Ángeles Espinosa

Locas por el fútbol, y algo más

Por: | 21 de enero de 2013

El triunfo del equipo nacional de Emiratos en la Copa del Golfo ha desatado el pasado fin de semana (que aquí corresponde al viernes y el sábado) una celebración popular. La noche del viernes, tras computarse el 2 a 1 frente a Irak, numerosos seguidores se echaron a la calle en sus coches tocando el claxon o agitando banderas nacionales. Nada sorprendente en un país que, como otros de la zona, siente pasión por el fútbol. Lo que me ha llamado la atención ha sido el debate paralelo que ha suscitado la presencia de mujeres (emiratíes) en el estadio de Bahréin donde se jugó la final.

Desde que se supo que las autoridades habían reservado plazas para 25 mujeres (y sus respectivos chaperones) en los seis vuelos que el jeque Khalifa, presidente de Emiratos Árabes Unidos (EAU), ofreció a los fans de los blancos para acudir a las semifinales, las redes sociales estallaron con las críticas (y contracríticas) a la presencia femenina en las gradas.

“Resulta triste ver que la AFEAU [Asociación de Fútbol de EAU] anima a las mujeres a quitarse el velo y olvidarse de su decencia con el pretexto de apoyar [al equipo nacional]”, lamentaba un tuitero. No era una opinión aislada. Numerosos internautas expresaron su malestar con la decisión, a pesar de que las interesadas viajaban acompañadas del preceptivo mehran (padre, marido o hermano que tiene su custodia legal). “Es culpa de los padres y guardianes que dejan a sus hijas, hermanas o esposas asistir a esos eventos”, señalaba @Bnshaheen1.

Lo grave no era tanto la presencia de las mujeres en el estadio, algo que ya se vio en 2007 cuando EAU ganó su primera Copa del Golfo, sino que lo hicieran fuera de casa. “¿Quién sabe qué puede pasarles si viajan solas a otro país?”, preguntaba uno de los tuits. El temor de esos ultraconservadores es, según @bomoath75, que las mujeres puedan “perder el espíritu de modestia y castidad”, un valor al parecer exclusivo de aquellas que viven recluidas en el entorno familiar-nacional. Pero lo más sorprendente es que las pegas no provenían sólo de los hombres.

“Si quieren apoyar [al equipo nacional], que lo hagan desde casa”, respaldaba la tuitera @wafa_als. Otra mujer, @jumaira, aseguraba que la asistencia al partido era una idea “extranjera y ajena a nuestros usos que distorsionará la imagen de nuestro país”.

¿Qué concepto tienen del extranjero? ¿Y de sus propias compatriotas? ¿Acaso creen que fuera de sus fronteras sólo existe Sodoma y Gomorra, o que las emiratíes son unos seres tan débiles (o tan condicionados por las imposiciones sociales) que nada más cruzar la puerta de su casa van a comportarse en contra de la educación que han recibido? Nada sustenta semejantes recelos. Al contrario, sus resultados en la universidad e incluso en el trabajo superan con frecuencia a sus colegas masculinos. Cada vez hay más mujeres preparadas y en puestos de responsabilidad.

El alboroto no desanimó a las fans que finalmente viajaron tanto a las semifinales como a la final. “Si tuviera tiempo, cogería a mis hijos e iría; y si no os gusta, no es mi problema”, espetó @nailaalnuaimi. Otros, menos desafiantes, no veían obstáculo en que lo hicieran siempre que estuvieran “acompañadas por su padre o su hermano, y se sentaran en una zona especial reservada a familias”. Es decir, que sigan siendo tratadas como eternas menores de edad.

El recelo a la independencia de la mujer sigue estando muy arraigado en las sociedades patriarcales de esta parte del mundo. No obstante, los dirigentes emiratíes, a diferencia de en la vecina Arabia Saudí, llevan varios años promoviendo la progresiva participación femenina en todos los ámbitos sociales, incluido el deporte, no sólo como actividad privada sino también de competición. Rompieron el tabú enviando a la hija de un jeque a los Juegos Olímpicos de Pekín. Y aunque tranquilizan a las familias facilitando que las chicas viajen acompañadas por un familiar, no exigen como los iraníes que compitan completamente cubiertas, una decisión que dejan a cada deportista.

Hay 1 Comentarios

Es algo increíble que en los tiempos en que vivimos siga habiendo sociedades ancladas en la edad media. El mundo está muy mal en muchos aspectos, pero ¿cómo podemos evitar que ciertas culturas tengan maniatadas a las mujeres como si fueran seres inferiores?

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Sobre la autora

lleva dos décadas informando sobre Oriente Próximo. Al principio desde Beirut y El Cairo, más tarde desde Bagdad y ahora, tras seis años en la orilla persa del Golfo, desde Dubái, el emirato que ha osado desafiar todos los clichés habituales del mundo árabe diversificando su economía y abriendo sus puertas a ciudadanos de todo el mundo con sueños de mejorar (aunque también hay casos de pesadilla). Ha escrito El Reino del Desierto (Aguilar, 2006) sobre Arabia Saudí, y Días de Guerra (Siglo XXI, 2003) sobre la invasión estadounidense de Irak.

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