Ángeles Espinosa

Arabia Saudí se vacuna contra la 'primavera'

Por: | 22 de abril de 2013

08 Riad
Más policías que manifestantes en el Día de la Rabia./ Á.E.

A finales del mes de marzo, en un solo día, los saudíes recibieron dos noticias preocupantes para la seguridad de su país. Según la primera de ellas, Al Qaeda intentó asesinar  al rey Abdalá cuando era príncipe heredero y a otros destacados miembros de la familia real. Pocas horas  después, el Ministerio del Interior anunció la detención de una red de 18 espías que trabajaba para “una potencia extranjera”, una poco velada referencia a Irán. Tanto ajetreo mediático resulta un síntoma de inquietud en Arabia Saudí, que se precia de su estabilidad social y política. ¿Afronta la monarquía una amenaza real o está sobreactuando? Aunque el reino ha esquivado las revueltas de la primavera árabe, empieza a haber signos de que no se ha librado de su sacudida, pero las autoridades se resisten al cambio.


“Ambos asuntos envían el mismo mensaje [de la monarquía] tanto a la población saudí como a los aliados estadounidenses: aún nos necesitan somos la garantía de su seguridad”, interpreta Walid Abualkhair, que dirige el Monitor de Derechos Humanos de Arabia Saudí (como todas las organizaciones de este tipo, fuera de la legalidad).


Este activista, al igual que otros consultados por EL PAÍS, considera que los gobernantes están actuando de forma preventiva. “Temen que si abren la mano, van a perder el control”, señala tras mencionar la reciente condena a diez años de cárcel de Mohammad al Qahtani y Abdullah al Hamid, los fundadores de la Asociación por los Derechos Civiles y Políticos.


Cuando a principios de 2011, las protestas empezaron a extenderse desde Túnez y Egipto, hasta Siria, Bahréin y Yemen, muchos ojos se fijaron en Arabia Saudí. Una situación de caos en el mayor exportador de petróleo del mundo tendría efectos devastadores más allá del vecindario. El rey Abdalá, que regresaba al país después de tres meses de tratamiento médico, anunció medidas económicas y sociales por el equivalente de 100.000 millones de euros, incluidos incrementos de sueldo para los funcionarios, miles de viviendas de protección oficial y meras dádivas para los más pobres.


Esa magnanimidad no evitó pequeños estallidos de malestar aislados como las protestas por las inundaciones en Yeddah (que por segunda vez en 14 meses dejaron a cientos de personas sin casa, debido a que la corrupción se ha tragado los fondos para un alcantarillado decente), o las de algunas mujeres reclamando ante al Ministerio del Interior la libertad de sus familiares presos. Así que junto a la zanahoria económica, el rey también reforzó el peso de la jerarquía religiosa e introdujo una norma que prohíbe la crítica de las autoridades.


Sólo las manifestaciones de los chiíes en la Provincia Oriental adquirieron cierra relevancia, sobre todo por la contundente respuesta que recibieron. Según los activistas, 15 jóvenes han muerto en los enfrentamientos con las fuerzas de seguridad desde entonces (también dos policías). Dado su abrazo a una de las lecturas más radicales del islam suní, la wahabí, las relaciones de la monarquía saudí con los chiíes siempre han estado marcadas por la tensión. Pero la primavera árabe (y su eco en el vecino Bahréin) ha aumentado el recelo.


Aunque la información oficial no lo mencionara, los detenidos en la operación anunciada el martes de la semana pasada (16 saudíes, un libanés y un iraní) son todos chiíes. Varias decenas de destacados miembros de esa comunidad, que supone en torno al 10% de los 19,4 millones de saudíes, emitieron al día siguiente un comunicado en el que rechazan las alegaciones.


“Su objetivo es explotar la creciente tensión sectaria en la zona, con el fin de desviar la atención de las cada vez más numerosas demandas de reforma política y para que se ponga fin a las detenciones sin juicio que sufren miles de ciudadanos”, asegura el texto cuya firma encabeza el jeque Hasan al Saffar, uno de los más respetados líderes religiosos chiíes del país. “Pedimos que cese la política de jugar la carta de la división sectaria”, añade.


Los activistas se muestran convencidos de que el Gobierno está utilizando el caso para asustar a la mayoría suní, en un contexto de preocupación por las ambiciones nucleares de Irán, el avance del chiísmo en Irak y las revueltas en Bahréin.


