Ángeles Espinosa

Sobre la autora

lleva dos décadas informando sobre Oriente Próximo. Al principio desde Beirut y El Cairo, más tarde desde Bagdad y ahora, tras seis años en la orilla persa del Golfo, desde Dubái, el emirato que ha osado desafiar todos los clichés habituales del mundo árabe diversificando su economía y abriendo sus puertas a ciudadanos de todo el mundo con sueños de mejorar (aunque también hay casos de pesadilla). Ha escrito El Reino del Desierto (Aguilar, 2006) sobre Arabia Saudí, y Días de Guerra (Siglo XXI, 2003) sobre la invasión estadounidense de Irak.

Eskup

¡Es la cooperación, estúpido!

Por: | 15 de noviembre de 2012

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Participantes en la reunión del World Economic Forum en Dubái. / WEF

Ya sabemos que nadie tiene la varita mágica. Si no, alguien ya se hubiera hecho de platino vendiendo recetas para salir de la crisis que con mayor o menor intensidad golpea a casi todo el planeta. Pero ¿qué han propuesto los mil expertos reunidos en Dubái por el World Economic Forum (WEF)? El lunes terminaba mi post diciendo que habría que esperar a sus conclusiones. Pues bien ayer se cerró el cónclave, justo antes de la festividad del año nuevo islámico, con un llamamiento a los líderes mundiales para que adopten una perspectiva global y a largo plazo, y no se centren sólo en los problemas propios.

“Pido a los líderes mundiales, en particular en los países con nuevos dirigentes o donde los dirigentes han sido reelegidos, que dediquen suficiente tiempo y energía a atender los asuntos globales y que se dejen absorber en exclusiva por los problemas internos. Hagamos de 2013 un año de verdadera cooperación global”, resumió el fundador y presidente ejecutivo del WEF, Klaus Schwab, en la clausura.

Más fácil dicho que hecho.  En particular cuando el mismo foro ha reconocido la fragmentación del sistema de gobernanza establecido tras la Segunda Guerra Mundial y el creciente descontento con la eficacia de las instituciones supranacionales, en especial a raíz de la crisis económica mundial. En los numerosos debates mantenidos por los grupos sectoriales de expertos se ha repetido la incapacidad de la comunidad internacional para acordar un marco de reducción de la emisión de gases de efecto invernadero, el estancamiento de la Ronda de Doha sobre comercio multilateral, o la ausencia de un mecanismo internacional efectivo para prevenir y solucionar los conflictos armados, punto este último sobre el que planeaba la sombra de Siria.

En un esfuerzo por contrarrestar esas tendencias, el foro invitó a representantes de las principales organizaciones regionales de los cinco continentes. Durante dos días debatieron sobre el sentido de su labor en el siglo XXI, las iniciativas regionales para promover el comercio mundial, y cómo pueden contribuir a reducir el riesgo de conflictos. El grupo coincidió en respaldar un reforzamiento de los lazos  con la ONU y con otras organizaciones multilaterales, sobre todo de cara a lograr los Objetivos del Milenio para la fecha prevista de 2015.

El mayor reto es sin duda la creación de puestos de trabajo. Durante los próximos 15 años, se calcula que van a entrar en el mercado laboral 600 millones de personas, pero ya hay 200 millones de desempleados en el mundo. La mayoría de los expertos coincidieron en que los actuales sistemas educativos no sirven.  El caso es especialmente grave en los países árabes. Según el ministro de Economía de Emiratos, Sultan al Mansoori, su población, unos 350 millones de personas, es la más joven del mundo, con casi el 60% de ellos por debajo de los 25 años. Pero también tiene, con 100 millones de parados, la tasa más alta de desempleo. Es una bomba de relojería que ya actúo de detonante de la Primavera Árabe y que puede desestabilizar las perspectivas de crecimiento global.

Como es habitual en él, Schwab concluyó con una nota positiva. “A pesar de todos los retos, los problemas y las últimas previsiones del Fondo Monetario Internacional, el PIB de la economía mundial se va a duplicar en los próximos 20 años”, aseguró. Queda por ver que vaya a distribuirse de forma equitativa, en lugar de concentrarse cada vez más en unas pocas manos.

