Ángeles Espinosa

Por qué no estoy en Irán hoy

Por: | 02 de marzo de 2012

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PressTV

ACTUALIZADO A LAS 18.00 GMT

La explicación corta es porque las autoridades no me han concedido el visado. Pero en un país en el que un significa tal vez, y el no se evita con una falta de respuesta, el asunto es algo más enrevesado. En la República Islámica de Irán hace mucho que la distancia más corta entre dos puntos no es la línea recta. La necesidad de ocultar, de transformar la realidad, exige un continuo ejercicio de prestidigitación con el que engatusar al público. Una vez que conoces los trucos, no te quieren en el patio de butacas.

“Sorry so much and really I don’t know” (“lo siento muchísimo, realmente no sé [la causa]”), me respondía en un email el responsable de prensa de la embajada iraní en Madrid el pasado lunes, cuando desde Teherán ya me habían informado de que mi solicitud había sido bloqueada en el Ershad, tras recibir el visto bueno del Ministerio de Exteriores. El Ershad es el Ministerio de Orientación Islámica, y la bestia negra de cualquier periodista que desee trabajar en Irán. Su Oficina de Prensa Extranjera trata de controlar lo incontrolable: el libre fluir de la información.

He cubierto todas las elecciones iraníes desde 1997, cuando para sorpresa de quienes mueven los hilos del sistema ganó un candidato segundón que creía en los artículos de la Constitución que consagran la soberanía popular, Mohamed Jatamí. Sólo falté a las legislativas de 2004 porque me encontraba en Irak. Durante esos años he visto como los iraníes se ilusionaban con la posibilidad de transformar desde dentro el opresivo sistema que les rige, para caer en la más profunda de las apatías tras descubrir que los poderes fácticos no estaban dispuestos a consentirlo.

Desde 2006 hasta el pasado verano estuve acreditada como corresponsal extranjera y viví en Teherán. Eso me dio una perspectiva única del cambio de estado de ánimo que se produjo en junio de 2009, cuando cientos de miles de iraníes sintieron que el régimen había manipulado los resultados electorales y salieron a la calle para denunciarlo. Mi trabajo empezó a resultar demasiado molesto para los responsables del Ershad. Aprovecharon que hice una entrevista sin su autorización al hijo del fallecido ayatolá Montazerí para expulsarme del país. (Mi posterior readmisión debida a las presiones diplomáticas españolas sólo sirvió para retrasar seis meses esa medida).

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Reuters

La situación no ha mejorado desde entonces. Con todos los medios reformistas cerrados, los periodistas locales críticos tienen que optar entre el silencio o la cárcel. Los escasos extranjeros que aún mantienen sus acreditaciones carecen de libertad de movimientos. Y las autorizaciones para enviados especiales se dan con cuentagotas. Ahora, con motivo de las elecciones, el responsable de la Oficina de Prensa Extranjera, Mohammad Javad Aghajari se ha jactado de haber facilitado 80 visados para periodistas y técnicos de 53 medios de todo el mundo.

Lo que no dice el responsable es que la mayoría de esos permisos tienen una validez de apenas cinco días. O que incluso con el sello en el pasaporte a un reportero alemán le rechazaron en el aeropuerto y le obligaron a volver a su país, aunque luego le pidieron disculpas y ayer le autorizaron a regresar. Tampoco cuenta el vergonzoso negocio que su oficina mantiene en torno a los periodistas y que obliga a todos los admitidos a trabajar con alguna de las dos “agencias privadas autorizadas”.

Dichas empresas, dirigidas por sendos ex agentes de los servicios secretos, proporcionan todo lo que un informador puede necesitar desde reservas de hotel, hasta coche o equipo de filmación. Cualquier cosa, menos información. Eso sí, por un precio. Un equipo de televisión rara vez logra librarse de una factura mínima de 500 dólares al día, un plumilla 150 y un fotógrafo, entre 80 y 100. Depende de las dotes de negociación de cada cual.

Incluso a quien no lo solicita le imponen la compañía de un traductor o traductora, cuya competencia para el trabajo es menos relevante que su capacidad de entorpecer. Recuerdo un caso, en febrero de 2006 durante el aniversario de la revolución, en que al intérprete que me asignaron se le pasó la intervención de Ahmadineyad en la plaza de Azadí. Había mucha gente, desde donde estábamos no se veía el estrado. “No al final parece que no ha hablado”, me dijo cuando le hice notar que la gente empezaba a irse. Al llegar a casa, descubrí en la televisión que el presidente había amenazado con retirar a Irán del Tratado de No Proliferación.