“Es cierto que ven a los chiíes como una quita columna, pero lo que más preocupa a la familia real es la oposición dentro la mayoría suní”, apunta no obstante el disidente Ali al Ahmed desde Washington, donde dirige el Institute for Gulf Affairs.


En los últimos meses, dos incidentes han azuzado ese malestar en dos regiones alejadas entre sí. En Qasim, en el corazón wahabí de Arabia, numerosos familiares de presos islamistas fueron detenidos cuando pedían su liberación por haber cumplido sentencia o estar encarcelados sin juicio; su posterior puesta en libertad no ha solucionado el problema de partida. En Asir, en el empobrecido sur del país, la ejecución de siete jóvenes tras un juicio que ha vuelto a sacar a la luz pública la crueldad y falta de garantías del sistema judicial saudí.


De ahí que las autoridades encuentren útil volver a agitar la amenaza de Al Qaeda, sacando a la luz la confesión de un preso sobre un antiguo plan para asesinar al monarca. El país de origen de 15 de los 19 autores de los atentados del 11-S, sufrió también el terrorismo islamista dos años después. Sin embargo, y a pesar de las declaraciones oficiales, sólo ha llevado a cabo cambios cosméticos. En vez de buscar el apoyo popular, la monarquía sigue prefiriendo la legitimación de los ulemas, a quienes a cambio cede el control de la moral social y que justifican desde el cierre de los cines hasta la discriminación de la mujer.


A pesar de los esfuerzos del estamento religioso, Arabia Saudí ya no es el país aislado que fue hasta finales del siglo pasado. La televisión por satélite, los viajes al extranjero y, sobre todo, el acceso a Internet han abierto una brecha cada vez más visible entre unos gobernantes octogenarios y unos gobernados cuya edad media ronda los 20 años. Aunque como explica Abualkhair “la gente aún tiene miedo y no quiere pagar el precio”, tampoco se calla. Las nuevas generaciones (dos tercios de la población tiene menos de 30) han encontrado en las redes sociales el foro en el que airear sus frustraciones. Pero los únicos que parecen tomar nota son los ciberpolicías.

Hay 6 Comentarios

" ... el rey también reforzó el peso de la jerarquía religiosa e introdujo una norma que prohíbe la crítica de las autoridades"

Jajaja, espero que Don Jorge Fernández Díaz no lea este blog porque es muy posible que copiase la idea y la impusiera en España :)

Una de las cosas que admiro en este blog es la impresionante capacidad que tiene para combatir la pereza del lector y acercarnos a realidades ajenas, dificilmente comprensibles para los ciudadanos europeos acostumbrados al relajamiento en la imposición de fuerzas únicas y al religioso.
No son los artículos que más admiro. Los que me han llegado a través del papel son los que me han impactado.
Pero cuando leo "“Pedimos que cese la política de jugar la carta de la división sectaria”, pienso que no estamos tan lejos en cuestión de estrategias y contenidos políticos.
Y caigo en la cuenta entonces de que quien escribe es mujer.
Usted me conmueve

No he visto en todo el texto la palabra "Dictadura" porque recordemoslo, Arabia Saudi es una Dictadura y la gente quiere Democracia pero parece que como España va camino de convertirse en otra dictadura, estamos empezando a simpatizar con otras dictaduras de manera sutil y no quiero señalar a nadie.

Ultimamente, no se sabe si se trata de dar noticias o hacerle publicidad gratuita a los buenos chicos y chicas de silicon valley.

Pensé q la noticia describía a la monarquía de cuba!!!cuanta similitud!!
Vean q los blog no oficiales desde cuba están : error del servidor"!!!!????
.....La injusticia en cualquier parte del mundo daña la justicia "MLK .

El acceso a las redes sociales es esperanzador para estos paises ya que les permite ver otras realidades no tan cerradas, aún asi cualquier avance real es realmente lento.

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Sobre la autora

lleva dos décadas informando sobre Oriente Próximo. Al principio desde Beirut y El Cairo, más tarde desde Bagdad y ahora, tras seis años en la orilla persa del Golfo, desde Dubái, el emirato que ha osado desafiar todos los clichés habituales del mundo árabe diversificando su economía y abriendo sus puertas a ciudadanos de todo el mundo con sueños de mejorar (aunque también hay casos de pesadilla). Ha escrito El Reino del Desierto (Aguilar, 2006) sobre Arabia Saudí, y Días de Guerra (Siglo XXI, 2003) sobre la invasión estadounidense de Irak.

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