Ángeles Espinosa

El mundo al revés

Por: | 16 de febrero de 2012

Llevo unas semanas más confusa de lo habitual. Si Oriente Próximo siempre ha sido enrevesado, los últimos acontecimientos han rizado el rizo de la paradoja. Empecé a notar los síntomas durante mi viaje a Siria del pasado noviembre. En esta parte del mundo siempre ha habido una distancia notable entre el relato oficial y la realidad. Pero en Damasco, las diferencias eran de 180º y temí ser víctima de un ataque de esquizofrenia periodística. Al mes siguiente me desplacé a Bagdad y las cosas volvieron a su cauce. La situación era tan mala como me lo parecía y nadie trataba de negarlo. El ejercicio de realismo me permitió salvar lo que quedaba de año.

Con la llegada de 2012, he vuelto a sumirme en un estado de progresiva incredulidad. País que visito, país en el que tengo la impresión de que sus dirigentes no salen de casa no ya a comprar el pan sino siquiera a tomarse un té con los parroquianos del barrio. Sus discursos no guardan conexión con las realidades que conozco de primera mano. En el avión que esta mañana me traía a Yemen, me he dado una sobredosis “periodismo del absurdo” leyendo la prensa regional. No me malinterpreten; no es que las noticias fueran absurdas, sino que sus protagonistas cuentan milongas que a sus súbditos (aquí no hay ciudadanos) no les queda más remedio que escuchar.

Acabo como quien dice de volver de Kuwait donde asistí a las elecciones anticipadas por una crisis entre el Parlamento y el Gobierno. Los kuwaitíes y sus candidatos debatían sobre la corrupción y la necesidad de dejar paso a los jóvenes, que fueron el eje de las movilizaciones previas. A pesar de que la oposición logró la mayoría de los escaños, ha elegido como presidente a un veterano político de 78 años y que ya ha presidido la Cámara en otras dos ocasiones. Y el emir se dirigió a la Asamblea Nacional como si los problemas que obligaron a su disolución se hubieran quedado atrás. Ni un solo gesto de que esté dispuesto a reducir su poder y el de su familia, origen de las tensiones y que en consecuencia volverán a reproducirse.

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Primer aniversario de las revueltas en Bahréin

Paso la página y su vecino, el rey de Bahréin, dice que en su país no hay oposición organizada porque los manifestantes cantan eslóganes en apoyo del líder supremo iraní, el ayatolá Ali Jamenei. Resulta curioso que tenga que pedir ayuda a las tropas saudíes para reprimir a una oposición que no existe. Tal vez pretenda que los chiíes de Bahréin son extranjeros. He oído ese cantar en el Irak de Sadam Husein. Aunque las migraciones entre ambas costas del golfo Pérsico son una constante desde hace varios siglos, también es un hecho que las tribus suníes procedían del corazón de la península Arábiga. Nada crece por generación espontánea en la arena.

El año pasado fui testigo de cómo se radicalizaban las protestas a medida que las fuerzas de seguridad bahreiníes reprimían a los manifestantes. Durante la primera visita en febrero, los eslóganes pedían justicia, igualdad y democracia, además de la dimisión del primer ministro (un tío del rey que lleva 40 años en el cargo). Un mes y varios muertos después, oí los primeros “Muerte a los al Khalifa”, algo que no era del agrado de todos. También comprobé, que algunos chiíes bahreiníes siguen como líder espiritual a Jameneí (algo así como si los católicos en vez de tener un Papa, eligieran a qué arzobispo quieren emular), pero de ahí a querer unirse a la República Islámica va un trecho. Muchos han viajado a Irán y saben lo que se perderían. Además, el rey Hamad es conocedor de que su padre reinó cuando los británicos se fueron en 1971 porque los líderes religiosos chiíes respaldaron el carácter árabe de la isla frente a la opción de unirse a Irán.

Luego estaban los “avances nucleares” de Irán, sobre los que escribí mi crónica de ayer, y que les puedo asegurar que no quitan el sueño a los iraníes de a pie. Aunque existe práctica unanimidad en el derecho a disponer de la tecnología nuclear, e incluso sectores críticos con el actual régimen defienden que el país se haga con la bomba atómica, la mayoría de quienes conozco se muestran mucho más preocupados por el rumbo que está tomando la política exterior de su país, rehén de la verborrea provocadora de sus dirigentes, y la consecuente carestía de la vida.

Otra noticia era que el presidente sirio ha convocado un referéndum constitucional. ¿Realmente cree que es eso lo que le piden los sirios?

Saleh
El ¿ex? presidente de Yemen Ali Abdalá Saleh

Y finalmente, casi entrañable, Ali Abdalá Saleh ha pedido que quiten sus retratos de todas las oficinas públicas. El que ya debería ser ex presidente de Saleh, pero cuyo entramado de poder e influencia sigue prácticamente intacto, sugiere que se coloque el de su sucesor, Abdrabo Mansur Hadi, cuyo nombramiento como presidente de transición se somete a plebiscito el próximo martes. Sorprendida por tanta diligencia, nada más aterrizar he preguntado por la noticia. Al parecer, resultaba embarazoso que en los escasos mítines electorales que ha dado Hadi, dos enormes fotografías de Saleh eclipsaran la del propio candidato. En el aeropuerto y el restaurante Shaibani, donde he comido, Saleh seguía vigilándonos.

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Sobre la autora

lleva dos décadas informando sobre Oriente Próximo. Al principio desde Beirut y El Cairo, más tarde desde Bagdad y ahora, tras seis años en la orilla persa del Golfo, desde Dubái, el emirato que ha osado desafiar todos los clichés habituales del mundo árabe diversificando su economía y abriendo sus puertas a ciudadanos de todo el mundo con sueños de mejorar (aunque también hay casos de pesadilla). Ha escrito El Reino del Desierto (Aguilar, 2006) sobre Arabia Saudí, y Días de Guerra (Siglo XXI, 2003) sobre la invasión estadounidense de Irak.

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