Ángeles Espinosa

Barriles bomba sobre Faluya

Por: | 19 de mayo de 2014

Faluya es el infierno.  Desde principios de año, el Ejército iraquí se halla enzarzado, en esa ciudad y toda la provincia de Al Anbar, en una guerra contra una mezcla de tribus suníes que se sienten marginadas del poder y militantes de una rama de Al Qaeda. Atrapados entre dos fuegos, los civiles huyen en desbandada ante cada nueva ofensiva. Por si esa tragedia fuera poco, ahora llegan dos noticias enormemente preocupantes que responsabilizan al Gobierno de Bagdad (dominado por islamistas chiíes) de ataques indiscriminados y de dificultar la salida de la población de la zona de combates.

¿Y a quién le importa? Hace tiempo que ha desaparecido el interés de la opinión pública por Irak. La saturación informativa durante la invasión y la ocupación, el rosario inacabable de atentados que copa las crónicas procedentes del país, y los nuevos focos de atención en Libia, Siria o, más recientemente, Ucrania, han contribuido a enterrar cualquier noticia iraquí. Las acusaciones, sin embargo, son graves.

Vecinos de Faluya denuncian que las fuerzas gubernamentales han utilizado “barriles bomba” en su última operación contra la insurgencia suní la semana pasada, según una información de Reuters. El lanzamiento desde helicópteros de esos contenedores llenos de explosivos, cemento y trozos de metal, se ha convertido en la imagen de la brutal represión del régimen sirio contra las zonas rebeldes. ¿También en Irak?

“Fue algo realmente extraordinario. El polvo y el humo. Parecía como una bomba nuclear”, cuenta Abu Hamid. La explosión, que se produjo a apenas 300 metros de su casa, fue determinante para que decidiera abandonar de inmediato la ciudad con su familia, después de haber aguantado cinco meses de combates.

Fallujah

Casa destruida por un barril bomba en Faluya, según la Asociación de Ulemas de Irak. / heyetnet.org

Por supuesto el Gobierno lo niega y asegura que hace todo lo posible para evitar las víctimas indiscriminadas. Sin embargo, además de los testimonios de varios residentes, la agencia también cita a un policía local que confirma el uso de los ominosos barriles bomba.

“Es una política de tierra quemada, la destrucción de toda una zona. El Ejército tiene menos experiencia en la lucha casa por casa que los rebeldes dominan. Así que han recurrido a esto”, admite el agente desde el anonimato.

Sin acceso a Al Anbar, resulta difícil de dilucidar. El problema es la ausencia de testigos independientes. Durante mi último viaje a Bagdad, el pasado febrero, no sólo cualquier conductor en su sano juicio se negaba a acercarse siquiera a Faluya, sino que las carreteras estaban cortadas. La única forma de tener contacto directo con la población de esa provincia era trasladarse a alguno de los campamentos habilitados para los desplazados. Aún así, el trauma vivido o el temor a ser oídos limita el alcance de lo que están dispuestos a contar.

Pero no es la única alegación contra las fuerzas gubernamentales. Human Rights Watch (HRW) ha recogido testimonios de personas que han visto a los soldados disparando a vecinos que intentaban huir de los enfrentamientos, o trataban de llevar alimentos y medicinas. La organización, que también ha condenado a los insurgentes por sus ataques a civiles, asegura en un informe que “el Gobierno iraquí está exacerbando la crisis humanitaria en la provincia de Al Anbar al dificultar que los residentes abandonen las zonas donde se producen combates e impedir la llegada de ayuda”.

Por su parte, el representante especial de la ONU para Irak, Nickolay Mladenov, denunció a finales de marzo ante el Consejo de Seguridad que “al menos en una ocasión” los bombardeos del Ejército han alcanzado el Hospital General de Faluya. La oficina de ese organismo en Bagdad ha dejado de incluir los muertos en Al Anbar en su informe mensual de víctimas. Los datos facilitados por la Dirección Provincial de Sanidad elevan los civiles muertos entre enero y abril a 471, un tercio de ellos en ese último mes.

Según la ONU, los combates han obligado a abandonar sus hogares a 420.000 de los 750.000 habitantes de Al Anbar, pero muchos de ellos aún están atrapados en zonas de conflicto. De las 73.000 familias registradas como desplazadas, al menos 51.000 permanecen en la provincia. Muchos duermen en escuelas o edificios abandonados y carecen de dinero para comprar comida. Una evaluación del Programa Mundial de Alimentos estimaba el pasado 20 de abril que el 79% de los desplazados no logran comer lo necesario.

Justo cuando más falta hace su ayuda, la mayoría de las agencias de la ONU se han quedado sin dinero y provisiones, según ha declarado Mladenov, porque los donantes no han respondido a su solicitud de 75 millones de euros para asistir a los desplazados de Al Anbar. El olvido informativo de Irak puede ser tan dañino como un barril bomba.

Hay 3 Comentarios

Iran involucrada en Irak y Siria. Regimenes Shiitas en Irak y Siria, Bombas desde aviones en Irak y Siria...
Falta solamente que los barriles en Irak tengan Cloro, como lo tienen en Siria.

Efectivamente. Y desde hace tiempo también toca Venezuela y Cuba. Los enemigos a batir por este periodico.

Muy interesante el artículo. Una matización: No 'ha desaparecido el interés de la opinión pública'. Más bien se trata de lo que apuntas al final con esa cursiva: un 'olvido' informativo. Estamos viendo como los medios de comunicación, y este mismo en particular, se usan como un arma de ataque más. Cuando convenía a ciertos intereses eliminar a Hussein y Gadafi, este periódico nos inundó con noticias que les pintaban como sanguinarios dictadores que mataban a su gente. Una vez conseguidos los objetivos, trata de tapar todo lo que allí ocurre. Menos mal que quedan periodistas como Angeles Espinosa.

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Sobre la autora

lleva dos décadas informando sobre Oriente Próximo. Al principio desde Beirut y El Cairo, más tarde desde Bagdad y ahora, tras seis años en la orilla persa del Golfo, desde Dubái, el emirato que ha osado desafiar todos los clichés habituales del mundo árabe diversificando su economía y abriendo sus puertas a ciudadanos de todo el mundo con sueños de mejorar (aunque también hay casos de pesadilla). Ha escrito El Reino del Desierto (Aguilar, 2006) sobre Arabia Saudí, y Días de Guerra (Siglo XXI, 2003) sobre la invasión estadounidense de Irak.

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