El miedo va por barrios

Por: | 13 de noviembre de 2012

TableEl World Economic Forum (WEF) ha desvelado hoy en Dubái los resultados de su Encuesta sobre la Agenda Global, en la que pide a los participantes en sus 88 grupos de debate (los Consejos) que identifiquen y predigan las tendencias globales más importantes que en su opinión van a marcar la economía, la sociedad y el medio ambiente del mundo en los próximos 12 a 18 meses. Para los cerca de 900 expertos de ámbitos tan diversos como los negocios, los gobiernos, las organizaciones internacionales, las ONG y las instituciones académicas, dos asuntos encabezan las preocupaciones este año: el riesgo de ruptura de la eurozona y la crisis de liderazgo global, según nos ha contado esta mañana a los periodistas Marina Gmür, responsable de la Red de Consejos de la Agenda Global del WEF.

Hasta ahí nada sorprendente. Lo que me ha llamado la atención es la forma en que los consultados en el Mundo Árabe se desmarcan del resto. Frente al 48,7% de expertos europeos que señala los problemas del euro como un elemento que de preocupación (y un 20% de los asiáticos y estadounidenses), apenas un 0,9% de los procedentes de países árabes citan ese factor.

“Las tres principales preocupaciones de la zona MENA son la estabilidad económica, la pérdida de la confianza en las instituciones y la transición política”, ha explicado, por su parte, Mohamad al Ississ, un profesor de Economía de la Universidad Americana de El Cairo que ha participado en el análisis de los datos. (MENA son las siglas en inglés de Middle East and North Africa, una denominación que permite incluir a países no árabes de la zona como Israel o Irán.)

La enorme sacudida política que ha vivido esa parte del mundo desde que se desatara la Primavera Árabe a principios de 2011 explica sin duda esas diferencias. Las economías de los países afectados por el cambio aún no se han recuperado del impacto que la agitación social ha tenido sobre el turismo (sobre todo en Egipto y Túnez) y otras fuentes de ingresos. Además la ausencia de una visión clara sobre el futuro inmediato (Libia, Yemen) o la continuación del conflicto (Bahréin, Siria) han minado la confianza en las instituciones mientras la incertidumbre hundía los mercados.

Aún así, resulta motivo de reflexión que una región en teoría tan próxima a Europa (y no sólo en lo geográfico, sino también en la cooperación) sólo haya citado los problemas de la eurozona en un casi marginal 19º lugar. ¿Una muestra de nuestra irrelevancia?

No es el único aspecto en el que el Mundo Árabe se desmarca del resto. Un vistazo a los datos hechos públicos en la web del WEF, muestra otras divergencias interesantes. Los consultados árabes opinan que se sobreestima el auge del extremismo, el aumento de la conectividad o el ascenso de las democracias no liberales.

Sin duda hace falta más análisis, pero sería conveniente estudiar esas diferencias para averiguar hasta qué punto se trata de algo coyuntural, o marca una tendencia a que se agrande la distancia entre las dos orillas del Mediterráneo. Por mucho que Europa esté enfrascada en sus (graves) problemas internos, la historia tanto como la geografía exige que no se olvide de sus vecinos del Sur.

¿Quién tiene ideas contra la crisis?

Por: | 13 de noviembre de 2012

 

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Brown, Eliasson y Lamy en Dubái. / WEF

El mundo está cambiando tan deprisa que nadie parece tener la capacidad no ya de controlar lo que sucede sino siquiera de entenderlo. Así lo creen al menos los organizadores del World Economic Forum (WEF), una organización internacional que se declara “independiente” y “comprometida con la mejora del estado del mundo”. Por ello, y de cara a preparar su famoso debate anual en Davos, han reunido en Dubái a un millar de personalidades variopintas para que preparen una “agenda global” que ayude a mejorar la gobernabilidad del planeta. A la cita, que se celebra en este emirato por quinto año consecutivo, asisten desde el vicesecretario general de la ONU Jan Eliasson, el director general de la Organización Mundial del Comercio Pascal Lamy o el ex primer ministro británico Gordon Brown hasta una bloguera saudí, pasando por numerosos directivos de multinacionales y académicos.

