Ángeles Espinosa

Sobre la autora

lleva dos décadas informando sobre Oriente Próximo. Al principio desde Beirut y El Cairo, más tarde desde Bagdad y ahora, tras seis años en la orilla persa del Golfo, desde Dubái, el emirato que ha osado desafiar todos los clichés habituales del mundo árabe diversificando su economía y abriendo sus puertas a ciudadanos de todo el mundo con sueños de mejorar (aunque también hay casos de pesadilla). Ha escrito El Reino del Desierto (Aguilar, 2006) sobre Arabia Saudí, y Días de Guerra (Siglo XXI, 2003) sobre la invasión estadounidense de Irak.

Eskup

El primer pene de Qatar

Por: | 26 de octubre de 2013

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Espacio Al Riwaq de Doha./ www.damienhirst.com

Al Riwaq (El Pasillo, en árabe), el último espacio artístico abierto en Qatar, alberga hasta el 2 de enero la mayor retrospectiva de Damien Hirst. El edificio se ha decorado con lunares de colores para la ocasión. No en vano los cuadros de puntos (Spot Paintings) están entre las obras más conocidas del artista. A pocos pasos del célebre Museo de Arte Islámico, la nueva galería consagrada a las exposiciones temporales es otro paso más en el esfuerzo de la familia gobernante por convertir este rico emirato del golfo Pérsico en protagonista del mundo del arte.

Junto a una serie completa de Spot Paintings, dos calaveras de diamantes y los ya famosos tiburones (y otros animales) en formaldehído, se exhibe una inquietante colección de armarios de medicamentos e incluso la reproducción de una botica. Uno de esos armarios de reluciente acero inoxidable y cristal, de tres metros de ancho y con 6.136 pastillas de diferentes colores fue adquirido en 2007 por el entonces emir. El jeque Hamad al Thani, que el pasado junio abdicó en su hijo Tamim, pagó la friolera de 10 millones de euros, un precio récord para un artista vivo.

Por entonces se inició la estrecha relación de Hirst con la dinastía catarí, que según algunos expertos también habría adquirido The Kingdom (El Reino), un tiburón tigre en un tanque negro, por una cifra similar. La retrospectiva que ahora se presenta en Doha, la capital catarí, tras mostrarse el año pasado en la Tate Modern, es un proyecto del Organismo de Museos de Qatar, que dirige la jequesa Mayasa, hermana del actual emir. A sus 30 años, la princesa acaba de ser designada como “la personalidad más influyente en el mundo del arte” por la revista ArtReview.

Además del innegable atrevimiento de introducir el arte contemporáneo en una región muy alejada ese marco estético, la exposición reabre el debate sobre el objetivo último de la inversión millonaria de los Al Thani en ese terreno. Mientras algunos lo interpretan como una forma de ganarse a Occidente, otros aprecian un esfuerzo para liberalizar la cultura local.

La osadía artística (otros dirán extravagancia) de Hirst contrasta sin duda con el conservadurismo social de Qatar. Sin embargo, también acaba de inaugurarse una instalación de 14 esculturas gigantes que Mayasa le encargó en 2009 y por las que se especula que el emirato ha pagado 14 millones de euros. Con el título de Viaje milagroso, las obras representan diferentes etapas desde la concepción hasta el nacimiento e incluyen un espermatozoide fertilizando un óvulo, un feto, un embarazo de gemelos, un parto de nalgas y un recién nacido.

“Tener algo así es menos osado que mostrar desnudos. Hay un verso en el Corán sobre el milagro del nacimiento. No va contra nuestra cultura o nuestra religión”, ha declarado Mayasa a The New York Times.

Tal vez tenga razón, pero en un país en el que la mayoría de las mujeres se cubren de negro de la cabeza a los pies y la representación de la figura humana (no digamos ya el desnudo) sigue siendo un tabú, las esculturas son cuando menos atrevidas. Hace unos meses, tres estatuas para una exposición sobre la Grecia Clásica fueron devueltas a Atenas a causa de su desnudez.