No son funcionarios como aquellos siniestros acompañantes que imponía el Ministerio de Información de Sadam. Muchas veces ni siquiera simpatizan con el régimen. El tipo que no me tradujo el discurso, despotricaba constantemente contra el sistema. En la mayoría de los casos, se trata de amigos o conocidos de los responsables del Ershad, en busca de un ingreso extra y que apenas recibirán un tercio de lo que paguen los periodistas. El resto se lo reparten entre las “agencias” y la oficina de Aghajarí.

En cualquier caso, la onerosa inversión que supone cualquier intento de profundizar un poco en el país desincentiva a los medios con menos recursos y a los periodistas independientes. Pero las autoridades logran así reducir considerablemente el número de narices que quieren husmear en sus asuntos. Y para los listillos que se cuelan como turistas, el caso de los periodistas alemanes Marcus Hellwig y Jens Koch del Bild am Sonntag dejó claro cuál es el destino si les pillan: la cárcel y una acusación de espionaje.

Aún así, me hubiera gustado estar hoy en Teherán. Pero no debiera haberme sorprendido que el Ershad me negara el visado. Aghajari no me ha perdonado. Le molestó que entrevistara a los abogados de Shakineh Ashtianí, la mujer condenada a morir lapidada por supuesta complicidad en el asesinato de su marido (mientras el asesino quedaba libre por los misterios insondables de la ley iraní). Le molestó que cubriera las manifestaciones populares contra la reelección de Ahmadineyad (algo que los periodistas extranjeros teníamos prohibido, pero que burlábamos hablando en tercera persona). Pero sobre todo le molestó que cuando había logrado un motivo para expulsarme, sus jefes le obligaran a readmitirme.

PD: Los periodistas que recibieron un visado para cubrir las elecciones de hoy han visto limitado su trabajo a una visita a dos colegios electorales organizada por el Ministerio de Orientación Islámica, después de la cual han sido confinados a sus hoteles.

Hay 56 Comentarios

Buenos días, creo que la preciada articulista a la que nos dirijimos no está precisamente dejándose el "pellejo" para hacer una guía de Persépolis y tampoco es la corresponsal a la que le correspondería investigar y analizar objetivamente como viene haciendo desde hace años la situación de los presos de Guantánamo ni de las víctimas de otras "situaciones que vulneran los derechos humanos" en nuestro querido planeta. Ahora bien, y en respuesta querida periodista a tu artículo de hoy, algunos nos alegramos de que a pesar de que no te den entrada en el país (y que el fin de agno persa no lo celebres entre arroz con cerezas) no puedan acallarte detrás de sus fronteras,y que sigas recordándonos desde la objetividad y el respeto cuál es la realidad de esas tierras y sus gentes. Mucho ánimo, muchos somos los que te seguimos, admiramos y queremos.
NOTA: En cuanto al resto de intervenciones, no comment.

También es divertido (en realidad triste) ver como algunos fanáticos se empecinan a defender al siniestro régimen de los ayatolás. Pero tampoco nos tendria que sorprender, suelen ser los mismos que aún hoy en dia defienden el régimen stalinista de la URSS o al tercer reich hitleriano.

Es divertido ver como los jomeinistas se llenan los bolsillos con dólares del Gran Satán........

Sería interesante que la articulista recibiera de las autoridades estaunidenses permiso para entrevistar a los responsables de las torturas realizadas en la base americana de Guantánano y a los ladrones que desvalijaron los museos en Bagadad durante la sucia guerra contra Irak, sin la aprobación de la ONU.

a mi me encantaría leer otra cosa sobre Irán que no sea lo que leo todos los días. Yo también he estado ahí y mi novio es Iraní. Sé que lo bonito no vende, pero por una vez, podrías escribir algo precioso, algo de Oriente, alguna historia que no cubra ninguna noticia. Por una vez, por favor. Gracias

Irán es el padre del terrorismo mundial, odian a las mujeres, y solo quieren ver a occidente arrastrarse.

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Sobre la autora

lleva dos décadas informando sobre Oriente Próximo. Al principio desde Beirut y El Cairo, más tarde desde Bagdad y ahora, tras seis años en la orilla persa del Golfo, desde Dubái, el emirato que ha osado desafiar todos los clichés habituales del mundo árabe diversificando su economía y abriendo sus puertas a ciudadanos de todo el mundo con sueños de mejorar (aunque también hay casos de pesadilla). Ha escrito El Reino del Desierto (Aguilar, 2006) sobre Arabia Saudí, y Días de Guerra (Siglo XXI, 2003) sobre la invasión estadounidense de Irak.

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