Es sin duda una iniciativa ambiciosa y desconozco hasta qué punto los intercambios de cada año a finales de enero en la nevada Davos se traducen luego en políticas concretas. No obstante, la oportunidad de escuchar a gente tan diversa me ha hecho acercarme esta mañana hasta el centro de conferencias donde hasta el miércoles van reunirse los 88 consejos sectoriales sobre temas que van desde la crisis financiera y el cambio climático, hasta el desempleo juvenil, el futuro de los medios de comunicación, el empoderamiento de las mujeres, o diferentes problemas geoestratégicos. Los expertos se reúnen a puerta cerrada, pero antes de empezar, se ha marcado la pauta en una sesión plenaria en la que han intervenido Eliasson, Lamy y Brown.

El que fuera primer ministro británico, y en la actualidad enviado especial de la ONU para la Educación, se ha mostrado convencido de que “la ausencia de cooperación internacional es la principal barrera para el éxito de los países individuales” y ha puesto como ejemplo la crisis financiera, el desacuerdo sobre el cambio climático o que no se hayan conseguido los objetivos del milenio. “El proteccionismo es un resultado de la crisis”, ha dicho Brown quien ha apuntado a China y a India como países que tienen que hacer cambios en sus mercados para que se puedan crear trabajos en Europa y el resto del planeta. “No todo el mundo puede exportar”, ha resumido.

Brown ha sugerido que los participantes en los diferentes debates presionen a favor de esa cooperación global (“sin la cual no vamos a poder recuperar las tasas de crecimiento anteriores”), y de una reforma de las instituciones internacionales. A este respecto opina que el FMI debiera convertirse en una especie de Banco Central para la vigilancia y el G-20 abrirse a nuevos miembros.

Lamy ha considerado sin embargo que hay una parte de las instituciones globales que funcionan bien, “las que se ocupan de proveer de bienes como comida, medicinas o carreteras”. No obstante, en su opinión fallan las encargadas de “proveer normas”, algo que atribuye a la falta de “energía política” en los gobiernos, cuya incapacidad para solucionar los problemas locales les está haciendo perder legitimidad interna. Para resolverlo, ha propuesto que se busque esa energía fuera de los gobiernos, en el mundo empresarial, la sociedad civil o los sindicatos.

“Sin cooperación internacional nos adentramos en una era de oscuridad”, ha advertido por su parte Eliasson preocupado por el desempleo juvenil (uno de los asuntos más candentes en los pasillos y en los foros de internet vinculados al WEF), la polarización de las sociedades, la amenaza del cambio climático o la falta de oportunidades para las mujeres. Como sus compañeros de panel, el representante de la ONU ha subrayado que “nadie puede afrontar los problemas solo”.

Habrá que esperar al miércoles para saber qué propuestas salen de los consejos. Entre tanto, si tienen
alguna opinión pueden ofrecérsela a los organizadores en gac@wef.ch o vía twitter en #globalagenda

¿Quién tiene ideas contra la crisis?

Por: | 12 de noviembre de 2012

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Brown, Eliasson y Lamy en Dubái. / WEF

El mundo está cambiando tan deprisa que nadie parece tener la capacidad no ya de controlar lo que sucede sino siquiera de entenderlo. Así lo creen al menos los organizadores del World Economic Forum (WEF), una organización internacional que se declara “independiente” y “comprometida con la mejora del estado del mundo”. Por ello, y de cara a preparar su famoso debate anual en Davos, han reunido en Dubái a un millar de personalidades variopintas para que preparen una “agenda global” que ayude a mejorar la gobernabilidad del planeta. A la cita, que se celebra en este emirato por quinto año consecutivo, asisten desde el vicesecretario general de la ONU Jan Eliasson, el director general de la Organización Mundial del Comercio Pascal Lamy o el ex primer ministro británico Gordon Brown hasta una bloguera saudí, pasando por numerosos directivos de multinacionales y académicos.