Como ha señalado algún observador, el pene del recién nacido tal vez sea el primero que se muestra en público no sólo en Qatar sino en toda la región. Por el momento, las enormes piezas, situadas frente al hospital materno-infantil Sidra que ha construido la empresa española OHL y abrirá en 2015, han vuelto a cubrirse debido a las obras de acceso al centro.

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El recién nacido que culmina la serie Viaje milagroso./ Dohanews.com

De regreso a Al Riwaq, la hoja de parra que tapa el miembro del peculiar San Bartolomé de Hirst no ha sido fruto del pudor catarí sino un detalle del artista hacia la sensibilidad de los coleccionistas chinos cuando expuso la pieza en Hong Kong en 2011. “Hubiera podido quitarla en Doha porque [la gente] parece más abierta”, aseguró el día de la inauguración. El comisario de la muestra, Francesco Bonami, admitió sin embargo que un par de trabajos más explícitos han sido omitidos.

“No se trata de escandalizar”, declaró al digital Doha News. “No sólo venimos a una cultura islámica, sino a un lugar en el que el público en general no está familiarizado con el arte contemporáneo”.

Resulta improbable que Relics, como se ha titulado la retrospectiva, alcance los 463.000 visitantes de Londres, donde fue la exposición más popular de la historia de la Tate. Qatar apenas tiene dos millones de habitantes, de los que sólo 250.000 son nacionales. Sin embargo, su lanzamiento ha vuelto a atraer la atención sobre el pequeño emirato, a la vez que anima a los cataríes a reflexionar sobre la representación pública del cuerpo y la libertad de expresión.

¿Devolvió Obama una antigüedad falsa a Rohaní?

Por: | 23 de octubre de 2013

De regreso a Irán tras participar en la Asamblea General de la ONU, el presidente Hasan Rohaní se llevó algo más que las expectativas de un acercamiento a Estados Unidos y la normalización de las relaciones de su país con el mundo. En un gesto de buena voluntad, los funcionarios norteamericanos entregaron a su comitiva un antiguo cáliz de plata persa intervenido a un marchante en 2003. Pero en lo que parece un reflejo de las dificultades y recelos que plagan las relaciones entre esos dos países, los expertos dudan de su autenticidad.

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Vaso ceremonial en forma de grifo, presuntamente del sigo VII A.C.

Un sonriente el jefe de la Organización del Patrimonio Cultural de Irán, Mohammad Ali Najafi, mostró la pieza a la llegada de la delegación presidencial a Teherán el pasado 28 de septiembre. “Esperamos que esta entrega maque el principio de la devolución de otros artefactos”, declaró citado por la agencia IRNA.

“Los americanos se pusieron en contacto con nosotros y nos dijeron que tenían un regalo que darnos”, explicó por su parte Rohaní. “Nos lo dieron como un regalo especial para el pueblo iraní”.

Se trata de un vaso ceremonial con forma de grifo, considerado el primero en el que se utilizó esa figura mitológica en la antigüedad. La copa, datada en el siglo VII antes de Cristo, estaba en manos de un marchante de arte iraní que intentaba entrarla en Estados Unidos cuando fue detectada por la policía de aduanas. Se cree que fue robada de una cueva en el noroeste de Irán y algunas fuentes la han valorado en un millón de dólares.

Todos los medios de comunicación iraníes se hicieron eco del regreso del cáliz mientras la prensa mundial dilucidaba sobre el alcance de la conversación telefónica entre Rohaní y Obama. El gesto era perfecto para seducir a un país extremadamente orgulloso de su historia. Pero el entusiasmo ha durado poco.

Un antecesor de Najafi al frente del Patrimonio Nacional, Hamid Baqaie, ha expresado sus recelos sobre la autenticidad de la copa. “La forma en que se ha realizado y el estilo muestran que se trata de una imitación. El artefacto no tiene ninguna raíz en el antiguo Irán”, ha asegurado. El especialista también ha dado a entender que las autoridades de EEUU debían de saber que era falsa.

