro Prince Salman, en Riad. En las municipales solo votaron hombres. / REUTERS

Mientras esperaba la cita con Muna Abu Sulayman, la secretaria general de la Fundación Alwaleed bin Talal y uno de los rostros femeninos más conocidos de Arabia Saudí por sus programas en varias televisiones por satélite, asistí a un momento de intimidad inesperado. Una mujer joven (no llegaría a los 30 años) entró en la oficina en la que me encontraba y, tras saludarme en un inglés perfecto, procedió a desenrollar unas alfombrillas de oración. Enseguida, se le unió otra compañera y llamaron a Safwa, la señora de la limpieza (y la única que llevaba la cabeza cubierta), ya que en el islam el rezo iguala a todos jefes y empleados, ricos y pobres.

Empezaron a colocarse el velo de plegaria -uno crema, otro verde acuoso, el tercero rosa palo con florecillas, nada de ese negro que las despersonifica en público- a la vez que comentaban algún asunto pendiente con la secretaria que seguía en el escritorio. Azorada, me disculpé por haber llegado a la hora del rezo y les pregunté si querían que saliera. “La verdad es que hoy vamos un poco retrasadas, no se preocupe, no molesta”, me dijeron. Cuando llegó la cuarta, empezó un suave murmullo a la vez que las mujeres procedían a las postraciones.

En mis dos décadas de viajes por Oriente Próximo, he presenciado muchas veces a este ritual, pero era la primera vez que asistía al rezo de unas mujeres en el trabajo. En las oficinas de El Cairo, Bagdad o Islamabad, son siempre los hombres los que exhiben su religiosidad. Las mujeres prefieren la privacidad de sus hogares. Y curiosamente me encontraba nada menos que en Riad, el conservador corazón de Arabia Saudí, donde oficialmente ni se las ve ni se las oye. No sólo eso, cumplido el precepto y guardadas las alfombrillas y los velos, las jóvenes vestían pantalones y blusas como las profesionales en cualquier otra parte del mundo.

Es la excepción en este país aferrado a tradiciones ancestrales, donde pocas mujeres trabajan fuera del hogar y cuando lo hacen han de ir tapadas de negro de los pies a la cabeza. No estoy segura si el responsable de esto, el príncipe Alwaleed, es un visionario que se ha adelantado a un futuro que hoy parece muy lejano, o simplemente un provocador, pero en sus oficinas, tanto en la fundación como en la sede de su imperio empresarial (es el tercer hombre más rico del mundo, según la revista Forbes), las mujeres, las saudíes, no tienen que esconder su condición de tales.

Viene esto a cuento de que cada vez que viajo a Arabia Saudí, mis jefes esperan que escriba algún reportaje sobre la mujer. ¿Avanza? ¿Sigue oprimida por el sistema patriarcal? ¿O es que no quiere liberarse? Como en Irán y en el más amplio mundo islámico, la mujer saudí se ha convertido en un termómetro del cambio.

Resulta difícil de plasmar, más allá del tópico de volver a contar que tiene prohibido conducir, o que los espacios públicos están segregados, pero cada vez hay más saudíes que hacen trampas (con Internet, con los fines de semana en Dubái, con la cobertura de un familiar comprensivo). He llegado a la conclusión que hay casi tantas respuestas como mujeres, y deben de ser algo más de nueve millones si aceptamos que son la mitad de la población nacional.

Sin duda, he notado cambios desde mi primer viaje al reino en 1991. Mientras que entones era imposible ver a una saudí a cara descubierta en un lugar público, hoy es la norma entre las jóvenes urbanas educadas y más si uno se pasea por Yeddah o por alguna de las ciudades de la Provincia Oriental (las costas son mucho más abiertas que las regiones del desierto). También el número de las que trabajan ha aumentado exponencialmente, aunque sólo apenas representan el 3% de la fuerza laboral, a pesar de ser ya el 56% de los titulados universitarios.

“Baby steps”, pasitos, me dicen mis amigas cada vez que vuelvo. Apenas unos matices que no es fácil plasmar en un titular en medio de la vorágine de noticias sobre condenas a latigazos, decapitaciones y otras violaciones de derechos humanos que siguen produciéndose en el país. Pero esta vez, ha sido fácil. El reconocimiento de su derecho a voto (“nos han igualado a cero”, me dijo una mujer) y la triste sentencia (luego anulada por el rey) a 10 latigazos contra una conductora, han permitido volver a recordar lo obvio.

Y sin embargo, algunas activistas subrayan que eso no es lo fundamental, que hace falta un cambio integral del sistema. “El Gobierno debe de estar encantado con la atención mediática a las mujeres que conducen. Es un problema social que mantiene a la gente ocupada”, me hizo reflexionar una de ellas. Mientras se habla del derecho a conducir de las féminas, ni los saudíes ni los periodistas extranjeros nos ocupamos de los presos políticos, la falta de democracia o la necesidad de un Parlamento elegido. Por más que el asunto resulte embarazoso para las autoridades, no supone una amenaza. Como me dijo mi interlocutora, “la OTAN no va a bombardear Arabia Saudí porque no deja conducir a las mujeres”.

Hay 5 Comentarios

Felicitaciones Angeles me encanta el blog y los temas como los planteas que llevan no solo a la informacion sino a la reflexion sobre esos lares que tanto conoces e investigas.

Me temo que soy de esas jefas avidas por una nueva información sobre las mujeres saudíes. Creo que la revolución que iguale verdaderamente a la mujer es el asunto pendiente en este siglo xx1. Enhorabuena x el blog, un espacio que te permite informarnos de otra manera.

felicidades por el blog! hacia falta algo de esto!

Anda, qué majo el príncipe Alwaleed bin Talal, el mismo que está acusado de violación en España. Visionario y provocador, sí señor. Jo, y las deja ir sin velo por la oficina. El simplismo y el maniqueísmo mataron al periodismo.

Dice vd: "He llegado a la conclusión que hay casi tantas respuestas como mujeres, y deben de ser algo más de nueve millones si aceptamos que son la mitad de la población nacional." y parece que esta aseveración le ha llevado nada más y nada menos seis años.Fíjate, sigo tus crónicas de hace años y me gustaría expresar lo siguiente:Cuando era cristiano-laico y votante de izquierdas me preguntaba del por qué de esa adversión al profeta de los musulmanes.Luego, no sé por qué, se asomaba a mi pensamiento el tema manido de la supuesta opresión de las mujeres mientras que no tenía la más remota idea de como son tratadas en sociedades "islámicas" ttan diferentes.Vd, con su discurso tan manido y al servicio de su diario no ha aportado nada a la cuestión de la mujer musulmana.Vd, lógicamente, no podrá comprender el islam porque sencillamente no es musulmana.Entiendo que así sea.El artículo que publica hoy es bueno y va en una buena linea, intente ser humilde en sus percepciones y conozca a otras mujeres religiosas, intente investigar y nos sea prejuiciosa.Quizás consiga algo después de tantos años.
salam

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Sobre la autora

lleva dos décadas informando sobre Oriente Próximo. Al principio desde Beirut y El Cairo, más tarde desde Bagdad y ahora, tras seis años en la orilla persa del Golfo, desde Dubái, el emirato que ha osado desafiar todos los clichés habituales del mundo árabe diversificando su economía y abriendo sus puertas a ciudadanos de todo el mundo con sueños de mejorar (aunque también hay casos de pesadilla). Ha escrito El Reino del Desierto (Aguilar, 2006) sobre Arabia Saudí, y Días de Guerra (Siglo XXI, 2003) sobre la invasión estadounidense de Irak.

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