Ángeles Espinosa

Cosas que pueden hacerse con un periódico

Por: | 03 de junio de 2014

Cuando era niña, en mi pueblo, Santo Domingo de la Calzada, los periódicos viejos se utilizaban para secar el suelo recién fregado. Para los periodistas constituía toda una cura de humildad. Por muy relevante que fueran nuestros artículos tal vez terminaran pisoteados en algún pasillo. Hoy ya no es habitual, tal vez porque cada día se leen menos periódicos en papel, pero aún hay limpiacristales que aseguran que sus hojas son lo mejor para abrillantar espejos. Y acabo de descubrir otro uso de los diarios atrasados que hasta ahora desconocía: como protección contra el fuego.

Sí, ¿no me creen? Sigan leyendo y verán que no miento.

Ha sido la semana pasada en Segovia, donde acudí a la entrega del XXX Premio Cirilo Rodríguez para corresponsales y enviados especiales (enhorabuena de nuevo a Marc Marginedas, el laureado de este año). El galardón incluye una pieza de cristal, la Lente de la Tierra, elaborada en la Real Fábrica de Cristales de La Granja. Así que miembros del jurado, finalistas, y acompañantes fuimos invitados a visitar tanto los talleres donde se soplan las piezas como el museo anejo (una excursión que me permito recomendar).  

Allí pudimos ver como los cinco maestros sopladores mezclaban las materias primas (arena de sílice, carbonato de sodio, caliza y plomo) y las funden ¡a 1.550ºC! Es entonces cuando el modesto papel de periódico interviene para ayudar a moldear la masa incandescente que sale del horno. Previamente empapado con agua, protege la mano de la operaria que la manipula. Sólo entonces, se introduce en el molde correspondiente y se sopla la pieza que luego se completa con un torneado, un grabado o una aplicación de pan de oro.

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Una artesana utliza un periódico mojado para moldear la masa incandescente con que se fabrica el cristal.

El día de nuestra visita, era día de copas. Unos cinco minutos lleva hacer cada una de ellas. Después tienen que enfriarse durante 24 horas. Y un 20% se descarta porque sale con burbujas o defectos a pesar del esmero y dedicación que ponen sus autores. Evidentemente, ese proceso artesano no puede competir en precio con la producción industrial en masa. Tampoco su exquisita calidad tiene nada que ver con las piezas sin alma de la fabricación en serie.

Mientras, asistía al proceso, me vino a la mente que los periódicos (de papel) son como esas piezas de cristal confeccionadas de forma artesanal, una especie en extinción. No porque no se los necesite, si no porque ya no tenemos ni paciencia para esperar su llegada al quiosco, ni dinero para su elaboración. ¿Terminarán también los noticieros impresos convertidos en un museo ante el avance de las gacetillas digitales y las aplis de chismorreo viral?

Un compañero me sacó de mi ensimismamiento al interesarse por la resistencia del papel (mojado) al calor extremo del cristal.

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Las hojas de periódico protegen las manos de los operarios que elaboran el cristal.

“Antes utilizábamos el BOE, pero como ya no se imprime, recurrimos al periódico”, bromeó uno de los artesanos. “Es la mejor protección en caso de incendio”.

¿Y qué usarán cuando dejen de imprimirse los periódicos?

Hay 3 Comentarios

¿En serio esto es todo lo que tenía que contar? ¿Qué tiene que ver esto con el tema de su blog? ¿De verdad le pagan por esta columna tan chapucera? Si todos los periodistas del mundo copian su estilo, no me extraña que el papel de periódico sirva para todo menos para leerlo. Lamentable.

Sinceramente, tal y como está el periodismo hoy día yo mejor no digo lo que haría con un periódico para no ofender a nadie, pero podeis imaginarlo http://goo.gl/sYrjIS

Yo conozco otro usos que se le dan a los periódicos. En casa de mi agüela no había entonces agua corriente y siendo yo chico mi abuelo instaló, bajo una chapa de uralita, un retrete en el corral. De un gancho colgaban pinchado trozos cuadrados de periódico. Siempre se han usado también para limpian cristale, Y en el Tour de Francia, los ciclistas se los metes bajo el maillot en las bajadas de los puertos para protegerse. Cortados en pedazitos sirven para relleno en paquetes improvisados.

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Sobre la autora

lleva dos décadas informando sobre Oriente Próximo. Al principio desde Beirut y El Cairo, más tarde desde Bagdad y ahora, tras seis años en la orilla persa del Golfo, desde Dubái, el emirato que ha osado desafiar todos los clichés habituales del mundo árabe diversificando su economía y abriendo sus puertas a ciudadanos de todo el mundo con sueños de mejorar (aunque también hay casos de pesadilla). Ha escrito El Reino del Desierto (Aguilar, 2006) sobre Arabia Saudí, y Días de Guerra (Siglo XXI, 2003) sobre la invasión estadounidense de Irak.

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