El iraní no es el único en dudar. El arqueólogo Oscar White Muscarella, un antiguo responsable del Museo de Arte Metropolitano de Nueva York, también ha manifestado que no cree que la pieza sea original. Ya en un artículo publicado el año pasado este especialista, que excavó en Irán en los años sesenta del siglo pasado, aseguró que bastaba con echar un vistazo a una foto para darse cuenta de que se trataba de una imitación.

“Es un artefacto iraní moderno”, escribió en el periódico que publica la organización sin ánimo de lucho SAFE (Saving Antiquities For Everyone). “Por razones estilísticas y técnicas –la cabeza del grifo carece de expresión, sus ojos están fijos, el diseño de cabeza, alas y patas son raros y carecen de significado y los remaches de las patas son modernos: todos los atributos se alejan de cualquier concepción antigua—lo considero una falsificación”, concluía. En su opinión, el cáliz no tiene más de 14 años.

De momento, el Gobierno iraní no ha hecho ningún comentario al respecto. Pero de confirmarse el gafe, es de esperar que no se traslade al deshielo político que se ha iniciado entre Irán y EEUU.

Ni sexo ni tacos

Por: | 16 de octubre de 2013

En esta parte del mundo, una se acostumbra a ver comedias románticas cuyos protagonistas nunca llegan a besarse y películas que duran menos porque las tijeras del censor han recortado los momentos tórridos. En el cine, se entiende. En una ocasión descubrí que no había entendido el argumento porque faltaba toda la escena inicial que transcurría… en la cama. Aunque en general los cortes no suelen ser tan graves, es una práctica cuyo sentido se me escapa cuando la tecnología permite el acceso sin censura incluso a la pornografía.

Según tengo entendido, el Consejo Nacional de Medios, que autoriza y clasifica las películas, veta las secuencias que considera inapropiadas. Algunos directores se niegan a aceptar el tajo, como sucedió con Los hombres que no amaban a las mujeres, que no participó en el Festival Internacional de Cine de Dubái hace un par de años. Otras veces, cuando unos cuantos cortes no son suficientes, el Consejo prohíbe directamente el filme en cuestión. Así Cisne Negro y Amor y otras drogas no pudieron exhibirse en Emiratos Árabes Unidos por “excesivo contenido sexual”.

Pero no son sólo las imágenes de sexo. En un país en el que la ley castiga los juramentos y el lenguaje soez, también los tacos son objeto de censura en el cine. Hace unos días fui a ver Empire State y además de que la historia me defraudó, me resultó insufrible que faltara una palabra de cada dos. Al suprimir los fucks (joder) con los que los protagonistas salpican sus diálogos, daba la impresión de que hablaran a saltos.

Claro que más molesto debe de ser que te saquen de la sala porque al censor se le han escapado unas cuantas palabrotas. Es lo que ocurrió el pasado sábado durante la sesión de las 16.30 de Plan de escape, la película que coprotagonizan Sylvester Stallone y Arnold Schwarzenegger y que se había estrenado dos días antes.

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Cartel de la película Plan de escape./ totalfilm.com

Aunque se exhibía en versión original, en inglés, alguien se percató de que uno de los personajes profería un juramento en árabe. Los responsables pararon la proyección, devolvieron el precio de la entrada a los espectadores y remitieron la cinta para su edición. Un par de horas más tarde, la copia estaba lista para el siguiente pase.

Este puritanismo, que no es exclusivo de Emiratos, llama aún más la atención cuando nadie se escandaliza por la violencia que inunda las pantallas. Los golpes, la sangre, las peleas, los huesos rotos e incluso el sadismo reconcentrado del malo de turno, hacen las delicias de buena parte del público. Con el agravante de que, en este país, muchos padres acuden al cine con niños pequeños e incluso bebés independientemente de cuál sea la clasificación de la película.

Al principio de llegar a Dubái, sólo la idea de poder ir al cine me parecía fantástica. En la vecina Arabia Saudí ni siquiera hay salas. Y en Irán, donde estaba destinada con anterioridad, lo único que se exhibía eran loas a la revolución y filmes de propaganda político-religiosa. Ahora me entran dudas sobre si lo que veo es fiel al original, o me he perdido la escena clave. Lo peor es que la mayoría de las buenas películas, ni siquiera llegan.

El País

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