Es sin duda una iniciativa ambiciosa y desconozco hasta qué punto los intercambios de cada año a finales de enero en la nevada Davos se traducen luego en políticas concretas. No obstante, la oportunidad de escuchar a gente tan diversa me ha hecho acercarme esta mañana hasta el centro de conferencias donde hasta el miércoles van reunirse los 88 consejos sectoriales sobre temas que van desde la crisis financiera y el cambio climático, hasta el desempleo juvenil, el futuro de los medios de comunicación, el empoderamiento de las mujeres, o diferentes problemas geoestratégicos. Los expertos se reúnen a puerta cerrada, pero antes de empezar, se ha marcado la pauta en una sesión plenaria en la que han intervenido Eliasson, Lamy y Brown.

El que fuera primer ministro británico, y en la actualidad enviado especial de la ONU para la Educación, se ha mostrado convencido de que “la ausencia de cooperación internacional es la principal barrera para el éxito de los países individuales” y ha puesto como ejemplo la crisis financiera, el desacuerdo sobre el cambio climático o que no se hayan conseguido los objetivos del milenio. “El proteccionismo es un resultado de la crisis”, ha dicho Brown quien ha apuntado a China y a India como países que tienen que hacer cambios en sus mercados para que se puedan crear trabajos en Europa y el resto del planeta. “No todo el mundo puede exportar”, ha resumido.

Brown ha sugerido que los participantes en los diferentes debates presionen a favor de esa cooperación global (“sin la cual no vamos a poder recuperar las tasas de crecimiento anteriores”), y de una reforma de las instituciones internacionales. A este respecto opina que el FMI debiera convertirse en una especie de Banco Central para la vigilancia y el G-20 abrirse a nuevos miembros.

Lamy ha considerado sin embargo que hay una parte de las instituciones globales que funcionan bien, “las que se ocupan de proveer de bienes como comida, medicinas o carreteras”. No obstante, en su opinión fallan las encargadas de “proveer normas”, algo que atribuye a la falta de “energía política” en los gobiernos, cuya incapacidad para solucionar los problemas locales les está haciendo perder legitimidad interna. Para resolverlo, ha propuesto que se busque esa energía fuera de los gobiernos, en el mundo empresarial, la sociedad civil o los sindicatos.

“Sin cooperación internacional nos adentramos en una era de oscuridad”, ha advertido por su parte Eliasson preocupado por el desempleo juvenil (uno de los asuntos más candentes en los pasillos y en los foros de internet vinculados al WEF), la polarización de las sociedades, la amenaza del cambio climático o la falta de oportunidades para las mujeres. Como sus compañeros de panel, el representante de la ONU ha subrayado que “nadie puede afrontar los problemas solo”.

Habrá que esperar al miércoles para saber qué propuestas salen de los consejos. Entre tanto, si tienen alguna opinión pueden ofrecérsela a los organizadores en gac@wef.ch o vía twitter en #globalagenda

Enemigos del alma

Por: | 04 de noviembre de 2012

File photo shows an Iranian woman holding a cartoon of US President Barack Obama during a rally outside the former US Embassy in Tehran. November 2, 2012.

Una mujer iraní sostiene una caricatura del presidente Obama durante un mitin frente a la antigua Embajada de EEUU en Teherán. / PressTV

Hoy domingo se cumple el trigésimo tercer aniversario de la toma de la Embajada de Estados Unidos en Irán. Aquel asalto, que se prolongó durante 444 días y mantuvo rehenes a 52 diplomáticos norteamericanos, ha marcado desde entonces las relaciones entre Washington y Teherán; o más bien la ausencia de las mismas, un claro obstáculo para la estabilidad en la región. En medio de los rumores sobre la existencia de contactos secretos para poner fin a esa excepcionalidad, la conmemoración iraní del evento el pasado viernes ha dejado claro que aún hay una enorme resistencia a la normalización en el seno de la República Islámica.

