Ángeles Espinosa

Los omaníes necesitan trabajar

Por: | 04 de noviembre de 2011

El botones que me trae la maleta a la habitación del hotel es omaní. Parece normal puesto que estoy en Omán, pero era algo impensable hace tan sólo tres o cuatro años. Primero, fueron los recepcionistas y los chóferes, ahora son también los ordenanzas y las dependientas. El turismo es uno de los sectores donde más visible es la omanización de la fuerza laboral, un proceso clave para acabar con una paradoja que está poniendo a prueba la sociedad no sólo en esta esquina de la península Arábiga sino en todas las monarquías árabes del golfo Pérsico.

“No es normal que el país tenga un 17% de paro entre sus nacionales y emplee a un millón de extranjeros”, admite una profesora occidental con seis años de residencia en el sultanato. Esa discordancia tiene sus orígenes en el despegue económico asociado al petróleo. Al principio, el país, como el resto de los de la región, carecía de suficiente mano de obra y tuvo que importarla. El Gobierno reservó los puestos de dirección para los autóctonos.

Poco a poco la mejora de la atención sanitaria, tradujo las altas tasas de fecundidad tradicionales en un aumento significativo de la población. Hoy, el 70% de los cerca de dos millones de omaníes tienen menos de 30 años. El Estado ya no puede absorberlos a todos y en el sector privado, las condiciones y los salarios resultan menos atractivos por la competencia de los trabajadores extranjeros.

La falta de empleos y los bajos sueldos fueron el eje de las protestas que estallaron a finales del pasado febrero en Omán. Aunque los omaníes no llegaron a cuestionar al sultán Qabús y éste reaccionó con presteza introduciendo cambios, las manifestaciones han roto el mito de una Arcadia árabe.

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Vista de Mascate, la capital de Omán. / Á.E.

Entre las promesas, 50.000 nuevos empleos. El ministro de Información, Hamed bin Mohamed al Rashdi, asegura que ya se han creado 75.000 en lo que va de año. Las cifras no terminan de convencer a los ciudadanos.

“En enero las autoridades anunciaron que el número de los que buscaban trabajo no superaba los 20.000… el número real de parados era al menos diez veces mayor. ¿Cómo pueden confundirnos anunciándonos que contratan a miles cada día?”, se pregunta Sami al Batashi en una carta al director del Muscat Daily.

Sólo plantearlo es ya romper un tabú en este país de maneras suaves y alérgico a la controversia. Sin embargo, aún falta por abordar el aspecto más delicado del problema: la desigualdad de derechos de los trabajadores extranjeros, que están en la base de las diferencias entre las condiciones de trabajo del sector público y el privado. Mientras no haya un mercado laboral único, las distorsiones van a seguir bloqueando el desarrollo. Se intuye en las noticas que estos días aparecen en la prensa.

La columnista Huda al Jahwariya relataba el pasado sábado en el Oman Daily Observer su sorpresa ante una reciente convocatoria para jóvenes desempleados en la que “43 fueron contratados, 248 rechazaron las ofertas que se les presentaron y otros 318 no se presentaron a las entrevistas”. No un caso anecdótico. Para Al Jahwariya, muchos jóvenes omaníes rechazan ofertas de empleo en el sector privado a la espera del ansiado puesto en la administración, y sus privilegios.

“Es natural. ¿Para qué van a trabajar de 8 a 5 pudiendo hacerlo de 8 a 2,30?”, se pregunta la profesora citada más arriba. “Nosotros, haríamos lo mismo”, añade.

La reforma de la ley de trabajo anunciada la semana pasada intenta corregir ese problema regulando las horas extra e instaurando la semana laboral de cinco días y el mes de vacaciones anuales, entre otros beneficios, también en el sector privado. Es un primer paso, pero no es suficiente. Lo que se necesita, coinciden los analistas, es un cambio de mentalidad y una mayor adecuación de la universidad al mercado laboral.

La profesora advierte contra la simplificación fácil de tachar a los omaníes de “ricos señoritos árabes”. “Su incorporación al turismo demuestra que necesitan trabajo. Aquí no tienen el poder adquisitivo de sus vecinos. El problema va por sectores”, concluye. De cómo las autoridades resuelvan ese reto va a depender que Omán siga siendo uno de los países más estables del Mundo Árabe.

Hay 5 Comentarios

Muy buena explicación, aunque las estadísticas no son mi fuerte.
Ángeles, te sigo desde hace mucho tiempo y siempre me haces sentir la cercanía, el momento, es cómo si estuviera un poquito ahí, no sabes cómo se agradece.
Yo creo que nos pasa a muchos, toda una escuela
Pf no dejes de emitir tus puntos de vista, son impagables
Un saludo

Una precisión sobre las estadísticas de población en Omán. El total de habitantes ronda los 3,2 millones, de los que un tercio son extranjeros y el resto, en torno a dos millones, nacionales. Esos datos no son en absoluto extrapolables ni a España ni a otro país europeo, donde cumpliendo unos requisitos puede accederse a la nacionalidad. En los países del Golfo, los trabajadores extranjeros rara vez lo consiguen y a menudo están sometidos a regulaciones distintas que los nacionales.

El arte de la seducción te lo enseñaron pero el día que explicaban los porcentajes en el colegio no debiste ir:
"Hoy, el 70% de los cerca de dos millones de omaníes tienen menos de 30 años." Un millon sobre dos millones es el 50% de población extranjera (23 millones serían en España)

Este es el reto. Un mundo en transformación hacia la libertad y los derechos fundamentales frente a otro atenazado por el inmobilismo o inyectándole directamente la barbarie...y en el epicentro político, geográfico y estratégico mundial.

En España tenemos más paro (21%) y no es que tengamos 1 millón de extranjeros trabajando, es que los tenemos cobrando ayudas sociales ( y bastante cuantiosas, la verdad). Por no hablar de la seguridad social universal, que somos los tontos de Europa (otros países deberían de ponerla, no quiero decir que nosotros debamos quitarla).
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Sobre la autora

lleva dos décadas informando sobre Oriente Próximo. Al principio desde Beirut y El Cairo, más tarde desde Bagdad y ahora, tras seis años en la orilla persa del Golfo, desde Dubái, el emirato que ha osado desafiar todos los clichés habituales del mundo árabe diversificando su economía y abriendo sus puertas a ciudadanos de todo el mundo con sueños de mejorar (aunque también hay casos de pesadilla). Ha escrito El Reino del Desierto (Aguilar, 2006) sobre Arabia Saudí, y Días de Guerra (Siglo XXI, 2003) sobre la invasión estadounidense de Irak.

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