Como si de un guión previo se tratara, los fieles del régimen se dieron cita ante el edificio de la antigua embajada armados con las habituales pancartas de “Muerte a EEUU” y “Muerte a Israel”, además de banderas de ambos países para el ritual de su quema. A la puesta en escena que se repite desde hace tres décadas, se había añadido en esta ocasión la reproducción en cartón piedra de varios misiles de fabricación nacional en los que se leía “Made in Iran”, un claro mensaje de desafío a las sanciones internacionales.

“Conmemoramos la conquista del castillo de Satán”, recordó exaltado el general Mohammad Reza Naghdi, jefe la milicia de los basiyis, una especie de somatén dependiente de la Guardia Revolucionaria (Pasdarán).  “Que quede claro, condenamos todo tipo de conversaciones  secretas”, gritó enfático antes de fijar condiciones inalcanzables para un restablecimiento de las relaciones con EEUU como el desmantelamiento de la CIA, la retirada de todas sus bases militares en el extranjero o la ruptura de relaciones con Israel.

La enemistad con Washington se ha convertido a lo largo de estos años en uno de los pilares del régimen islámico. Fuera de Irán resulta difícil entender ese encono. Pero los iraníes no han perdonado a EEUU que apoyara el golpe de Estado de 1953, respaldara al shah frente a la revolución de 1979 y se alineara con Saddam Husein durante la guerra de 1980 a 1988. Los analistas suelen atribuir esta actitud a que los iraníes “tienen muy presente su historia”. ¿Cómo podría ser de otra forma cuando desde el poder se les bombardea constantemente con esos sucesos como si fueran la única razón de sus males actuales?

La celebración anual del Día de la Lucha contra la Arrogancia Global, como han bautizado al aniversario de la toma de la Embajada estadounidense, es uno de los ejemplos más destacados. Menos clara está su representatividad. Hace ya tiempo que incluso los jóvenes estudiantes que llevaron a cabo aquella acción han pasado página. Uno de los más conocidos, Abbas Abdi, llegó a reunirse con uno de sus antiguos rehenes, Barry Rosen. En 2002, fue encarcelado tras publicar una encuesta según la cual el 74,4% de los iraníes se declaraba favorable a reanudar las relaciones con EEUU. Desde entonces, los reformistas como Abdi han sido expulsados de la escena política.

En cualquier caso, quien tiene la última palabra en ese asunto es el líder supremo, Ali Jameneí, como ha dejado claro el ex negociador nuclear iraní Hossein Mousavian en su libro The Iranian Nuclear Crisis. Jameneí vetó los intentos de acercamiento tanto por parte de Rafsanyaní como de Jatamí. Sin embargo, dio luz verde a Ahmadineyad “porque confiaba en que sus políticas se alinearían con las suyas propias”.  De ahí las cartas que el controvertido presidente iraní envió a Bush en 2006 y a Obama en 2008 y 2010. Pero de poco sirven los gestos cuando se mantiene una retórica de desafío que cuestiona el Holocausto, el derecho a existir de Israel e incluso los ataques del 11-S.

La distancia entre Irán y EEUU es hoy mayor que nunca. Hollywood acaba de recuperar el origen de su desencuentro en Argo, una película sobre el poco conocido rescate de seis de los funcionarios de la Embajada norteamericana en Teherán que lograron escapar del recinto y refugiarse en la residencia del embajador de Canadá. No he podido ver el filme porque aún no se ha estrenado en Dubái, pero sé que al régimen no le ha gustado. Algunos de sus comentaristas se han quejado de que se presenta a los iraníes como “poco sofisticados”.

No sé qué hay de sofisticado en asaltar una embajada en violación no ya de las normas internacionales, sino de un mínimo sentido de responsabilidad del Estado. Lamentablemente para los iraníes, esa es la imagen de su país que prevalece en el mundo desde hace tres décadas. Mientras sus gobernantes sigan alentándola (y el ataque a la Embajada británica ahora hace un año no es un buen signo), va a ser muy difícil que el resto del mundo simpatice con ellos.

El País

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